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Un imán capaz de albergar una estrella

La primera pieza del anillo magnético del reactor de fusión ITER augura un futuro con energía limpia e inagotable: la fusión nuclear

El imán del reactor de fusión nuclear ITER, en La Spezia (Italia). Ampliar foto
El imán del reactor de fusión nuclear ITER, en La Spezia (Italia).

Todavía hay que construir otros 17, pero el primer imán del reactor de fusión nuclear ITER ya es una realidad, como puedes leer en Materia. Mide lo que un edificio de cuatro pisos y pesa lo que un Boeing 747, y cuando esté con sus compañeros, formando un anillo de 18 imanes, será capaz de contener una estrella: un trozo de materia donde reina la fusión entre pares de átomos de hidrógeno (cada uno con un protón), para generar átomos de helio (dos protones) y un montón de energía limpia e inagotable. La previsión de sus gestores es que el ITER esté en marcha en 2025. Si lo consiguen, será la mayor revolución energética desde el descubrimiento del fuego, y mucho menos contaminante que él. Ya era hora de que los Homo sapiens nos pusiéramos al día. El fuego lo inventó el Homo erectus, en una humillación prehistórica.

Fue el Sol quien alimentó la construcción de aquellos cuerpos vegetales y microbios que ahora recuperamos del subsuelo en nuestras plantas petrolíferas. El problema, naturalmente, es que no sabemos aprovechar toda esa energía solar que llega a nuestro planeta

De Freeman Dyson a Michio Kaku, los físicos han calculado que la energía solar es el único futuro posible. Todas las reservas de combustibles fósiles (y de uranio) que quedan en el planeta no suman más que la energía que nos llega del Sol en un año. Incluso los combustibles fósiles son energía solar, solo que en diferido. Fue el Sol quien alimentó la construcción de aquellos cuerpos vegetales y microbios que ahora recuperamos del subsuelo en nuestras plantas petrolíferas. El problema, naturalmente, es que no sabemos aprovechar toda esa energía solar que llega a nuestro planeta. Y, aun cuando aprendamos a usarla, eso no será más que una mínima fracción de lo que emite nuestra estrella. De ahí la esfera de Dyson, que este físico ideó para capturar todo fotón que escape del Sol, mediante un enjambre de satélites que lo rodee y nos trasmita su energía a la Tierra. Nuestro futuro depende de la energía solar.

Pero hay otra forma de usar la energía solar, y es imitarla en la Tierra. La razón por la que el Sol brilla y emite energía es la fusión nuclear: la combinación de dos átomos de hidrógeno para producir uno de helio que mencionamos antes. La energía nuclear actual es de fisión: consiste en romper los átomos de uranio o plutonio, que son enormes a las escalas atómicas, generando unos residuos radiactivos de larguísima duración que suponen una hipoteca para las generaciones futuras. La energía nuclear de fusión, por el contrario, es limpia –ni emite dióxido de carbono ni genera residuos radiactivos de larga duración— y su fuente es virtualmente inagotable, porque será el agua del mar.

Mientras no sepamos aprovechar la energía del Sol, la mejor solución será imitarla en tierra firme. Solo faltan ocho años, y ya tenemos el primer imán.

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