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La resistencia constante en Gambia

El ciberactivismo es el último reducto de la contestación al expresidente Yahya Jammeh

Puesto de votación en Banjul, Gambia, durante las elecciones de diciembre de 2016-
Puesto de votación en Banjul, Gambia, durante las elecciones de diciembre de 2016- AP

El año 2014 se despidió en Gambia con el estruendo de un intento de golpe de Estado. El año 2015 amaneció con el silencio tenso de la sospecha de una purga. El levantamiento frustrado había dado al presidente Yahya Jammeh la enésima excusa para deshacerse de cualquier asomo de disidencia. Pero para entonces, ya hacía años que Gambia se había convertido en una gran cárcel en la que las celdas y los barrotes eran sólo una de las formas de represión. El periodista Sanna Camara lo sabe bien. No informaba sobre cuestiones políticas, sino sobre la trata de personas. Y pisó algunos callos. En agosto de 2014, tuvo que abandonar el país ante las presiones que estaba recibiendo. “Me aconsejaron que era mejor salir de Gambia si quería seguir trabajando, temía que en algún momento podía desaparecer o que me podían enviar a prisión”, comenta el periodista y activista desde Dakar.

Para la comunidad internacional Jammeh se iba convirtiendo en una caricatura a medida que cada una de sus apariciones resultaba más esperpéntica que la anterior. Sus declaraciones sobre su receta para curar el sida, la esterilidad o varios tipos de cáncer, o los exabruptos pretendidamente anticoloniales contra las potencias occidentales hacían ruido suficiente como para silenciar otras medidas. Más discretamente, Jammeh acogotaba a los medios de comunicación, ponía coto a la libertad de expresión o dirigía su ira hacia la comunidad homosexual. Sin embargo, en medio de este clima asfixiante de control y falta de libertad para disentir ha habido un ámbito en el que se han refugiado los críticos, uno de los pocos entornos en los que se ha mantenido la contestación permanentemente: se trata del ciberactivismo, la reivindicación en el entorno digital.

En la disidencia digital ha encontrado cabida la diáspora gambiana, los exiliados políticos y los pocos críticos que continuaban en el interior del país y que se beneficiaban del anonimato que permiten los medios sociales, pero también las organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos. Los medios sociales han mantenido la tensión de la crítica en un país en el que la censura y el control eran la norma. Es cierto que, ante las últimas elecciones, muchas gambianas y gambianos han perdido el miedo y no sólo han votado en contra de Jammeh, sino que previamente se habían movilizado y se habían manifestado como nunca antes lo habían hecho desde que en 1994 el controvertido presidente llegó al poder a través de un golpe de Estado. Desde el mundo digital, los ciberactivistas llevan años minando el prestigio del régimen gambiano, intentando debilitarlo difundiendo la información que el presidente no quería que se conociese.

Aisha Dabo es una de esas incansables ciberactivistas, una de las más veteranas y de las más reconocidas internacionalmente. Desde su residencia en Senegal se ha empeñado en mantener esa tensión en las redes sociales para romper las barreras del régimen gambiano. Recuerda los tiempos en los que la crítica en el entorno digital era apenas una anécdota. “A principios de los años 2000, los usuarios de las redes sociales éramos muy pocos e intentábamos crear una comunidad”, explica Dabo. Los datos de Internet World Stats corroboran la evolución: en diciembre del año 2000 había 4.000 usuarios de internet en Gambia, una cifra que prácticamente se había multiplicado por 100 en junio de 2016 (hasta los 373.865 usuarios). Aunque esta activista no se refiere sólo a los internautas dentro del país. Esa utópica comunidad habría estado formada también por los gambianos y las gambianas en la diáspora. “Había falta de experiencia en ese ámbito y eso hacía que la actividad fuese desordenada” confiesa Dabo, que recuerda la aparición de etiquetas sin éxito para muchas luchas.

El punto de inflexión, para esta referente del ciberactivismo gambiano, se produjo en 2012. “Después de la ejecución de los condenados a muerte, se crearon numerosas cuentas y páginas con identidades falsas, debido a la censura. Eran personas que estaban dentro del país e intentaban protegerse del régimen. En ese momento, hubo un cambio importante, porque muchas de esas personas no se habían interesado hasta ese momento por denunciar públicamente a través de internet las acciones de las autoridades”, explica Aisha Dabo.

