Debate sobre las pensiones, ya

La última reforma ha fracasado; el envejecimiento de la población y la caída de las rentas obligan a cambiar el modelo

La ministra de empleo y seguridad social, Fátima Báñez EFE

Que el sistema español de pensiones tiene un grave problema de supervivencia es algo que ya nadie pone en duda. La pretendida reforma de las pensiones del Gobierno apenas puede considerarse como una cataplasma tibia para curar un mal profundo aplicada además donde no se debe (el gasto), cuando es evidente que a corto, medio y largo plazo el problema es de ingresos.

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF, un organismo dependiente de Hacienda) ha puesto en números lo que ya es un lugar común entre los expertos en Seguridad Social: los ingresos no crecen con el suficiente ritmo para financiar las prestaciones. La autoridad fiscal descarta que entre 2015 y 2018 el objetivo de recaudación fijado se vaya a conseguir. Si para este año estaba previsto ingresar 109.833 millones, será un éxito si se consiguen 100.000; en cuyo caso ya es imposible confiar que en 2016 se consigan los 117.242 millones previstos, puesto que los ingresos están creciendo a un ritmo de una sexta parte de lo previsto. El objetivo de equilibrio presupuestario de la Seguridad Social en 2019 es, según estas cuentas, una auténtica quimera.

Tendría interés analizar si el equipo económico se equivocó en sus cálculos por error, porque sobreestimó los efectos de la recuperación o porque prefirió ocultar la cruda realidad para colgarse medallas electorales. Pero lo que de verdad importa es que la estructura de población (envejecimiento) y la evolución previsible del empleo y de las rentas convierten en inviable a medio plazo el sistema actual.

Es imperativo ponerse a debatir si las pensiones tienen que financiarse con impuestos (nuevos) o con los presupuestos. La última e insustancial reforma es decepcionante. Cuanto antes se acepte esto y se inicie la discusión sobre el nuevo modelo, mejor.