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Por qué nos subimos el cuello del polo: ¿autenticidad o un quiero y no puedo?

Generalmente se identifica con cierto estatus social, a pesar de que ponerlo para arriba no cuesta dinero

Johnny Depp, con el cuello de su polo auténticamente medio subido.
Johnny Depp, con el cuello de su polo auténticamente medio subido. Getty

A simple vista, subirse el cuello del polo en verano es como doblarse las mangas de la camisa en pleno invierno: incongruente. Sin embargo, de un tiempo a esta parte esa tendencia ha sumado adeptos, movidos por algún impulso que desde luego nada tiene que ver con la búsqueda del frescor o la comodidad. Por otra parte, la moda del popped collar (literalmente, “cuello saltón”) vivió su cénit hace ya unos años, lo cual nos lleva a preguntarnos si a las puertas del verano de 2017 es un rasgo de distinción o una horterada desfasada.

El origen del cuello alzado en las prendas masculinas hay que situarlo más de medio siglo atrás, según Alicia Padrón, estilista y diseñadora de arte. “Me gustaría creer que fue algo que salió de los tiempos del rockabilly y de la gente de la clase trabajadora que eran greasers. El rockero Gene Vincent fue el que mejor lo llevó, y Elvis Presley, claro”, explica Padrón.

Gene Vincent, pionero del rock y de los cuellos izados.
Gene Vincent, pionero del rock y de los cuellos izados.

En 2015, la revista masculina Complex la eligió como una de las 25 mejores tendencias del presente milenio. El gusto de las estrellas del hip hop por el estilo preppy —Kanye West aparecía de esa guisa en la portada de su disco Freshment adjustment (2004) y el grupo de rap Three 6 Mafia publicó en 2009 un tema titulado Poppin' my collar podría explicar su amplia aceptación en Estados Unidos.

¿Es de pijos?

Todo eso está muy bien, pero parece algo alejado de la realidad que vivimos en nuestro país, donde, en general, estirarse el cuello del polo se considera un código asociado a una clase social. Entramos en el terreno de la sociología y la semiótica de la moda, algo de lo que sabe mucho Silvia Bianchi, semióloga, estilista y directora de arte. Bianchi nos recuerda que se trata de una prenda surgida para la práctica de un deporte llamado polo. “La función del cuello es secarte el sudor cuando estabas entrenando”, dice.

Como se trata de un deporte asociado a determinado estatus social, ponerse un polo, aunque solo sea para dar un paseo, siempre se ha considerado más de pijos que, por ejemplo, lucir una camiseta de AC/DC.

¿Y qué hay del cuello? ¿A qué códigos obedece? “Llevarlo levantado se hace desde los últimos diez años —indica Silvia Bianchi—, pero en Italia siempre se ha llevado así dentro de un grupo social, el de los pijos. Es una prenda clásica y yuppie, y su cuello está pensado para llevarse bajado. Levantarlo le da fuerza, es una declaración de intenciones: estás llevando un polo, pero de una forma más arriesgada”. En otras palabras: si llevar polo se considera de pijos, llevarlo con el cuello para arriba indica que eres un pijo joven y transgresor.

Kanye West, en la portada de su disco, posando como si acabara de terminar un partido de rugby.
Kanye West, en la portada de su disco, posando como si acabara de terminar un partido de rugby.

Aunque en general resulta favorecedor (en especial para los que no pueden presumir de un cuello como el de Fernando Alonso), no todos los polos sientan igual. “Los popped collars de David Gandy no consiguen el mismo efecto estético que los de René Lacoste”, señala Alicia Padrón, quien se declara a favor a pesar de que opina que siempre “funciona mejor en foto que en directo”.

La tendencia este verano

En la actualidad, la tendencia está tan extendida que hasta algunas marcas han diseñado sus polos para que se lleven así, incorporando el logo en la parte interior del cuello (de modo que al hacerlo ya no eres arriesgado). Además, en los outlet de moda firmas como Lacoste, Tommy Hilfiger o Polo Ralph Lauren exponen sus productos a precios aptos para muchos bolsillos. En la popular página de venta por Internet AliExpress es posible conseguir polos a 3,47 euros (verídico). Y subirse el cuello está al alcance de cualquiera que tenga manos. Como dice Bianchi, “hay mucho que no es pijo, pero que lo hace para pertenecer aunque sea a nivel estético a esa clase social”. Porque hasta para ser pijo hay que ser auténtico.

Con la tendencia desvirtuada y masificada, los pijos de verdad están volviendo al polo en su configuración original. “Subirse el cuello está pasado de moda”, decreta Bianchi. “Se puede definir como hortera. En Italia se considera una cosa de alguien mayor que quiere ir de joven. Estamos volviendo a un rollo mucho más clásico, a llevarlo con más compostura y lo demás se ha convertido en un quiero y no puedo”.

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