Ese cambio de actitud, hizo que poco a poco los activistas se fuesen organizando. Y las iniciativas han sido cada vez más eficaces en la denuncia. Aisha Dabo recuerda #WatoSeeta (es el momento de partir) o #JammehMustGo, pero sobre todo el #JammehFact, la etiqueta mediante el que ciberactivistas gambianos y de otras comunidades próximas como la senegalesa denunciaron masivamente las violaciones de los derechos humanos que atribuían al régimen de Yahya Jammeh. El periodista y ciberactivista exiliado Sanna Camara se decanta por #GambiaRising. Ambas iniciativas se lanzaron en el mismo momento, cuando en abril empezaron a generalizarse las protestas de rechazo a Jammeh y con ellas la represión del régimen.

Dabo señala con satisfacción que durante este tiempo la contestación ha echado mano de un amplio abanico de herramientas digitales para desmitificar el régimen de Jammeh, desde los grupos de Facebook hasta las comunicaciones a través de Viber o Skype o los grupos de WhatsApp, sin olvidar Twitter, evidentemente. Todos esos canales permitían difundir informaciones diversas del presidente. “Al principio muchos no las creían, pero se trataba de romper con las informaciones controladas que se difundían en el interior del país. Con el paso del tiempo la represión se fue endureciendo y las condiciones económicas empeoraron mientras Jammeh se enriquecía”, advierte Dabo que considera que Jammeh no ha sido hábil gestionando estas nuevas formas de comunicación. “En un momento dado, la mujer del presidente creó una página de Facebook y un perfil de Twitter en el que compartía fotografías informales de Jammeh intentando cambiar su imagen y humanizarlo. Pero el efecto fue el contrario, porque los ciudadanos veían cómo la primera dama se dedicaba a ir de fiesta en fiesta, a viajar, a vivir rodeada de lujo”, comenta la experta en comunicación digital senegambiana.

En esta larga labor de desmontaje de Jammeh la diversas redes que se habían ido tejiendo han resultado fundamentales. Por un lado, las organizaciones internacionales y las ONG que han amplificado el mensaje más allá de las fronteras gambianas. “Durante mucho tiempo, lo que pasaba en Gambia no interesaba a nadie, pero hemos seguido insistiendo y al final el mensaje ha acabado pasando”, confiesa la ciberactivista. La red fundamental ha sido la de las comunidades on line africanas y, especialmente, la senegalesa. “Los dos países están estrechamente ligados y no sólo por una cuestión geográfica, sino por lazos de sangre”, recuerda Dabo. “La prensa y los blogueros siempre han sido solidarios. La prensa ha escrito sobre las campañas que las ONG han amplificado y la red de blogueros senegaleses ha sido fundamental a la hora de hacer formaciones a activistas gambianos sobre seguridad en Internet y sobre la creación de redes de comunicación alternativas”, cuenta la periodista, que destaca en este sentido el papel de Africtivistes, la liga panafricana de ciberactivistas.

De pronto, el 2 de diciembre se producía una noticia para la que nadie parecía estar preparado, una noticia, a priori, positiva pero que nadie esperaba. Yahya Jammeh anunciaba por televisión que aceptaba su derrota en las elecciones presidenciales celebradas menos de 48 horas antes. Reconocía al candidato de las fuerzas opositoras, Adama Barrow, como vencedor de los comicios. Jammeh daba por buenos los resultados anunciados por la comisión electoral que le daban el 36,7% de los votos, mientras que atribuía a Barrow el 45,5% de las voluntades expresadas por los electores gambianos. El escenario era inédito, impredecible e increíble, Jammeh cerraba su trayectoria despótica sin aspavientos, aceptando la voluntad de las urnas sin resistirse ni intentar retorcerla. Y por un momento, la euforia se desataba. Los activistas exhalaban el aliento contenido de la tensión provocada por más de dos décadas de censura, control y falta de libertades. “Jamás pensé que Jammeh aceptaría su derrota, fue toda una sorpresa. Después supimos que había habido presiones diplomáticas para que reconociese el resultado de las elecciones, que no era una decisión totalmente voluntaria”, comentaba Sana Camara.

