Oscar y auditorías
Mucho se especula sobre lo sucedido en la ceremonia de los Oscar. Sin embargo, falta analizar la influencia negativa que en la rutina del acto y los trámites supusieron la adjudicación a la misma auditora desde hace 80 años. Cuando tomé posesión de mi primer mandato de alcalde de Oviedo un veterano funcionario, al darme cuenta de las características de su servicio, me advirtió de algo que nunca he olvidado: “No suele pasar nada anómalo salvo que la rutina y la confianza nos jueguen un día la mala pasada de una desgracia”. Cuando fui eurodiputado, el Parlamento Europeo me encargó informes sobre la reforma de las auditorías, sometidas al oligopolio de las Big Four, al que pertenece la empresa culpable del estridente yerro hollywoodiense. Apoyándome en el comisario Barnier, hoy encargado de la negociación del Brexit, quisimos imponer la rotación de empresas auditoras. Lo que ha fallado en Los Ángeles no fueron los trabajos de auditoría sino otros que jamás deberían atribuirse a una auditora y que, en cualquier caso, deberían rotarse para conjurar lo que temía hace casi 40 años aquel funcionario de Oviedo.— Antonio Masip. Oviedo.


























































