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Cómo mejorar los suburbios

Los habitantes de Dharavi, un inmenso poblado chabolista de Bombay (India), temen que los proyectos de reordenación urbana del Gobierno los dejen en la calle

Es jueves por la mañana. Raju Koli se despierta en su dormitorio con aire acondicionado de Dharavi. Se asea en el cuarto de baño, se pone una camisa y unos vaqueros, y va a la cocina a prepararse una taza de té fuerte. Acto seguido se dirige a la habitación sagrada, donde se arrodilla un momento a los pies de los dioses hindúes. Mientras sale por la puerta, entona una oración en dirección a la cruz cristiana que cuelga en el vestíbulo.

En la planta baja del mismo edificio se sienta en su minúscula oficina. Aunque nació y creció en una de las chabolas de Dharavi, ahora forma parte de la clase alta del suburbio. Su ascenso de estatus, reflejado en el tamaño de su casa, donde hay espacio de sobra para la familia y comodidades modernas como un inodoro con cisterna, va unido indisolublemente a la mejora general de las condiciones de vida en el barrio.

Desde su puesto de jefe de una pequeña empresa de Internet, sirviéndose de sus conocimientos técnicos, a base de malabarismos y con mucha paciencia, Koli ha conectado el destartalado y caótico suburbio con el resto del mundo. Internet ha sido vital para la industria en expansión de Dharavi. Se utiliza para enviar artículos de cuero a Londres, tentempiés a todo el Estado de Maharashtra y vaqueros a Dubái. A lo largo de los años, su empresa ha tendido más de 100 kilómetros de cables hasta las casas, los cibercafés y los negocios de esta barrio chabolista.

Un cliente insatisfecho llama a uno de los teléfonos móviles de Koli. Es Joythi Agave, un universitario de 20 años que estaba a punto de descargar materiales de clase cuando se quedó sin conexión a Internet. El día anterior, los empleados del empresario habían intentado solucionar el problema sin éxito. Joythi Agave está impaciente. Koli le promete que el percance estará resuelto lo antes posible. El técnico dedica un minuto a analizar el problema y sus posibles soluciones mientras la algarabía de las gallinas y los sonidos del ajetreo de la mañana entran a raudales por la puerta abierta de la oficina. Decide ir a reparar la avería.

Dharavi es uno de los suburbios más grandes y más densamente poblados de India. Se encuentra en pleno centro de Bombay, una de las ciudades más ricas del país. Es difícil encontrar datos fiables acerca del número de habitantes del distrito. Algunas estadísticas sin demasiado fundamento calculan que "entre 500.000 y un millón de personas viven hacinadas en cuatro kilómetros cuadrados".

Según Narendra Modi, primer ministro del país, el barrio chabolista tiene que desaparecer antes de 2022, fecha en que toda India deberá haberse desembarazado de esta clase de asentamientos. Una tarea inmensa y, dicen las voces críticas, imposible. En los suburbios de India viven 65 millones de personas, el equivalente a la población de Francia. En respuesta, el Gobierno se ha comprometido a construir 20 millones de nuevas viviendas en el país en los próximos siete años. Está previsto que una serie de "ciudades inteligentes" tecnológicamente avanzadas se conviertan en el extremo opuesto de estas zonas urbanas contaminadas, superpobladas y sobrecargadas.

Dhavari se encuentra en Bombay, la ciudad más poblada de la India. ampliar foto
Dhavari se encuentra en Bombay, la ciudad más poblada de la India.

El Gobierno de Bombay ha invitado a los inversores internacionales a hacer del suburbio de Dharavi una flamante zona residencial y de negocios. Los detractores opinan que la iniciativa posiblemente dignificará el barrio, pero también expulsará de sus hogares a la mayoría de sus actuales habitantes. Las voces críticas remiten a los incontables ejemplos de grandes ciudades como Lagos en Nigeria o Estambul en Turquía, en las que el avance de la urbanización ha desembocado en la sustitución de los suburbios del centro por nuevas propiedades para las élites adineradas de la ciudad a precios prohibitivos, mientras que los antiguos habitantes han sido desalojados.

Cuando Raju Koli era pequeño, su familia vivía en una chabola exactamente en el mismo sitio en el que él se ha levantado esta mañana en su confortable cama.

