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LA PUNTA DE LA LENGUA

Te llamo en una hora

La fórmula “lo hago en dos días” producirá confusión si ocupa los significados de “durante” y “al cabo de”

La oración “lo hago dentro de una hora” implica un plazo. Y “lo hago en una hora”, también. Sin embargo, esos 60 minutos no terminan al mismo tiempo.

Si alguien nos dice “haré la comida dentro de una hora”, entendemos que empezará entonces a calentar el horno. Pero si oímos “te haré la comida en una hora”, el estómago activará los jugos gástricos mucho antes.

Cada vez se mezclan más ambas expresiones, tasadas antes con significados distintos. “Hacer algo en una hora” equivalía a “durante”; mientras que “hacer algo dentro de una hora” significaba “al cabo de”. Y hoy en día (por influencia del inglés) se anuncia “iré en unos minutos” cuando se quiere decir “iré dentro de unos minutos”.

La opción tradicional (“lo hago dentro de una hora”) resulta un tanto paradójica, porque equivale a ejecutar algo cuando haya pasado ese tiempo; es decir, fuera de la hora en cuestión. Pero no hay sinrazón en ello, pues no se está usando ahí el adverbio “dentro”, sino la locución prepositiva “dentro de”, que indica el término de un periodo visto desde la perspectiva del presente.

Ninguna de esas dos posibilidades provoca malentendidos cuando el verbo refleja un acto momentáneo: “Te llamo dentro de cinco minutos” o “te llamo en cinco minutos”. El problema radica en que cada tipo de verbo (a tenor de su eficacia temporal) daría su propio resultado. Veamos algunos ejemplos (tras rogar comprensión a los gramáticos, pues vamos a simplificar mucho):

Cada vez se mezclan más ambas expresiones, tasadas antes con significados distintos

Con ciertos verbos incoativos (la acción empieza), no cambia el sentido: “Lo emprenderá en dos días” es lo mismo que “lo emprenderá dentro de dos días”. Tampoco se altera con los iterativos (la acción se repite): “Me besuqueará en dos días” es igual que “me besuqueará dentro de dos días”.

… Pero con otros sí. Por ejemplo, con otra parte de los incoativos: “Florecerá en dos días” –desde que lo plantemos– frente a “florecerá dentro de dos días” –y lo plantamos hace un mes–; o con los semelfactivos (verbos de una sola acción): “lo hallaré en dos días” se distingue de “lo hallaré dentro de dos días”. Y con algunos durativos (la acción permanece): “Viene en dos días” difiere de “viene dentro de dos días”;

Y lo mismo sucedería con un verbo desinente (la acción se ejecuta una sola vez): “Morirá en dos días” frente a “morirá dentro de dos días”: en el primer caso, el sujeto se está muriendo durante dos días, en el segundo puede fallecer asesinado.

Pero sería un rollo pensar en todo eso antes de hablar. Si la oración “lo hago en dos días” ocupa los dos significados, causará confusiones; mientras que si tal fórmula deja amablemente su sitio a “lo hago dentro de dos días”, evitaremos la ambigüedad y se resolverá el problema en un santiamén. (O “dentro de un santiamén”, que ya me he liado).