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Entrevista con Belkacem Machane

“Estamos trabajando como bomberos”

El subdirector del Programa Mundial de Alimentos en Níger insiste en no centrarse solo en la ayuda de emergencia y desarrollar sistemas sostenibles para combatir el hambre

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Belkacem Machane, durante una visita a Diffa en junio de 2016. WFP

¿Por qué el Programa Mundial de Alimentos está aquí? “Porque hay necesidad”. Así de directo responde Belkacem Machane (Argel, 1964), subdirector en Níger de esta entidad de las Naciones Unidas creada en 1962 con la misión de contribuir a reducir el hambre y la pobreza. Su punto fuerte es proporcionar apoyo logístico para llevar alimentos a las personas que más los necesitan, en el momento preciso y en el lugar adecuado, y esa es la de Machane desde su oficina de Niamey. Lleva en el país poco tiempo, apenas un año, pero antes le ha dado tiempo a curtirse trabajando en emergencias humanitarias en Kosovo, Irak, Haití, Guinea Conakry, Djibouti, Etiopía.... Con 17 años de experiencia ha recalado en este país de África central que siempre arrastra la etiqueta de ser el menos desarrollado del mundo.

Machane es de origen argelino y boliviano, de ahí su impecable español. Arquitecto de formación, acabó involucrado en la ayuda humanitaria después de prestar sus servicios y conocimientos a un amigo de una ONG que quería construir centros de salud en Bolivia. Una cosa llevó a la otra, y así acabado en Niamey, donde se enfrenta desde su puesto a un doble problema: uno, la amenaza de grupos armados que azota las fronteras con Nigeria y Mali y que obliga a los nigerinos a huir perdiendo todo por el camino, incluso la posibilidad de alimentarse. Por otro, las recurrentes sequías y los procesos de desertificación de un país que solo tiene un 12% de su territorio cultivable.

¿Cómo es la situación de los habitantes de Níger desde el punto de vista alimentario?

Níger es un país con una situación geográfica difícil. La tierra es pobre porque el 70% es desierto, sobre todo en el norte, en el Sahara, donde la agricultura casi no existe. En los oasis se pueden producir cantidades pequeñas pero no una agricultura para permitir al país ser independiente de las importaciones de alimentos y de la ayuda humanitaria. El sur, donde sí se puede desarrollar una buena producción, necesita sistemas de riego porque producen solo una vez año y dependiendo de la lluvia, así que cada vez que se da una sequía el país no puede producir los alimentos que necesita su población.

Níger ha tenido varias sequías fuertes. ¿El riesgo de hambruna es alto?

No, no hay riesgo como en 2009 y 2010, que había una emergencia. Estamos en mejor situación porque han tenido apoyo, tampoco hay que decir que no lo ha tenido, pero ha sido de emergencia.

Existen problemas por el escaso desarrollo de la agricultura y a la vez las mujeres cada vez tienen más sus hijos. Se estima que en 18 años se duplique la población...

El promedio es de 7,6 hijos por familia, uno de los desarrollos demográficos más altos del mundo. La agricultura depende de la lluvia y no hay sistemas de riego para desarrollarla más. Hay mucho que hacer, como inversiones en el sistema de irrigación o capacitar a los campesinos.

¿La ganadería y la pesca ayudan a reducir la inseguridad alimentaria o son sectores pequeños?

La pesca es un sector muy pequeño porque Níger no tiene mar, sólo la practican quienes viven cerca del río y las capturas son limitadas porque el agua también lo es. En cuanto a la ganadería, sí hay bastante pero depende también de la lluvia y de la cantidad de agua disponible. Esto a veces complica las cosas porque los ganaderos son nómadas, y a veces pasan por lugares donde hay una agricultura muy frágil y los animales destruyen todo. Es peligroso para la estabilidad del país, pues a veces se producen choques y peleas, y también porque el agua no alcanza.

El promedio es de 7,6 hijos por familia, uno de los desarrollos demográficos más altos del mundo

Níger está rodeado de tres países con graves problemas de inseguridad por la amenaza de grupos armados: Libia, Mali y Nigeria. ¿Cómo impacta en la seguridad alimentaria estar rodeado de problemas?

La inseguridad supone una reducción de la producción agrícola y un incremento de la demanda. La parte Este es la más afectada. La gente que vivía de la agricultura ya no tiene tierra para producir alimentos cuando se desplaza por razones de seguridad; no han preparado la tierra antes de la época de lluvia pero tienen que comer igualmente. Y por otro lado, las comunidades que reciben a los desplazados tienen que compartir las cantidades que tenían. A estos dos colectivos que sufren de inseguridad alimentaria hay que sumar a los refugiados de Malí y de Nigeria.

Y, sin embargo, en este país la población acoge a los refugiados en sus propias comunidades, algo que no estamos acostumbrados a ver en Europa. ¿Esa solidaridad va con el carácter nigerino?