En aquel entonces, Dharavi era un barrio marginado de las afueras de Bombay. Antes de eso había sido una aldea pobre de pescadores. La mayor parte del terreno, ocupado parcialmente por manglares represados, pertenece al Estado de Maharashtra. Pero, con el tiempo, los habitantes de Dharavi se han ido acostumbrando a que los dejen a su suerte. La ciudad ha crecido y se ha expandido sin demasiado control central y sin infraestructuras planificadas. Por esta misma razón, la mayor parte de la zona está superpoblada y no tiene agua potable ni alcantarillado en condiciones, ni tampoco retretes ni servicio de recogida de basuras. Sin embargo, al mismo tiempo es el hogar querido de muchos de los habitantes más pobres de Bombay, que jamás podrían permitirse los suntuosos apartamentos de millones de dólares que están brotando por toda la ciudad como setas de lujo.

Dharavi es el lugar en el que los pobres recién llegados del campo y los miembros de las castas inferiores pueden encontrar alojamiento asequible. También es un sitio en el que un nuevo habitante que sea hábil con las manos y tenga un poco de suerte puede ganar bastante dinero en una de las muchas actividades económicas del barrio y, tal vez, liberarse del opresivo pasado dentro de su casta y ascender en la escala social.

FOTOGALERÍA: La batalla comienza en el 'slum', por Bernat Parera. ver fotogalería
FOTOGALERÍA: La batalla comienza en el 'slum', por Bernat Parera.

Ignorado por los funcionarios del Gobierno, Dharavi se ha hecho cargo de sus propios asuntos durante décadas. Esta es una de las causas de los estrechos lazos sociales que existen entre el barrio y sus habitantes. Una miríada de grupos étnicos, castas y religiones conviven apiñados en pequeños cuartos a los que se accede a través de estrechos callejones oscuros. A veces, las culturas se funden. Por ejemplo, Raju Koli lleva tatuajes hindúes en los antebrazos, tiene una cruz cristiana en el vestíbulo, y un pez gigante en un acuario en honor a sus antepasados, que, hace varias generaciones, fueron pescadores.

Koli fue el único de seis hermanos al que su familia sin recursos se pudo permitir enviar a un colegio privado inglés. Apenas consiguió el título, montó una empresa que llevaba la televisión por cable a la cada vez más numerosa clase media del barrio. Estamos hablando de la década de 1990, cuando los canales por cable como MTV y CNN disfrutaban prácticamente del monopolio de la transmisión de los últimos acontecimientos internacionales, culturales y políticos a la zona. Una década más tarde, Koli descubrió una nueva mina de oro en la creciente demanda de acceso a Internet. Desde entonces ha llevado más de cien kilómetros de cable desde tres centros principales hasta sus clientes de Dharavi.

Una niña de Dharavi. ampliar foto
Una niña de Dharavi.

Según él, su empresa ofrece una conexión a la Red tan rápida como la de las compañías de Corea del Sur y Gran Bretaña. Actualmente tiene miles de clientes, cinco empleados, dos niños y una mujer. Igual que muchos otros habitantes del suburbio, Koli ha logrado ascender en la escala social.

Entre 500.000 y un millón de personas viven hacinadas en cuatro kilómetros cuadrados

A pesar de que lleva el estigma de Dharavi, su cortesía desentona con el hecho de que viva en un suburbio. "Crecí con una familia grande en una choza pequeña. Hoy en día vivo en una casa grande con una familia pequeña", declara con satisfacción. Pero, aunque esté orgulloso de esa casa tan grande, se teme que va a perderla pronto: el Gobierno local y los inversores privados tienen otros planes para Dharavi, que, en su opinión, es un barrio degradado, sucio y superpoblado.

El interés por desarrollar una zona antes ignorada ha crecido de la mano de la expansión gigantesca de Bombay. Mientras que, en el pasado, Dharavi era un tranquilo pueblo de pescadores, ahora es el corazón en crecimiento incontrolado que late aceleradamente en pleno centro de la megalópolis.

Situado junto al distrito financiero del centro, cerca del aeropuerto internacional, y conectado directamente con las principales líneas de ferrocarril, para los promotores y el Gobierno local Dharavi vale millones de dólares.

Si alguien personifica la ambición por modernizar y reurbanizar el asentamiento, ese es Mukesh Mehta. "Dentro de cinco años, Dharavi será más atractivo que cualquier otra parte de Bombay", asegura mientras niega que esté interesado en el barrio por afán de lucro, dado que, en sus propias palabras, su situación ya es "extremadamente próspera".

Después de amasar una fortuna en el sector indio del acero y, más tarde, como promotor inmobiliario de viviendas de lujo en la costa este de Estados Unidos, Mukesh Mehta volvió a Bombay, donde en 1999 empezó a darse cuenta del potencial de Dharavi.

