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¿Es Felipe de Edimburgo el hombre más elegante del mundo? Los expertos opinan

Para algunos es "la transgresión institucionalizada". Otros aseguran que "ha dedicado su vida fundamentalmente a vestir bien"

Felipe de Edimburgo
1: El Duque de Edimburgo, con 14 años, en la representación escolar de 'Macbeth' en 1935. 2: En 1957, con el uniforme de la Real Fuerza Aérea Británica. 3: El duque durante las carreras de caballos de Ascot en 2011. Cordon/Getty

En su último acto oficial antes de anunciarse su retiro, que será efectivo el próximo mes de agosto, Felipe de Edimburgo (Corfú, Grecia, 95 años) lucía, junto a su impecable traje, una corbata de gruesas rayas oblicuas, amarillas y naranjas. Difícil de encajar para un miembro de otras casas reales más tradicionales -en lo que a moda se refiere, claro está- del mapa europeo. Lo mismo sucede con esa otra salpicada de símbolos orientales como el yin y el yang con la que posa, nada menos, que en una de las fotos oficiales -firmadas por Annie Leibovitz- realizadas por el 90 cumpleaños de la reina, en junio de 2016. Un toque de extravagancia, puramente británica, para uno de los hombres más elegantes del mundo.

El Duque de Edimburgo en el estadio de críquet Lord's Cricket Ground el pasado 3 de mayo de 2017.
El Duque de Edimburgo en el estadio de críquet Lord's Cricket Ground el pasado 3 de mayo de 2017. Getty

“Es la trasgresión institucionalizada, que es una cosa muy inglesa. Cuando se permite una extravagancia es porque conoce el código perfectamente y sabe hasta dónde puede llegar”, explica Carlos Primo, profesor de Historia de la Moda en IED Madrid. Y es que, como afirma Marc Giró, editor de moda de Marie Claire, “Felipe Mountbatten se ha dedicado, fundamentalmente, a vestir bien”.

Sobre eso, quedan pocas dudas. El duque de Edimburgo ya era un icono del estilo y la más pura elegancia antes de casarse con Isabel, cuando él aún era príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca -título al que renunciaría al ejercer de consorte de la reina- y ella solo era la princesa Isabel Alejandra María Windsor.

Su gusto por los deportes y su fama con las mujeres eran casi tan conocidos como su certero gusto y su conocimiento de la sastrería británica. “Representaba muy bien el espíritu de hedonismo de la primera mitad del siglo XX”, asegura Primo. Y, sin embargo, tras su boda en 1953 con Isabel, supo amoldarse a su nuevo papel, a la sombra de su mujer, en un momento de enorme relevancia histórica, tras la Segunda Guerra Mundial.

Perfecta exquisitez británica

“El príncipe de Edimburgo heredó, sin quererlo, el sitio histórico en la moda que había creado el Duque de Windsor”, explica Boris Izaguirre, que señala su capacidad para “llevar el vestuario masculino a un apogeo que, sin descanso, celebraba el estilo británico”. Algo con lo que se muestra de acuerdo el diseñador Alejandro García Palomo, de Palomo Spain, que resalta su exquisitez. “Además, hace bandera de su título con esa actitud atrevida, ligeramente mordaz que le ha caracterizado siempre”, concluye. Ese estilo, tambien tiene presencia en los materiales que elige: "La calidad textil, 100% británica, de todos sus atuendos es la mejor", señala la periodista especializada en moda Silvia Alexandrowitch. Lo dicen hasta sus compatriotas: “Siempre lo hace bien, pero de una manera clásica y sobria con un generoso guiño a su herencia”, afirma Paula O`Connor, directora de moda de S Magazine. Y es que, aunque el duque de Edimburgo es griego de nacimiento, tenía siete años cuando su familia se trasladó a Reino Unido y él solicitó la nacionalidad británica.

Pincha en la imagen para ver las diferentes formas de vestir del duque de Edimburgo

Pincha en la imagen para ver las diferentes, y siempre elegantes, formas de vestir del duque de Edimburgo. ver fotogalería
Pincha en la imagen para ver las diferentes, y siempre elegantes, formas de vestir del duque de Edimburgo.

Medido estilo militar

A pesar de que tuvo que dejar de lado su carrera militar cuando murió su suegro y su esposa subió al trono, su formación marcial siempre le ha acompañado, no solo cuando viste uniforme, sino también en la elección del resto de su guardarropa. “Este señor viste bien porque ha sido militar y los militares saben vestirse bien gracias a unas normativas estrictas que aprenden en las academias repartidas por el planeta”, explica irónico Marc Giró, que no duda en sentenciar: “Nada hay más fácil que vestir bien siendo militar”.