Gambia no interesaba a nadie, pero hemos seguido insistiendo y al final el mensaje ha acabado pasando

Aysha Dabo, activista

Sin embargo, el espejismo saltó por los aires en una semana. Jammeh volvió por sus fueros. El 9 de diciembre compareció de nuevo en la televisión, pero en esta ocasión para desdecirse, rechazar los resultados y exigir nuevas elecciones. En resumen, para abrir una enorme brecha de incertidumbre en el país. Sin embargo, la reacción de los ciberactivistas, que ni siquiera habían tenido tiempo de acostumbrarse al ataque de sensatez de perdedor de las elecciones, no se hizo esperar. Volvieron a la carga en las redes sociales. Habían tocado con la yema de los dedos el futuro que llevaban años soñando y no estaban dispuestos a renunciar a él. La campaña en los medios sociales se concretó de manera inmediata en etiquetas suficientemente simbólicas como #SaveGambiaDemocracy (Salva la democracia gambiana) y #SaveNewGambia (Salva la nueva Gambia).

Estas etiquetas federaron la determinación de los usuarios de colocarse del lado del presidente electo Adama Barrow y que pretendían aglutinar las informaciones acerca de los movimientos de la comunidad internacional. De hecho, pretendían mostrar a estos organismos internacionales cuál era la voluntad popular. Y a ellas se unieron algunas acciones también simbólicas, como el ataque por parte de un grupo de piratas informáticos a la web de la presidencia, en la que se colocó la imagen del presidente electo, Adama Barrow y las leyendas “President Elect Adama Barrow” y “A luta continua, vitória é certa”. O la petición digital a la primera dama, ZIneb Jammeh, para que disuadiese a su esposo y le convenciese de volver a aceptar la voluntad popular.

Finalmente, los esfuerzos de mantener la tensión en las redes sociales se cristalizaron a través de la etiqueta #GambiaHasDecided, mucho más directa y con un mensaje mucho más claro, que fue el que, con el paso de los días, ha tenido una mayor aceptación. #GambiaHasDecided ha seguido la evolución de las delegaciones africanas que han negociado con los actores políticos gambianos. La etiqueta difunde material multimedia, sobre todo, vídeos sobre la crisis en el país y, sobre las acciones de protesta. Paralelamente, las camisetas y las vallas publicitarias con el mismo lema han demostrado, por un lado, la convicción y la decisión de los ciudadanos y, por otro, cómo han perdido el miedo a mostrar su rechazo a Jammeh. Además, han mostrado la solidaridad de otros movimientos sociales africanos.

Mientras la incertidumbre de la situación se despeja, los ciberactivistas continúan dispuestos a mantener la tensión en las redes, a disentir y a denunciar, como han hecho hasta ahora durante los últimos años, cuando muy pocos se atrevían a alzar la voz en el país. “Gambia estará mejor sin Yahya Jammeh”, afirma convencido Sana Camara. “Habrá libertad y progreso, porque el nuevo Gobierno se apoya en la voluntad de los ciudadanos sin coacciones ni amenazas. Es una revolución popular y las perspectivas son ilimitadas”. Por su parte, Aisha Dabo, considera que todo el mundo debe contribuir a la construcción de la nueva Gambia. “El presidente electo”, continúa la ciberactivista, “ha prometido que suprimirá las leyes que limitan las libertades de los ciudadanos, sobre todo, la libertad de expresión”.

Durante una semana, estos activistas, como muchos otros ciudadanos comprometidos y gambianos y gambianas de a pie, probaron el sabor de la libertad que durante 22 años les ha sido negada. Durante esos días, Gambia fue además un ejemplo, para muchos movimientos sociales del continente. Ese corto periodo de euforia ha aumentado la determinación de los protagonistas, pero también complica la salida de la crisis porque parece que la única opción es que Jammeh acepte su derrota y abandone el sillón presidencial, pero no parece estar dispuesto a hacerlo. Dabo teme que la crisis pueda degenerar en violencia, aunque confía en que “la situación se arreglará, aunque cueste” y cuando eso ocurra la defensora de los derechos humanos sentencia: “Los ciberactivstas seremos solidarios con nuestros hermanos y hermanas africanos, como lo han sido con nosotros. África necesita de nosotros y la lucha continuará hasta que la victoria sea total, hasta que los derechos humanos y la voluntad de los pueblos sean respetadas en todos los Estados africanos”.

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