Dejar a la madre en paro
Uno pensaba hasta hoy que estos neoliberales, del mismo modo que los rusos amaban a sus hijos, también debían amar a sus madres y, tarde o temprano, devolverían las tijeras al cajón, ya sea por bondad o para ir al callista. Pues no


Esta semana, el primer ministro británico David Cameron ha dejado a su madre sin empleo –de acuerdo, era voluntaria, pero el valor aquí está en el simbolismo- al cerrar la escuela en la que trabajaba. A su madre. A la única persona que le conoce desde antes de que naciera.
La noticia me ha recordado al tema Russians, escrito por Sting en 1985. La letra rememoraba la célebre frase pronunciada treinta años antes por Nikita Kruschev en la embajada polaca en Moscú durante una recepción a la que acudieron los embajadores de las principales naciones occidentales. “Os enterraremos”, amenazó el premier soviético. Sting afirmaba en su canción que Kruschev no iba en serio, iba de vodka. Suponía el músico que “los rusos también deben amar a sus hijos”. Escuchando el tema hoy, no queda muy claro si el ex The Police negaba la posibilidad de un apocalipsis nuclear porque los soviéticos jamás matarían niños occidentales, o porque los soviéticos sabían que si mataban niños occidentales caerían también los suyos; si no le daban al botón rojo por bondad, o por prudencia. La Guerra Fría siempre fue un poco demasiado compleja para el pop.
Tres décadas después, otro peligro nos acecha: los recortes neoliberales. Aunque se cierren hospitales y escuelas, e incluso parezca que se llegará al punto de que existan contratos por cero horas, o sea, un contrato de trabajo que no garantiza ningún trabajo y, por ende, ningún sueldo, uno pensaba hasta hoy que estos neoliberales, del mismo modo que los rusos amaban a sus hijos, también debían amar a sus madres y, tarde o temprano, devolverían las tijeras al cajón, ya sea por bondad o para ir al callista. Pues no.
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