"Idealizar el suburbio sería el mayor error que se podría cometer"

El desarrollo del barrio se ha convertido en el proyecto de su vida, no solo por los millones de dólares que un inversor puede obtener de esos valiosos terrenos, sino también porque Mukesh Mehta quiere ayudar a la comunidad local a superar las abruptas barreras socioeconómicas de India. "Idealizar el suburbio sería el mayor error que se podría cometer", dice mientras nos ofrece una bebida helada de yogur picante en su despacho.

Raju Koli habla por teléfono. ampliar foto
Raju Koli habla por teléfono.

Después de un par de intentos infructuosos de captar inversiones con el fin de reurbanizar Dharavi él mismo, el Gobierno local lo contrató durante varios años para que idease un plan de desarrollo para la zona. Mehta abrió una oficina en el barrio, dedicó seis meses enteros a escuchar las necesidades de sus habitantes y organizó cientos de reuniones comunitarias para ganarse los corazones y las mentes de los residentes. "Los suburbios son mi alimento, mi bebida y el aire que respiro”, declara.

En la misma zona que el promotor tiene tanto afán en desarrollar, Raju Koli sale de su oficina y se dirige presuroso a la casa del joven estudiante Joythi Agave a través del laberinto de callejuelas. El fallo de la conexión a Internet probablemente se deba a que un contacto se ha aflojado, va pensando. Los cables de Internet están entrelazados con los hilos eléctricos y cuelgan entre los edificios. Pasarlos de un edificio a otro ya es laborioso de por sí, pero todavía es más pesado identificarlos y repararlos cuando se interrumpe la conexión. En algunos casos, Koli tiene que comprobar que no haya anomalías en la interacción entre el sistema operativo del cliente, su tarjeta de red y el software del ordenador. "No es cuestión solo de enchufar y usar", subraya.

Visitar Dharavi un día de verano húmedo y sofocante como el de hoy es como practicar un deporte extremo para los sentidos en medio del ruido de las motos que hacen sonar la bocina, el aroma de las especias y el olor de las alcantarillas. Las amas de casa vestidas con saris multicolores salen a comprar verduras a los vendedores callejeros. Un joven sastre atraviesa a toda prisa la multitud para llegar al trabajo en una de las pequeñas fábricas textiles del barrio. Koli pasa junto a un carnicero que le está cortando la cabeza a un pollo, mientras un poco más allá una niña pequeña se levanta la falda y se agacha para hacer sus necesidades. Cerca de ella, un grupo de adolescentes holgazanea junto al puesto de té chai. Charlan mientras contemplan las interminables columnas de rickshaws, taxis, coches y motos que fluyen despacio por las saturadas calzadas de la periferia del distrito.

Al otro lado de la calle corre el río Mahim Creek cubierto de manglares. Cuando era niño, Kole solía darse un refrescante chapuzón en él durante las olas de calor. Actualmente, el río se ha convertido en una cloaca al aire libre que los habitantes del suburbio utilizan como retrete y basurero. No sin humor, los jóvenes del suburbio llaman al Mahim Creek "la piscina de Dharavi". A Koli ni se le ocurriría volver a bañarse en esas aguas malolientes.

Mientras se abre paso por las calles estrechas acompañado por un empleado, el técnico se siente como un cirujano que se estuviese preparando para un operación complicada. "No puedo llegar a trabajar a ciegas. Primero tengo que pensar las cosas", avisa.

Cada dos por tres se detiene a saludar a amigos y conocidos. El "hombre de Internet" es famoso y respetado en el barrio. Quiere preservar su carácter, con sus casas bajas y apiñadas intercaladas con los pequeños negocios y los establecimientos comerciales. "El Gobierno quiere este trozo de tierra. Nosotros no le importamos", se lamenta, y señala hacia los edificios destartalados que se aglomeran en los valiosos terrenos del centro.

"Si uno descubre un tesoro debajo de su jardín de flores, evidentemente, excavará para sacarlo y quedarse con el oro, y no le importará estropear las flores", reflexiona Koli antes de seguir andando.

¿Una solución con la que todos ganan?

Mukesh Mehta ha ideado un plan de reurbanización que considera que es una solución ventajosa para el estado, los residentes y los promotores. Estos últimos pagarán al Estado, que actualmente es el propietario de la mayor parte de los terrenos de Dharavi, por construir en la zona. Los habitantes del suburbio experimentarán una mejora significativa de su nivel de vida cuando sus oscuras habitaciones en los ruinosos edificios de dos plantas sean sustituidas por luminosos apartamentos en edificios altos con instalaciones modernas. Además, realojar a los residentes en bloques de pisos dejará libre gran cantidad de valiosos terrenos que los promotores tendrán la posibilidad de utilizar para construir edificios de oficinas que podrán vender con enormes beneficios.

