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Larga vida a la monarquía

Si hace 40 años los españoles hubiéramos tomado el camino republicano en lugar del monárquico, ¿estaríamos mejor?

El Rey Felipe saluda al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El Rey Felipe saluda al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Cuando el estudioso Edward Banfield preguntó a un campesino italiano de posguerra cuál era su forma ideal del gobierno, éste respondió que la monarquía porque el rey es del dueño del país. Como el dueño de una casa cuando se rompe una tubería, el rey tiene más interés en arreglar los problemas del país que el inquilino de turno.

La reflexión del campesino era parcial. Y no tenía en mente la monarquía constitucional que daneses, británicos y españoles compartimos en el siglo XXI. Pero toca un aspecto esencial en cualquier debate sobre la forma de gobierno: ¿qué incentivos tiene el jefe del Estado para pensar en el largo plazo de la nación y no dejarse arrastrar por las luchas políticas del momento?

Ahí parten con ventaja las monarquías hereditarias. En particular, las que siguen el principio de primogenitura. Las monarquías con otros mecanismos de sucesión, como algunos países árabes hoy o las monarquías electivas del medievo, tienen lo peor de los dos mundos: ni legitimidad democrática ni estabilidad.

Si hace 40 años los españoles hubiéramos tomado el camino republicano en lugar del monárquico, ¿estaríamos mejor? La respuesta no puede ser concluyente, porque es difícil aislar el efecto que la forma de Estado tiene realmente en una sociedad. Pero es innegable que los ránquines de países mejor gobernados del mundo están encabezados por monarquías constitucionales, de las antípodas a Canadá, pasando por los países nórdicos.

Las repúblicas entrañan más riesgos. Los jefes de Estado elegidos en las urnas pueden caer en la tentación de extralimitarse en sus funciones para avanzar una agenda partidista. Ha sido la rutina en los presidencialismos americanos, con la excepción de Estados Unidos. Hasta Trump. Con lo que ahora leemos a partidarios de una monarquía constitucional para Norteamérica hasta en The New York Times. Pero, en un sistema parlamentario, ¿no podría España funcionar tan bien como la república alemana? Sí, pero también podríamos haber seguido a las menos ejemplares repúblicas de Italia o Grecia.

En democracia, la legitimidad de los reyes para gobernar ha muerto. Larga vida a la monarquía pues. @VictorLapuente

 

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