En la cultura africana está muy arraigado el principio de compartir, y ese movimiento de población en las fronteras es de personas de la misma cultura, idioma y tradición. La población local está recibiendo y compartiendo todo lo que tiene, y es una suerte porque, si no existiera esta solidaridad, la situación sería mucho más complicada.

En concreto en Diffa, ¿cómo afecta la violencia de Boko Haram?

Tenemos grupos de desplazados que han tenido que cambiar de lugar tres o cuatro veces en busca de protección, y estoy hablando de un periodo reciente, desde junio. Ese año, después del ataque que vivió Bosso, fui allí y vi que casi toda la población de esa ciudad había caminado como 40 o 50 kilómetros para llegar a la ciudad de Diffa, donde hay más seguridad. Los niños estaban deshidratados, sin agua, sin nada… Es una población que ha sufrido mucho y sigue sufriendo, tenemos que trabajar más y buscar una solución permanente.

¿De cuánta gente hablamos?

Hablamos de unas 250.000 personas, una cifra que incluye a refugiados, desplazados y a una parte de la población local que está ayudando a los dos anteriores. Pero el problema afecta a toda una región en la que no hay apenas producción agrícola. En el mercado casi no hay productos alimentarios y los precios han ido subiendo. Estamos entonces hablando de más de 400.000 personas que necesitan ayuda en esta región del país.

Con una situación así, ¿cómo interviene el PMA para dar una respuesta a tanta gente en circunstancias tan complicadas?

Tenemos una experiencia de casi 50 años que ha sido esencial. Contamos con una red de logística y un centro de operaciones para cada región donde almacenamos productos para distribuir rápidamente: uno en Ghana para el oeste de África, uno en Dubai, para el Este y Oriente Medio, uno en Malasia para Asia, uno en Panamá para América Central y del Sur y el almacén más grande en Brindisi, Italia. Esta red nos da flexibilidad y rapidez para responder a cualquier emergencia, pero eso no es la única estrategia que tenemos: en cada país disponemos de un stock de emergencia para cuando hay una llegada de refugiados o desplazados. Y los primeros días se distribuyen productos nutricionales para facilitar la recuperación de los pequeños. Después hacemos un análisis de la situación y definimos los requerimientos y necesidades. Después depende de la situación del país y de sus beneficiarios, a veces cambiamos esa ayuda incondicional a otra condicional.

Se están cubriendo las necesidades de unas 600.000 personas de los dos millones que necesitan ayuda en todo el país

¿Qué es la ayuda condicional?

Es lo que se llama trabajo por alimento o por dinero. Cuando los mercados funcionan y no hay riesgo de desestabilizar la economía local, usamos dinero para facilitar el acceso a los alimentos y dar la posibilidad también de tener una cesta de la compra más equilibrada con productos frescos como verduras o frutas, que nosotros no distribuimos porque son perecederos. Esto también sirve para ayudar a la economía local y dar más motivación a los productores. Esto en el caso de emergencia.

Ahora hay otros casos más interesantes: son emergencias que no tienen relación con seguridad pero sí la tienen con la seguridad alimentaria y con la producción agrícola. Casi el 50% de las emergencias tienen que ver con el clima: sequía, inundaciones, plagas o falta de recursos y de tierra fértil. EL PMA apoya a los más vulnerables a estos fenómenos a desarrollar un sistema de recuperación rápida después de un choque a través de proyectos que podemos llamar inteligentes. En ellos trabajamos bajo estas modalidades de trabajo por comida o por dinero. Por ejemplo, existen lugares con problemas de desertificación donde la arena está cubriendo toda la tierra agrícola. Tenemos algunos proyectos piloto acá en Níger donde la población ha hecho el trabajo y el PMA solamente ha apoyado la parte técnica y la financiera. Ellos han recuperado las tierras agrícolas y ahora pueden cultivar. Esos proyectos duran como mínimo de dos a tres años, no son de emergencia pero ayudan a prevenir emergencias futuras.

¿Qué técnicas se usan para la recuperación de tierras?

Las técnicas que usamos son ancestrales, esa población local ya las usaba cuando tenían agua y tierras ricas ya listas para la agricultura pero, con la desertificación y la deforestación que ha conllevado cortar todos los árboles, ha aumentado la erosión de esas tierras y han sido destruidas. Esa población que antes podía producir vive ahora con una inseguridad alimentaria alta, muy alta. Pero los proyectos que hemos puesto en marcha están dando resultados: hay árboles que están creciendo, dando más riqueza al suelo y absorbiendo agua. Dan madera y dan sombra, muy necesaria porque este es un país muy caliente. También beneficia a los animales porque, cuando se estabiliza la tierra, se pueden cultivar plantas para alimentar al ganado.