El plan de Mehta se ha ido postergando una y otra vez a lo largo de los años debido a la crisis financiera, las tramas políticas, las venganzas personales en las altas instancias de la Administración, la rivalidad entre el Estado federal y el nacional, y las protestas de las ONG y los ciudadanos. Con frecuencia, Mehta ha sido el blanco de las críticas. Dedicado a reurbanizar suburbios en India y África, el polémico arquitecto ya no tiene relación con Dharavi.

Pero su idea sigue viva. El Proyecto de Reurbanización de Dharavi (DRP, por sus siglas en inglés) ha continuado con su plan de modernización y ha abierto nuevas rondas de licitación para atraer a promotores internacionales que se atrevan a comprometerse con el ambicioso proyecto. A quien puje más alto se le permitirá desarrollar la zona siempre que también acceda a construir nuevos bloques de viviendas, colegios y otras infraestructuras para sus habitantes. Sin embargo, a los residentes nunca se les ha permitido votar el plan de reurbanización. Y, a diferencia de lo que suele pasar en los proyectos de modernización de Bombay, a los promotores de Dharavi no se les exige que tengan el apoyo del 70% de la población. Por eso es difícil calcular cuántos habitantes del suburbio son partidarios de los planes de DRP.

Cuando se habla con el vendedor de té, el peón o el tendero medio, es fácil encontrar oposición. A algunos parece no preocuparles un futuro en el que no tienen ninguna influencia. Ya ha habido otros planes de modernización, y nunca ha cambiado nada de verdad. Hay quien dice que quiere que el barrio se reurbanice, pero de acuerdo con sus propias ideas. Ahora, sus habitantes sencillamente temen perder sus hogares, ya que los planes de DRP establecen que tendrán que mudarse. Solo se ofrecerá realojamiento en los nuevos bloques de pisos a las familias que puedan demostrar que llevan viviendo en el barrio desde 2000. Las demás se quedarán en la calle.

El plan de reurbanización parece favorecer a los residentes acomodados con documentos de propiedad por encima de los más pobres. Es lo que afirman el suizo Matias Echanove y el indio Rahul Srivastava. Ambos lideran una pequeña organización de Dharavi en defensa del desarrollo urbano social llamada URBZ. Al igual que Raju Koli, no les gusta decir que Dharavi es un suburbio. Prefieren el término menos peyorativo de barrio de autoconstrucción.

El equipo es crítico con el plan de desarrollo de DRP, que creen que hará trizas los lazos que vinculan estrechamente la industria, la vivienda, la diversión y la vida comercial, sin olvidar la vasta red de calles peatonales que hacen que Dharavi parezca un gran pueblo dentro de la ciudad.

A sus 27 años, Raju comparte una habitación con otros seis hombres. Todos ellos viajaron 1.500 kilómetros para trabajar en Mumbai

"El plan actual acabará con la cohesión de las estructuras sociales de Dharavi. Cuando se realoja a una pequeña parte de los habitantes en bloques de pisos, también se corre el riesgo de que estos se conviertan en suburbios verticales. La gran mayoría de los habitantes de Dharavi serán expulsados a otros suburbios a varias horas de Bombay, donde tendrán que empezar de cero. No es ninguna ayuda en absoluto", sentencia Matias Echanove.

"Sí, desalojaremos a los arrendatarios", declara Nirmal Deshmukh, consejero delegado de DRP, en su despacho. Mukesh Mehta sostiene que no es posible realojar a casi un millón de personas, y que no es justo ofrecer una vivienda nueva a gente que ha tenido alquilado un alojamiento en el barrio solamente por un breve periodo.

Tanto los defensores como los detractores del actual plan de reurbanización coinciden en que una parte de los habitantes de Dharavi acabarán perdiendo su casa, pero no hay unanimidad sobre cuánta gente resultará afectada. URBZ calcula que casi 600.000 personas se quedarán sin hogar, la mayoría de los actuales habitantes de Dharavi. Deshmukh afirma que, en realidad, solo serán unas cuantas.

