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Comida social

El sentido del gusto lo formamos en compañía. Compartir mesa garantiza una vida sana porque fomenta las relaciones sociales y mejora los hábitos alimentarios

Sentados frente a una mesa, es difícil reparar en que tras esa acción cotidiana y compartida que es comer se disimula un acto en el que confluyen conductas, juicios, pareceres, gestos y ritos que moldean nuestro comportamiento. Alrededor del plato participamos, celebramos, agasajamos, descubrimos y convergemos; se conmemora, se acuerda, se ríe, se dialoga, se critica, se saborean recuerdos y se tragan disputas. En torno a los fogones las abuelas cocinan tradiciones, las madres despliegan afectos, los expatriados recuerdan el hogar perdido, los compañeros aluden al amigo fallecido, los empresarios cierran negocios, los poderosos despliegan códigos y las parejas reafirman su amor.

El perejil

Es un condimento muy habitual en nuestras cocinas. Las cantidades que se consumen habitualmente son muy pequeñas (aproximadamente un gramo) y entre sus propiedades destaca la vitamina C. Posee otras sustancias no nutritivas como los polifenoles, flavonoides, con capacidad antioxidante, y clorofila, que es un pigmento natural que le confiere su color verde. Este colorante también se encuentra en otros alimentos como en las verduras y frutas no maduras.

La comida establece el medio apropiado para entablar relaciones a través de experiencias compartidas. Agazapada tras este hábito común está la práctica ancestral de participar del fuego colectivo de los grupos humanos primitivos, donde se gestaron las redes sociales complejas, como recuerdan las investigaciones de Polly Wiessner, una antropóloga de la Universidad de Utah (Estados Unidos). Porque en la rutina culinaria se establecen los códigos comunitarios desde que nacemos. Formamos el sentido del gusto en contacto con otras personas, en lo que es un ejercicio de sociabilidad que se mantiene a lo largo de toda la vida.

El acto de sentarse a la mesa se puede convertir en algo turbador e incómodo cuando se vuelve solitario por costumbre, disipando sus cometidos socializadores, hasta el punto de que hay tesis que señalan que comer sin compañía deriva en adquirir peores hábitos alimentarios porque se abusa de productos poco saludables y se deglute más rápido y peor. Además, la compra se vuelve monótona. En este caso, los menús se transforman en simples trámites de menos cantidad y calidad si se comparan con los de alguien que come acompañado.

La costumbre de compartir mesa con otros encierra nuestra experiencia afectiva y social, que está relacionada con la tendencia natural de querer encajar en el grupo. Un trabajo de la investigadora Brenna Ellison, de la Universidad estadounidense de Illinois, revela que cuando se sale a comer con más gente se piden menús similares o de la misma categoría que el resto de comensales, evidenciando que muchas de las decisiones que se toman parecen estar influenciadas por la decisión de los otros. Es importante adquirir buenos hábitos y ampliar la cultura gastronómica, pero también compartirla con más personas. Así que si quiere disfrutar de una vida larga y plena, amplíe su cultura culinaria y el círculo de relaciones. Eso sí, después de apagar el teléfono móvil.

elpaissemanal@elpais.es

Ingredientes 

(Para 4 personas)

Para el calamar: 500 gramos de calamar grande, 500 gramos de azúcar, 200 gramos de sal, leche de coco, cebollas encurtidas.
Para la sal de hierbas: 200 gramos de diferentes hierbas (perejil, tomillo, salvia, albahaca y cilantro), 3 limas y 50 gramos de sal.
Para el jugo de coco: 100 mililitros de agua de coco, 10 mililitros de jugo de lima y pimiento de Ezpeleta en polvo.

Elaboración

El calamar
Limpiar el calamar y abrirlo por la parte de la pluma. Mezclar la sal y el azúcar y disponer el pescado encima de esta base. Cubrirlo con más mezcla. Marinar durante 30 minutos. Pasado el tiempo, lavar el calamar y cocerlo en la leche de coco a fuego bajo durante 20 minutos. Enfriarlo y reservarlo en este jugo durante cuatro horas.

La sal de hierbas
Triturar en una batidora todas las hierbas junto con la sal. Se obtendrá una pasta. En el caso de que la masa no permita seguir machacando, utilizar un mortero para obtener una mezcla más homogénea. Agregar la piel de las limas rayadas lo más fina posible. Pasar la pasta a una bandeja y estirarla formando una capa muy fina también para que se seque. Remover de vez en cuando para facilitar su secado.

El jugo de coco
Mezclar el agua de coco con zumo de lima y sazonar con el pimiento de Ezpeleta. Reservar.

Acabado y presentación
Lavar el calamar en agua para retirar el exceso de leche de coco y secar con un paño. Quemar con soplete todas sus caras. Laminar. Cortar las cebollas encurtidas en juliana. En la base de un plato hondo servir las láminas de calamar y la cebolla. Mojar con el jugo de coco. Terminar con la sal de hierbas.

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