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La vergüenza de ser madre

En un currículum se valora que cuentes tus acciones de voluntariado, tus hobbies, o tus intereses, pero ¿alguna mujer incluye en su CV su labor con sus hijos?

Ser mujer y estar en la treintena es para ciertos entrevistadores una señal de peligro.
Ser mujer y estar en la treintena es para ciertos entrevistadores una señal de peligro. Getty

Muchas veces tengo la impresión de que nadie espera grandes hazañas de una madre. Se entiende que las madres hacen cosas de “marujas”: atender a los niños, limpiar la casa, cocinar o hacer la compra. Yo no debo tener muy claro los límites que se supone que tenemos, porque desde que soy mamá me he sorprendido viviendo situaciones en las que parecía estar rompiendo barreras socialmente impuestas para las de mi condición.

El primer asunto turbio en el que me metí, recién estrenada la maternidad, aunque esto lo hicimos mi marido y yo, fue el de invertir los apellidos de nuestros hijos. Recuerdo desde muy pequeña cómo mi propia madre vivía con indignación el que mis hermanos y yo lleváramos en primer lugar el apellido de nuestro padre. Así que cuando nació nuestra hija, la inscribimos con los apellidos invertidos, después de dos intentos, porque en el primero, antes de poder decir nada, nuestra niña quedó registrada por defecto con el apellido paterno en primer lugar.

De esto hace 14 años, y mis hijos son raros por ello, la gente se confunde cuando se dan cuenta de que mi primer apellido y el de mis hijos es el mismo, llegan incluso a pensar que su padre y yo nos apellidamos igual y que mis hijos tienen por tanto dos apellidos idénticos.

Nadie espera grandes hazañas de una madre. Se entiende que hacen cosas de “marujas”

Pero sin duda, los mayores momentos de vergüenza los he vivido en el terreno profesional e incluso en entrevistas de trabajo. Cuando estaba embarazada de mi primera hija, hubo un Expediente de Regulación de Empleo en mi empresa, así que me vi en el paro. Mala suerte, ¿o no? Es triste, pero también es cierto que mi trabajo de ingeniera no era compatible con la vida de mujer embarazada ni con la de madre. ¿No había otra opción? Pues en mi caso no la hubo. El primer trimestre del embarazo lo pasé viajando y sin ir apenas a revisiones. ¿Me libró eso del despido colectivo? En absoluto. Y luego dicen que hay pocas mujeres ingenieras, no me sorprende, y que además sean madres debe haber aún menos. Lo difícil no es acceder o acabar una carrera de ingeniería. Lo realmente heroico es sobrevivir después de tener hijos en un mundo laboral sin sensibilidad hacia la maternidad.

Volví a trabajar cuando la niña tenía nueve meses, y seguí en ese mismo puesto de trabajo, subcontratado, varios años. Un puesto bastante peor tal vez, porque ya no tenía opción de crecer profesionalmente, aunque me permitía cumplir con mi responsabilidad de madre. Por mi propia experiencia, creo que el techo de cristal baja un poco más con cada hijo. Si tienes varios, puedes llegar a tener que agachar la cabeza cuando entras en la oficina. Y para rematar, cuando estaba de baja durante el tercer embarazo, me quedé otra vez sin empleo. Creo que algunos, cuando despiden a una embarazada, hasta piensan que le hacen un favor, porque así podrá pasar más tiempo con el bebé.

Ser mujer y estar en la treintena es para ciertos entrevistadores una señal de peligro. Además, tener tres hijos antes de los 35 años te hace parecer sospechosa de pertenecer a una secta o algo parecido. Así, en la primera entrevista de trabajo que tuve, ya siendo madre de familia numerosa, el entrevistador se fijó en mi anillo de casada. Me preguntó si tenía hijos. Respondí con un escueto “sí” y me interrogó “¿cuántos?”. Al responder que eran tres me hizo sentir mal, muy mal, porque su reacción fue preguntarme: “Y además de criar, ¿qué otras aficiones tienes?”.