Mukesh Mehta, padre del plan de reurbanización, cree que sus detractores les están haciendo un flaco favor a los habitantes del barrio al permitir que sigan en el subdesarrollo. Piensa que muchas tienen intereses particulares en mantener a la gente en pésimas condiciones para demostrar que ellas son importantes. Añade que muchos de los empleados de estas organizaciones rivales probablemente se negarían a vivir en el Dharavi que luchan por conservar.

No vamos a salir de nuestras casas

A una persona ajena al barrio, sus estrechos pasadizos le producen la impresión de que forman un laberinto interminable. Si sales caminando de la calle principal, te adentras en las callejas mal iluminadas, a continuación giras a la derecha, luego a la izquierda, y luego otra vez a la derecha, llegas a la casa de dos pisos de la familia Selvaraj. Esta familia cristiana de ascendencia tamil es propietaria de una pequeña empresa de transporte y gana algún dinero extra alquilando habitaciones a personas que acaban de llegar del campo.

Los Selvaraj —el padre, la madre, dos hijos y una hija de 18 años llamada Merlin— viven en la habitación más luminosa y mejor ventilada del piso de arriba. Durante el día, Merlin estudia en la Escuela Sies de Comercio y Economía y va a clases de informática. También ayuda a su madre a cuidar de la casa y a cocinar la cena para los hombres, que trabajan en la empresa de transporte. Por la tarde, uno de los hermanos de Merlin coge prestado su ordenador portátil mientras ella mira con su madre el culebrón tamil Saravanan Meenachi en el pequeño televisor. A su padre no le gusta la serie, que hasta el momento lleva 1.200 episodios. Si no la sigues con regularidad, pierdes el hilo rápidamente.

Una de las habitaciones del piso bajo está alquilada al matrimonio formado por Arivind Kumar, de 25 años, y su exposa Vineeta Sau. Son de Kanpur, a 1.300 kilómetros al noreste de Bombay. Arivind trabaja como sastre, mientras que Vineeta se ocupa de las faenas domésticas en su pequeña habitación, que huele a los guisos al curri que prepara cada día para ella y su marido. La joven echa de menos a sus amigos y a su familia de Kanpur, y sobre todo la espaciosa casa en la que creció, pero su marido tuvo dificultades para encontrar allí un trabajo con un salario digno.

A pesar de vivir en un alojamiento exiguo, la pareja tiene más espacio que los inquilinos de la habitación de al lado. En ella conviven siete jóvenes. Recorrieron 1.500 kilómetros desde el pueblo de Pratapgarth para trabajar en Bombay como sastres, electricistas y en oficios similares. Ahora comparten una habitación que apenas tiene luz. A duras penas logran acostarse en fila en las esterillas que desenrollan cuando se van a dormir. En un rincón hay un lavabo compartido. Desde el techo, un ruidoso ventilador reparte el calor húmedo por la habitación sin ventanas.

Dharavi es el lugar en el que los pobres recién llegados del campo y los miembros de las castas inferiores pueden encontrar alojamiento asequible

El mayor de los siete es Raju. Tiene 27 años y, a pesar de ser tocayo y convecino de Raju Koli, su vida y su alojamiento son mucho más elementales. El joven trabaja seis días a la semana de la mañana a la noche para mandar dinero a su familia, que está en el pueblo. Como es el de más edad del grupo, insta a sus jóvenes compañeros de habitación a que se comporten como es debido, ahorren, y no se gasten el dinero en salir a divertirse. Una vez cada seis meses va a su casa a ver a su mujer y a sus hijos para luego volver a Dharavi.

Las estadísticas del Banco Mundial muestran que la población de las grandes ciudades está creciendo en unos 10 millones de habitantes cada año. Según Naciones Unidas, se prevé que este número ascienda a unos 400 millones hacia 2050, de manera que la población urbana de India casi se habrá duplicado. El problema es que el mercado oficial de viviendas en ciudades como Bombay no está pensado en absoluto para hacer sitio para la gran cantidad de recién llegados sin recursos. Muchos de ellos acaban en los barrios de chabolas, donde pagan alquileres baratos y viven en condiciones míseras. En Bombay, alrededor del 40% de su 12,5 millones de habitantes viven en suburbios.

La inmensa carencia de viviendas dignas llevó al primer ministro Narendra Modi a poner en marcha en 2015 el programa "Viviendas para Todos", que de aquí a 2022 debería haber erradicado los suburbios y proporcionado viviendas baratas y en condiciones a los 170 millones de personas que residen en los barrios más pobres de las ciudades. La mayoría de los expertos creen que es imposible hacer realidad esta aspiración en tan poco tiempo, pero el proyecto ha sido un factor que ha hecho que aumente la presión de las autoridades sobre Dharavi.