Tenemos cuatro o cinco proyectos pilotos acá y han dado muy buenos resultados. Y eso es el futuro, porque la ayuda directa sirve en el momento, pero a medio y largo plazo ya no tiene impacto. Salvar vidas es la prioridad número uno pero después hay que pensar cómo ayudar a esa población para no vivir otra vez las mismas situaciones de emergencia después de una sequía o una inundación, etc.

Por otra parte, el programa de menús escolares se ha reducido, ¿qué ha pasado?

Hay una demanda grande porque hay emergencias: Siria, Yemen, una sequía ahora en la parte Este de África del Sur… Y no hay recursos para todos. Hay que dar prioridad y eso nos complica el trabajo porque todo es importante. Nos hemos concentrado en los lugares más pobres, pero eso no quiere decir que no haya necesidad en otros.

¿De dónde llega la financiación que necesitan y quién decide dónde se recorta?

Los donantes más grandes son la Unión Europea y Estados Unidos, y también tenemos apoyo de naciones como Japón o países europeos, como Alemania, que envían de manera directa. Pero es insuficiente.

¿Que está aportando el Gobierno de Níger?

El PMA cubre una parte de las necesidades. El Gobierno de Níger posee un stock estratégico, que no es suficiente, pero tiene esa voluntad de tener un sistema de stock para emergencias, otro de alerta temprana, etc. Estamos ayudando al Gobierno para que tenga todos esos mecanismos en el futuro. El Gobierno tiene también un mecanismo nuevo que se llama 3N: NNN en francés:  Les Nigeriens Nourrissent les Nigeriens (Los nigerinos alimentan a los nigerinos). Quiere decir que con la producción local de Níger, si todo está bien planificado, se pueden dar alimentos a toda la población. Es un mecanismo de coordinación multidisciplinar donde entran agricultura, salud, desarrollo, educación, etc.

¿Y en cuanto se ha reducido la ayuda?

El requerimiento es para cubrir las necesidades alimentarias de unos dos millones de personas en todo el país pero a niveles diferentes, unos más que otros, aunque todos necesitan. Pero con los recursos limitados que tenemos hemos dado la prioridad a los beneficiarios más vulnerables. Necesitamos más, mucho más de lo que hemos recibido.

Salvar vidas es la prioridad número uno pero después hay que pensar cómo ayudar a esa población para no vivir otra vez las mismas situaciones de emergencia

¿Entonces a cuántos van a llegar?

Ahora estamos cubriendo más o menos las necesidades de unas 600.000 personas. Casi la mitad de la población que lo necesita sigue sin apoyo o con un apoyo limitado. Estamos trabajando como bomberos: llevamos los recursos a los lugares donde hay más riesgo de perder la vida, pero la parte del desarrollo no tiene prioridad ahora. Hablo de los donantes. Ellos dicen que hay que dejarla como segunda prioridad pero si no hay una buena inversión en ayudar a esos dos millones de personas a desarrollar sistemas sostenibles, vamos a seguir apagando fuegos, y ese fuego va a volverse crónico, cada año vamos a tener el mismo problema: emergencia, emergencia y emergencia porque no hemos tenido la financiación suficiente para ayudar a esa gente a desarrollar maneras de recuperarse. Van a seguir necesitando esa ayuda de emergencia.

¿Tiene la sensación de que Níger es un país de segunda para los donantes, que no es prioritario?

No, no hay categorías, hay otras emergencias que están ocultando un poco a otros países. Y otra vez me repito: si no hay inversión ahora en lo que llamamos resiliencia, esto va a seguir, cada año vamos a tener otra catástrofe natural y esto nunca va a parar.

Vamos, que es igual o más importante ayudar al desarrollo que a la emergencia…

Y si hay pocos recursos, el PMA tiene que dar prioridad a las emergencias, pero estamos dejando la mitad del trabajo sin hacer. Queriendo dar prioridad al desarrollo, tenemos que darla a emergencias, a salvar vidas, así que estamos con recursos limitados pero no podemos dejar la parte de desarrollo sin ninguna dotación. Hacemos lo que podemos con lo que tenemos.

¿Qué es lo más difícil de su trabajo?

Es no poder dormir por las noches porque no he podido… [largo silencio] llegar al objetivo que tenía en la mañana. Queremos hacer muchas cosas y a veces por la falta de fondos y de recursos me siento un poco frustrado. Esta situación me produce insomnio.

¿Tiene pensado seguir?

Me siento satisfecho, estoy muerto al final del día pero lo que me da más energía es pensar en la sonrisa de un niño o de una madre después de recibir la ayuda que necesita, no puedo describirla. Es algo que vives cuando vas al campo. Esa sonrisa tiene algo especial, no existe en otras partes del mundo, existe solamente donde existe ese miedo a perder la vida o perder un hijo y al final ha llegado esa ayuda, que es como el oxígeno que viene después de pasar un momento muy difícil sin respirar. No sé cómo describir esa cosa, esas sonrisas.

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