Parecía que debía sentir vergüenza de ser madre. Pero no me inmuté, ahora sí me inmutaría, y le conté todo lo que hago, porque ser madre no te anula ni te convierte en un trozo de carne sin cerebro, o en una coneja, como he escuchado decir, en un intento de ser chistoso, a algún que otro individuo sin gracia ni respeto.

En una entrevista me dijeron: "Y además de criar, ¿qué otras aficiones tienes?"

Hace 10 años de esa entrevista de trabajo, y creo que no hay un solo día que no me acuerde de aquel momento. ¿Me habría dicho lo mismo si fuera hombre? Lo dudo. A lo mejor habría hecho algún comentario jocoso, que también ocurre, algo en plan “qué tío más machote”.

No solo debemos tratar de ocultar que somos madres en las entrevistas de trabajo, sino que además me parece muy curioso que en un currículum se valore que cuentes todas tus acciones de voluntariado, tus hobbies, o tus intereses, pero ¿alguna mamá incluye en su CV su labor como madre? ¿Os imagináis algo así?:

“Arquitecta con 10 años de experiencia en ejecución de proyectos nacionales e internacionales. Máster en arquitectura moderna.

Madre de dos niños de 8 y 6 años. Ama de casa desde hace 12 años. Soy capaz de hacer la cena, poner la lavadora, atender a un cliente por teléfono y revisar la agenda del cole de los niños simultáneamente.”

En un CV no hay cabida para todo esto, pero si has pertenecido a un equipo de fútbol o has hecho labores de voluntariado para una ONG, demostrarás que sabes trabajar en equipo y que estás comprometida con la sociedad, así que es recomendable incluirlo. Criar niños y atender una familia no parece demostrar ni lo uno ni lo otro. Si eres madre, posiblemente trates de ocultarlo hasta que hayas superado el periodo de prueba, si las ojeras y las manos agrietadas no te delatan.

Además, ser mamá te hace perder toda credibilidad, sobre todo en lo que se refiere a tus hijos. Las madres detectamos en nuestros niños muchas cosas que nadie más ve: si están tristes o preocupados, si sufren un problema de acoso escolar o incluso una necesidad educativa. Pero si somos las madres las que tratamos de explicar esto a otras personas que también conocen al niño, todas nuestras sospechas son tomadas como exageraciones de madre, como un intento de sobreproteger al pequeño.

Pocos días después de que se publicara mi artículo Antes muerta que ser una madre helicóptero, llegó a mis manos el libro de Patricia Merino Maternidad, igualdad y fraternidad, que habla de las madres como sujeto político en las sociedades poslaborales. Leyendo este libro he comprendido cuál es la triste realidad de las madres en la sociedad española, y me ha ayudado a encontrar respuesta a muchas dudas que, como madre, no podía dejar de plantearme.

Hay tantas ideas rompedoras que resaltar de ese libro que no podría quedarme con una sola. El contraste constante que presenta la autora entre el sistema productivo y el sistema reproductivo, al que contribuimos las madres, sin reconocimiento de la sociedad, me parece muy esclarecedor. El trabajo de una madre no es valorado, a menos que sea una madre trabajadora, es decir, con un empleo remunerado, en cuyo caso destaca la labor profesional, porque todo el inmenso trabajo de crianza no se aprecia, es invisible. La gran mayoría de las madres trabajan, pero la que no tiene un empleo, tiende a decir que no tiene trabajo. Menuda falacia.

Tengo dos hijas, y quiero soñar con un futuro mejor para ellas. Quiero soñar que tendrán la oportunidad, si lo desean, de vivir una maternidad plena, que no tendrán que elegir entre ser buenas madres o ser buenas profesionales. Quiero creer que seremos capaces de garantizar que las mujeres que deseen tener hijos no tendrán que sentir esa vergüenza de ser madres que hemos acuciado muchas mujeres, siendo mamás, y profesionales cualificadas. Un día al año, celebramos de una manera consumista el día de la madre, y el resto del año, dependiendo de la situación, no podemos ni decir con orgullo que tenemos hijos.

Eva Bailén es ingeniera en Telecomunicaciones y autora del blog todoeldiaconectados.com sobre nuevas tecnologías para niños. Inició la campaña de Change.org "por unos deberes escolares justos".

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