DRP ha divido la zona en cinco sectores. Por el momento, el sector 5 —que está siendo reurbanizado por la Autoridad Promotora del Área Residencial de Maharashtra (MHADA, por sus siglas en inglés)— es el único en el que ha empezado la remodelación. En el piso 17º de una torre nueva, una pareja de edad avanzada, formada por Hari Bhau Shitole y Savita Hari Shitole, está desempaquetando sus pertenencias. Llevan 35 años viviendo en Dharavi. El marido ha trabajado durante años en la industria del cuero. Hace solo cuatro días se mudaron de su vivienda en el suburbio al piso de 30 metros cuadrados.

El apartamento es grande, bien ventilado, limpio y tiene agua y un aseo. Las vistas han mejorado muchísimo: desde esta altura, la pareja puede ver abajo el tejado de chapa de su antigua chabola. Están felices con su nuevo apartamento y ya están proyectando que su hijo se mude allí cuando ellos vuelvan a su casa en el campo. Aun así, están tristes. "Me alegré por mi propia situación, pero lo sentí por mis vecinos", reconoce ella.

Vida diaria en Dharavi.
Vida diaria en Dharavi.

De las 900 familias de su antigua vecindad, solo 250 han sido realojadas en el nuevo edificio. A las demás les cancelaron el alquiler. Diecisiete pisos más abajo en el nuevo ascensor —cuyas paredes todavía tienen el plástico de la fábrica— y a dos minutos a pie, las familias a las que han dejado en la calle se han congregado para una reunión de protesta. Están furiosas. Llevan décadas viviendo aquí y, sin embargo, las solicitudes para que la DRP las realoje se han desestimado. Ayer recorrieron la ciudad en manifestación hasta las oficinas de la MHADA cortando el tráfico a su paso. Venkatesh, una maestra de 37 años, es la portavoz de la multitud indignada:

"Hace 25 años que vivo en el barrio, y de repente, recibo una carta diciendo que estoy aquí ilegalmente y que tengo que dejar mi casa antes de una semana porque la van a derruir. Por supuesto que estoy enfadada", protesta. Ella y todos los demás habitantes han llevado el asunto a los tribunales para demostrar que el Gobierno no tiene razón. No se van a ir a ningún sitio, dice Venkatesh.

En el otro extremo de Dharavi, parece que Raju Koli ha descubierto al culpable de la desconexión a Internet. Escaleras arriba, en la azotea, está plantado delante de un nido formado por una maraña de cables. Al final, localiza el problema: el clima extremo de Bombay ha quemado un interruptor. Sustituye el componente y restablece la conexión a Internet. Jhoyti Agave está contento, y él se siente satisfecho.

Koli dice que en el suburbio todo es más caótico, y que los fallos pueden ser difíciles de rastrear. Hubo épocas en las que tenía que tender varios centenares de metros de cable por las azoteas para llegar a un solo cliente, fijándose en las líneas eléctricas a medida que avanzaba. Acercarse demasiado a ellas podía generar magnetismo y destruir los cables de Internet, explica. "En Europa y Estados Unidos los cables se instalan con cuidado y de manera sistemática, pero en el suburbio eso no es posible. No es como un bloque de pisos bien organizado".

Al ser uno de los habitantes más ricos de Dharavi y vivir en una de las zonas que no se van a reurbanizar de manera inminente, Koli no corre el peligro de tener que mudarse inmediatamente, pero no le gusta la perspectiva de que el barrio esté a punto de convertirse en una zona de bloques de pisos recién construidos. "Por ahora el Gobierno se está portando bien, pero pronto utilizará la fuerza para lograr su objetivo. Lo que quiere es este trozo de terreno".

Muchos habitantes de Dharavi temen que haya disturbios si el Gobierno desaloja la zona usando la violencia. Aseguran que la policía o el Ejército tendrán que intervenir, porque ellos no piensan trasladarse voluntariamente.

Ilustración de Dharavi. ampliar foto
Ilustración de Dharavi.

No más suburbios es un trabajo multimedia realizado por los periodistas Sven Johannesen, Sune Gudmundsson y Lasse Wamsler, y desarrollado gracias al programa de becas para periodismo sobre desarrollo del Centro Europeo de Periodismo, que recibe financiación de la Fundación Bill y Melinda Gates

Fotografía: Bernat Parera

Edición de vídeo: Journalistbureauet TANK

Traducción: John Antony y Newsclips

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