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Doble lenguaje de Forcadell

Quien confunde ideas con delitos no merita la honorable función de representación parlamentaria

La presidenta del Parlament, Carme Forcadell (derecha), y la secretaria de la Mesa, Anna Simó, han comparecido este lunes ante el TSJC.
La presidenta del Parlament, Carme Forcadell (derecha), y la secretaria de la Mesa, Anna Simó, han comparecido este lunes ante el TSJC. EL PAÍS

La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, compareció ayer por segunda vez ante el máximo tribunal catalán, procesada por los presuntos delitos de desobediencia y prevaricación.

Por ambos se investigó antes al expresidente de la Generalitat, Artur Mas, y se le inhabilitó por el primero, con una sanción de dos años. El caso de Forcadell exhibe mayor profundidad, pues persistió en desobedecer el mandato del Tribunal Constitucional (TC) tras reiterados avisos, lo que replantea la prevaricación (dictar resoluciones a sabiendas de que son injustas) de la que se eximió a Mas.

La antigua activista y polémica presidenta del Parlament —rechazada por la oposición dada su conducta sectaria contra los discrepantes— está procesada por facilitar una votación soberanista ilegal. Y no, contra lo que alega, por defender la libertad de expresión de los diputados, que niega a los no soberanistas.

Libertad para opinar, sus señorías la gozan enteramente, como se comprueba a diario. Patente de corso para atentar contra el Estatut y la Constitución, ninguna. Quien confunde ideas con delitos no merita la honorable función de representación parlamentaria.

La presidenta no parece entender que se debe a la ley; nunca la ley a ella. Y resulta cómico, si no vergonzoso, que sus salmodias a la desobediencia contra la democracia española y en favor de romper el orden constitucional se troquen ante los jueces en humildes aseveraciones de que cumplió la ley. Es el mismo doble lenguaje que emplea el Govern licitando por escrito urnas para convocatorias electorales legales, pero que verbalmente se adscriben a un referéndum ilegal.

Decida Forcadell si respeta el imperio de la ley o lo desacata. Lo peor es sostener ambas —y contradictorias— posiciones, según la conveniencia, el foro o los aplausos. Nunca como con ella un Parlamento estuvo en España tan pésimamente representado.

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