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DÍA DE LA TIERRA

La infancia en el ojo del huracán

Un informe de Unicef evalúa los posibles efectos del cambio climático en la infancia de no revertir el actual patrón de producción y consumo

El aumento de las temperaturas medias puede traducirse para la infancia en un incremento de enfermedades transmitidas por vectores, como malaria o diarrea.
El aumento de las temperaturas medias puede traducirse para la infancia en un incremento de enfermedades transmitidas por vectores, como malaria o diarrea.

Sequías e inundaciones son solo algunas de las consecuencias más evidentes del cambio climático sobre el medio ambiente. Sin embargo, su impacto llega hasta la infancia y la adolescencia, afectando ámbitos claves para el desarrollo como salud, educación o acceso a agua y saneamiento. Un informe de Unicef publicado este viernes alerta de los posibles riesgos para este sector de la población en España de no cambiar los insostenibles patrones de producción y consumo actuales.

El aumento de la temperatura media puede traducirse para los más jóvenes en incremento de enfermedades transmitidas por vectores, como malaria o diarrea. Las sequías reducen el acceso a alimentos y favorecen la malnutrición. Las inundaciones limitan la disponibilidad de agua potable. Las temperaturas extremas aumentan el riesgo de partos prematuros, bebés con menos peso, hospitalizaciones de niños por causas gastrointestinales o enfermedades respiratorias. La contaminación del aire se puede reflejar en retraso en el crecimiento intrauterino, bajo peso al nacer, síndrome de muerte temprana y mortalidad infantil. Los desastres naturales pueden dañar las infraestructuras, favoreciendo el abandono escolar e incluso, de manera indirecta, la migración.

Unicef estima que hasta 175 millones de niños a escala global podrán verse afectados por el cambio climático en la próxima década

Unicef estima que hasta 175 millones de niños a escala global podrán verse afectados por el cambio climático en la próxima década. Pero, pese a estar entre los más vulnerables, se quedan al margen del proceso de toma de decisión en relación con los temas medioambientales o los vinculados con el cambio climático.

España es uno de los países más vulnerables de Europa en cuanto a cambio climático se refiere. Olas de calor, subida de las temperaturas, sequías, incremento del nivel del mar, disminución de la disponibilidad del agua, solo son algunos de los efectos sobre el medio ambiente. Fenómenos que se verán incrementados —tanto en frecuencia como en intensidad— si no se toman medidas, asegura el informe.

Aunque la situación en España esté lejos de los extremos que se viven en algunos países africanos o en el corredor seco centroamericano, el informe recalca la necesidad de actuar antes de que sea demasiado tarde. Maite Pachecho, directora de sensibilización y políticas de infancia de Unicef, subraya que el objetivo del estudio no es generar alarma social, sino evaluar los riesgos para la infancia de seguir el mismo patrón de desarrollo.

Sin embargo, para Pacheco, el país se enfrenta a una oportunidad única. "Somos la última generación que puede salvar el planeta", explica. La firma del Acuerdo de París en noviembre de 2016, la Agenda 2030, así como el reciente anuncio de una nueva Ley de Cambio Climático y Transición Energética crean un entorno propicio para que se genere un debate fructífero. La directora de sensibilización opina que España está avanzando en la dirección correcta, pero que los derechos de los niños aún no se tienen en cuenta en las políticas medioambientales.

La infancia en el ojo del huracán

Recabar datos sobre los efectos medioambientales del cambio climático no ha supuesto mucho esfuerzo para los investigadores del estudio. Sin embargo, ha resultado más complicado obtener información sobre los vínculos con la salud de los niños, ya que el impacto no suele ser directo. De acuerdo con las cifras ofrecidas por Unicef, en España han aumentado los casos de asma, rinitis o incluso trastornos psicológicos. Datos de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica destacan un incremento de los casos de alergia al polen —cuyo aumento está vinculado con el ascenso de las temperaturas medias— en niños cada vez más pequeños. La contaminación del aire empeora los síntomas de los pacientes más jóvenes con rinitis alérgica o asma.

El aumento de las temperaturas medias, afirma el estudio, hará proliferar patologías infecciosas hasta hace poco tiempo inexistentes, mientras que algunas enfermedades transmitidas por mosquitos como la malaria, el dengue, la leishmaniasis o el Chagas ya han aumentado en España.

