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La tentación siria de Trump

Al presidente de EE UU no le viene mal aparecer, aunque sea durante diez minutos, como alguien que no está plenamente alineado con Putin

Trump, este jueves, al anunciar el ataque a una base aérea siria
Trump, este jueves, al anunciar el ataque a una base aérea siria AFP

En un momento de caos y confusión en su Administración, Trump ha encontrado algo sencillo y efectista (que no efectivo) que hacer. Porque, por paradójico que parezca, para un presidente de EE UU es más sencillo bombardear una base aérea situada a 9.212 kilómetros de la Casa Blanca que aprobar una reforma sanitaria o prohibir que entren en su país ciudadanos de otro.

Como hemos visto, en un país con una estricta separación de poderes y múltiples capas de Gobierno, el presidente de EE UU no necesita pasar por el Congreso ni obtener una resolución de Naciones Unidas para atacar la base de Shayrat, desde donde supuestamente partieron los aviones que lanzaron el ataque con armas químicas sobre la población de Jan Sheijun.

Cierto que esos 59 misiles de crucero no cambian el equilibrio estratégico del conflicto ni alteran un ápice el curso de guerra, que El Asad hace tiempo que ha ganado gracias al apoyo de Rusia e Irán, la pasividad occidental y la inestimable colaboración del ISIS, empeñado en oponer una barbarie de igual o superior calibre a la practicada por el régimen de El Asad.

Sí que incomodan esos misiles un poco a Moscú, convertido en el garante de la integridad del régimen sirio. Pero a Trump no le viene mal aparecer, aunque sea durante diez minutos, como alguien que no está plenamente alineado con Putin, a quien, recordemos, un líder con la incontinencia verbal de Trump no ha dedicado ni una sola invectiva o reproche.

Para un presidente de EE UU es más sencillo bombardear una base aérea situada a 9.212 kilómetros de la Casa Blanca que aprobar una reforma sanitaria

Pero la cosa no es para tanto: Washington avisó a Moscú del ataque, la base aérea era siria, no rusa, y si Moscú es inteligente, protestará un poco pero dejará que las cosas se calmen porque, al fin y al cabo, el ataque químico ha sido estúpido e insensato y Rusia es la primera interesada en decirle al régimen sirio que por ese camino no podrá seguir prestándole el inestimable apoyo diplomático y militar que le ha concedido hasta ahora.

Este ataque es por tanto poco más que un pellizco, pero sumamente útil, porque actúa en múltiples direcciones, una de las cuales, que no hay que minusvalorar, apunta directamente a Obama. El 30 de agosto de 2013, a pesar de haber dicho que el empleo de armas químicas por parte de El Asad sería una “línea roja”, no usó la opción militar después de que un ataque con gas sarín matara a 1.400 civiles en las afueras de Damasco. Entonces, Obama intercambió la opción militar por un proceso de desarme completo y destrucción de arsenales químicos supervisado por Naciones Unidas. Ahora, Trump no solo hace aparecer a Obama como pusilánime, sino como alguien que fue engañado por El Asad. Y de paso restaura la capacidad disuasoria de EE UU y las líneas rojas en caso de ataque químico. Trump se marca un tanto fácil, barato y con amplio retorno. Siempre dijimos que la división de poderes haría fracasar a Trump en casa, pero que sus amplios poderes como comandante en jefe podrían hacerle mirar más hacia fuera y tentarle a usar la fuerza. Quizá sea este el comienzo.

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