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COLUMNA

San Mateo y la política científica

La ciencia española parece estar actualmente gestionada por “escribas" que no valoran la originalidad, la viabilidad o el interés científico de los proyectos

En un artículo de Science de enero de 1968, Robert Merton acuñó el concepto de “efecto Mateo” y desde entonces esta expresión ha venido disfrutando de general aceptación en la sociología de la ciencia y en la política y la gestión científicas.

Se refiere, en síntesis, a las ventajas acumulativas que tienen los ricos, que se hacen cada vez más ricos, frente a los pobres que continúan empobreciéndose y en la gestión de la I+D sirve para explicar o justificar que quienes tienen más publicaciones y más financiación obtienen cada vez mayores subvenciones o ayudas, mientras que a los menos productivos y peor financiados les resulta crecientemente difícil seguir obteniendo aun la mínima financiación de subsistencia.

El evangelio de San Mateo lo cuenta en la parábola de los talentos, en la que el señor acaba quitándole a uno de sus sirvientes el único talento que le había dado y ordena dárselo al que ya tenía diez, porque “a todo el que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene aun lo que tiene se le quitará”.

Robert Merton conocía bien los evangelios , pero quizá no consideró necesario para sus estudios de sociología de la ciencia traer a colación otro pasaje, también de San Mateo, pero un poco anterior (capítulo 23.23), que dice así: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe!”.

Los responsables del Ministerio de Economía y Competitividad de los que en España depende extrañamente la gestión de I+D (ya don Manuel Fraga decía que Spain is different) no parecen tener presente la parábola de los talentos y no aplican por lo tanto el efecto Mateo, sino el proceder de los escribas y fariseos que otorgan mucha más importancia a las minucias de la menta, el anís y el comino en detrimento de lo sustantivo y lo relevante.

Juzgue usted mismo si no un artículo de la actual convocatoria de ayudas a proyectos de investigación, de casi cincuenta páginas, que dice así: El currículum abreviado se presentará obligatoriamente en el modelo disponible en la página web del Ministerio de Economía y Competitividad y no podrá exceder de 4 páginas, escritas con letra Times New Roman o Arial en un tamaño mínimo de 11 puntos; márgenes laterales de 2,5 cm; márgenes superior e inferior de 1,5 cm; y espaciado mínimo sencillo.

Me reconocerá que el tipo de letra, que solo puede ser Times o Arial, el número de puntos, los márgenes y otras minucias tipográficas tienen poco que ver con la investigación científica, la I+D, la innovación o, incluso, la economía y la competitividad que dan nombre al ministerio de tutela, pero ni se le ocurra incumplir esas minucias tipográficas porque, de hacerlo, recibirá una comunicación, que no admite recurso ni discusión, y que dice así:

ANEXO. CAUSAS DE INADMISIÓN DE LA SOLICITUD DE REFERENCIA

El currículum abreviado del investigador principal no cumple los requisitos establecidos en el artículo 11.7.b) de la convocatoria, bien porque no se ha aportado en el formato disponible en la web en esta actuación, o bien porque no se han respetado el tipo de fuente, el tamaño de fuente, los márgenes, el espaciado o el número máximo de páginas.

Quizá no es adecuado llamar “fariseos” a los responsables de I+D del MINECO, porque el término resulta hoy ofensivo, pero me reconocerá usted que sí podemos decir que la ciencia española parece estar actualmente gestionada por “escribas”, unos escribas que valoran más el comino, el anís y el eneldo, o sea, el tipo de letra, los márgenes o el espaciado que la originalidad, la viabilidad o el interés científico de los proyectos.

Esos responsables desconocen, probablemente, que la tesis doctoral de John Forbes Nash, leída en 1950, tenía 28 páginas, había sido escrita en un papel de ínfima calidad y contenía algunas tachaduras y chapuceras correcciones manuscritas, lo que no le impidió ganar con ella un premio nobel en 1994; puede usted consultar el original de esa tesis en la Red, si siente curiosidad. La historia de la ciencia está llena de ejemplos similares, lo que debería hacer recapacitar a quienes gestionan actualmente esta política en España.

Tras más de un 30% de reducción en los fondos de I+D que se ha infligido en lo que llevamos de legislatura, solo nos faltaba que el ministerio de tutela exija ahora aquello que Forges bautizó en su día como “la póliza redonda”, un requisito burocrático tan arbitrario como inútil.

Javier López Facal es profesor de investigación del CSIC a.h.