Atractiva percha

De lo que no hay duda es de que, además de su estudiada elegancia, el príncipe Felipe cuenta con otra ventaja, puramente genética. Su porte y su altura -mide 1,83 metros- facilitan que el traje elegido le siente mucho mejor. “Tiene un buen físico, es un figurín, todo le sienta bien y eso favorece mucho a su impacto”, resume Nono Vázquez, estilista de ICON. No en vano, Josie, director del master de Estilismo del IED, recuerda la leyenda de que “cuando Cecil Beaton se encargó de inmortalizar la coronación de Isabel II en 1953, se inspiró para reflejar al impresionante Duque en unos retratos propios que en 1931 hizo a Gary Cooper porque así lo veía él, tan apuesto como el mito de belleza masculina hollywoodiense”.

La hombría de ser el acompañante

Pero no solo era una cuestión de altura. Para Boris Izaguirre, además de su estatura, “le ayudó mucho ese don adquirido de saber ser el hombre que siempre camina dos pasos por detrás de su esposa”. “Es destacable esa nobleza, esa hombría y esa simpleza con la que acepta ese papel de acompañante en un mundo tan machista”, señala Nono Vázquez. Él ha sabido adecuarse, también a nivel de estilo, moderando en cierta manera su código para no hacer sombra a la reina, “siempre elegantísimo, pero ya con muchas menos estridencias y atrevimiento”, destaca Carlos Primo.

El oficio de vestir bien

Felipe Mountbatten se ha dedicado, fundamentalmente, a vestir bien. Casi diría que es lo único que ha hecho realmente bien. Lo único que ha hecho. Y me parece muy meritorio dedicar toda tu vida a esa noble actividad. De no ser tan perezoso me hubiera encantado dedicar mi existencia a vestir bien, o incluso muy bien, como él.

Claro que lo ha hecho en un momento histórico y ocupando una posición donde lo de “vestir bien” se llevaba, que ya no. Ahora vistes bien y nadie te dice ni media, nadie valora el esfuerzo; de hecho, los diseñadores nos animan a que vistamos tirando a mal, eso es así. Ahora sales de tu casa hecho unos zorros y tu madre te aplaude. Las madres han perdido el norte. Ya ninguna te dice: “¿No tendrás valor de salir a la calle con esas pintas?”. Ya nadie se escandaliza por nada. Por eso gana Trump, por eso está Le Pen a un tris de ganar, por eso Rajoy sigue ganando en España.

Pero lo del príncipe de Edimburgo, desde el punto de vista de los miembros de la clase media depauperada, no te digo ya desde el punto de vista de un militante de Podemos, no tiene mérito alguno, por varias razones.

La primera porque es un griego tirando a clásico, su estructura ósea es praxiteliana y eso, quieras o no, siempre ayuda. Ahora diríamos que tiene talla de muestrario.

En segundo lugar, este señor viste bien porque ha sido militar y los militares saben vestirse bien gracias a unas normativas estrictas que aprenden en las academias militares repartidas por el planeta. Diría que tienen incluso unos cuadernillos ilustrados con toda la normativa apuntada, por si tuvieran alguna duda. Son muy prácticos en todo los militares. Así pues, si eres de Tierra, te vistes de Tierra, si de Aire, Aire, y si eres de la Marina, pues de la Marina. Y luego está lo de las medallas que te vas colocando según vayas progresando adecuadamente en tu carrera militar, una al lado de la otra. Nada hay más fácil que vestir bien siendo militar.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que, ya de civil, se ha vestido bien porque siempre ha tenido una vida muy ordenada, una agenda muy concreta y eso, a la larga, te obliga a vestirte siguiendo una fórmula. El truco del estilo está en dar con una buena fórmula y no traicionarla jamás con nada que tenga que ver con ese fenómeno al que llamamos moda. Es también muy fácil: si tienes que remar, te cubres con un canotier; si tienes que jugar al polo, con un casco de polo; si tienes que inaugurar unos juegos escoceses de esos en los que levantan troncos, falda escocesa; si vas a la ópera, esmoquin; si vas de picnic, tweed; a un entierro se va con corbata negra, a una boda con chaqué gris; si vas en landó, te cubres las piernas con una manta de lana; si atiendes un oficio religioso en Sandrinham, sacas el loden… No hay pérdida.

Pero, y ahí va la cuarta razón por la cual en el caso de Felipe de Edimburgo vestir bien no es ningún mérito, si en algún momento se despistara, que nos puede pasar a todos, y dudara qué chaleco ponerse el tercer día de Ascot, siempre aparecería de la nada palaciega un ayuda de cámara, lacayo, mayordomo, sastre, auxiliar de cabina, mozo de cuadra, asistente de campaña, incluso algún amigo, que podría asistirle: “Señor, hoy toca el gris asfalto, sí, el cruzado”.

Marc Giró es editor de moda de Marie Claire

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