Somos la última generación que puede salvar el planeta

Maite Pacheco, Unicef

Las olas de calor incluso tienen un impacto durante el embarazo. Investigaciones realizadas en Valencia han puesto de manifiesto que el riesgo de tener un parto prematuro aumentó un 20% si la madre había estado expuesta a temperaturas extremas dos días antes del nacimiento. En Zaragoza, los datos muestran que la mortalidad podría aumentar en un 0,4% entre 2014–2021, debido a las temperaturas extremas.

El informe reconoce que tanto el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad como las comunidades autónomas tienen aprobados planes de prevención frente a las olas de calor, pero agrega que, en general, no han sido evaluados y por lo tanto no se sabe si su funcionamiento es el adecuado.

Si estas variables se cruzan con los índices socioeconómicos, se demuestra que los impactos varían en función del área de residencia, género, edad e ingresos económicos, afectando especialmente a los más vulnerables.

Unicef pide que se adopten mecanismos, políticas y herramientas de adaptación adecuadas, a través de una planificación participativa e inclusiva de todos los actores de la sociedad. La organización exige que se implementen, entre otras medidas, reformas de la política fiscal progresiva con criterios ambientales, basada en el principio de quien contamina paga, y una transición hacia un sistema energético basado en fuentes renovables. La organización califica la aprobación de una nueva Ley sobre Cambio Climático y Transición Energética como "una oportunidad política única" para que se incorporen los derechos de la infancia en las medidas y programas a desarrollar.

Quizás seamos la última generación que pueda salvar el planeta

Sandra Astete, especialista en políticas de infancia de Unicef Comité Español

El cambio climático es una amenaza creciente y sin precedentes para la paz, la prosperidad y el desarrollo. Además, es un multiplicador de muchas otras amenazas. Representa uno de los principales desafíos para la infancia y tiene el potencial de minar los avances que se han conseguido en su supervivencia y desarrollo en todas partes del mundo: más del 88% de las enfermedades producidas por este fenómeno se da en niñas y niños menores de 5 años.

En el informe de Unicef Comité Español, El impacto del cambio climático en la infancia en España, se subraya que es la infancia la que más sufre los efectos y la que menos responsabilidad tiene en el problema. Diversos factores como el desarrollo biológico, el mayor consumo energético y metabólico, su comportamiento social y el hecho de no participar en la toma de decisiones, sitúan a los niños y las niñas en una posición de especial vulnerabilidad, y explica por qué deben situarse en el centro de la respuesta.

El cambio climático tiene cada vez más consecuencias negativas sobre todos los seres humanos, pero los niños se verán aún más afectados que el resto de la sociedad, especialmente en las zonas donde la pobreza es más aguda. Se estima que en la próxima década el cambio climático afecte a unos 175 millones de niños al año. Uno de los motivos será la contracción de la producción agrícola, que se reducirá entre el 10 y el 25% a nivel mundial en las próximas décadas. Esta situación provocará al año casi 95.000 muertes adicionales de niños menores de 5 años debido a la desnutrición para 2030.

Para abordar el desafío de la lucha contra el cambio climático se requiere de una acción global que trascienda las fronteras nacionales y que, a la vez, aglutine medidas locales dirigidas a promover la preservación del medio ambiente. Actualmente contamos con dos marcos sólidos de acción global que se complementan y potencian: la Agenda 2030 y el Acuerdo de París. Ambos acuerdos establecen el compromiso de los países firmantes de tener en cuenta los derechos humanos, incluidos los derechos de la infancia, en las políticas climáticas. Una aplicación decidida y urgente de estos convenios resulta crucial si queremos paliar los efectos del cambio climático antes de que sea tarde.

Actuar con decisión y responsabilidad hoy supone garantizar el futuro de nuestra sociedad. Solo así se podrán garantizar los derechos y el bienestar de la infancia en España y el resto de países y territorios. De esta manera no solo apuntalaremos los avances conseguidos en las últimas décadas para los niños, sino que también seremos capaces de evitar los alarmantes riesgos del cambio climático para el presente y futuro de todas las personas.

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