África siembra tecnología

Los Tech Labs crecen en el continente. Además de centros de innovación tecnológica, son viveros de emprendedores y nidos de transformación social. Seis ejemplos.

“Si quieres ir rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Con este presumido proverbio africano, Karim Sy, fundador de Jokkolabs, resume la filosofía que hay detrás de la emergencia de los tech labs en África. No es fácil explicar brevemente en qué consisten estos espacios que se mueven entre lugares de trabajo compartidos, viveros de emprendedores sociales, centros de innovación tecnológica y nidos de transformación social. Sin una estructura definida, los tech labs son flexibles en todas sus dimensiones, hasta el punto de que, más que establecimientos, son comunidades. En todo caso, su modelo materializa el ideal de una actividad económica en la que los rendimientos no son lo más importante y como prioridad se impone la aportación a la sociedad.

Da la impresión de que este formato idílico en el que se abrazan economía y transformación social se reproduce por esporas. En menos de cuatro años han surgido y se han afianzado, aparentemente sin relación, tech labs en la mayor parte de los países de África subsahariana. Un reciente informe realizado por varios de estos centros con el apoyo del Banco Mundial ha contabilizado 90 espacios diseminados en 26 países de la región. En el mismo momento en el que se hacían públicos los resultados del estudio, se ponía de manifiesto que se habían quedado desfasados con el surgimiento de nuevos espacios y por algunos olvidos.

Con un panorama tan amplio y diverso, es evidente que no existe un modelo único de tech lab. En unos se impone el carácter de centros de co-working (espacios de trabajo compartido) y en otros el de consultoría para emprendedores. Los hay vinculados a instituciones como universidades, de iniciativa privada de un emprendedor individual o impulsados por comunidades. Algunos se apoyan en la financiación de organizaciones internacionales, mientras que otros apuestan por la viabilidad independiente. Algunos han arrinconado por el camino la dimensión social para primar simplemente el enfoque de negocio. Sin embargo, la mayor parte han mantenido intactos algunos rasgos básicos de la idea original: el trabajo colaborativo, la gestión horizontal, el apoyo a la innovación tecnológica o la voluntad de ayudar a construir una sociedad nueva, basada en la participación de los ciudadanos ayudándose de la tecnología.

Los tech labs han sido fundamentales en la expansión del ciberactivismo en África y en la construcción de una conciencia de que las TIC pueden ayudar a transformar la sociedad. La sombra de estos espacios aparece en algunas de las iniciativas más innovadoras y que ahora se señalan como ejemplos. Los creadores keniatas de la plataforma Ushahidi, que se ha usado sistemáticamente para la monitorización de elecciones y como reacción social a desastres naturales, estuvieron detrás de la formación del iHub de Nairobi. La iniciativa marfileña de CIV2010 y, sobre todo, CivSocial y Wonzomai, como respuesta a la violencia poselectoral de 2010, se apoyaba en la estructura del tech hub de la organización Akendewa. En todo el entramado tecnológico para intervenir en las elecciones presidenciales de Senegal de 2012, una de las principales plataformas, SamaBaat, estaba impulsada por el tech lab Jokkolab. Sólo por poner algunos ejemplos.

Desnudo de reflexiones teóricas, los tech labs son un espacio de encuentro de personas con inquietudes relacionadas con la innovación tecnología y la transformación social. En los centros, tienen acceso a las necesidades técnicas para materializar sus inquietudes y además pueden recibir al asesoramiento y la orientación de expertos. Pero lo más importante es que sirven de punto de encuentro y que las reglas del juego incluyen el trabajo colaborativo y el intercambio de conocimientos. Así la comunidad piensa en conjunto, cada miembro aportando una visión particular para crear una inteligencia colectiva. A efectos empresariales, esta dinámica permite que se compartan proyectos y oportunidades de negocio. En el ámbito social, este sistema permite buscar soluciones colectivas y “contagiar” el modelo.

El ecosistema de los tech labs africanos

1. iHub, Nairobi: Unos decanos en renovación constante

Nakesa Were.

En marzo de 2010, el equipo de Ushahidi, liderado por Erik Hersman, se embarcaba en la construcción del iHub en Nairobi, ellos mismos lo financiaban junto a la fundación Hivos y Omidyar Network. Lo hacían después de que en una reunión los techies keniatas considerasen que necesitaban un espacio en el que encontrarse, tanto para relacionarse entre ellos como con los inversores potenciales.

Recientemente, el iHub ha sido considerada una de las 50 empresas más innovadoras del mundo (concretamente, en el puesto 38) y la más innovadora de África. Es el reconocimiento a una trayectoria de cuatro años. Durante este tiempo, el centro ha sumado casi 15.000 miembros, algunos de ellos implicados en las 150 empresas que se han desarrollado. Nekesa Were es la directora de operaciones del centro y considera que el secreto del éxito del iHub es “dar espacio a las ideas de los miembros de una comunidad vibrante”. “Saben que les daremos tiempo para trabajar en sus ideas y que les ayudaremos a impulsarlas”, explica Were.

Los éxitos de esta experiencia han despertado el interés de las grandes multinacionales que se acercan hasta los innovadores que trabajan en el centro. Sin embargo, la directiva del espacio tiene claro cuál es la prioridad y que no pueden modificar sus principios: “Tiene que haber una relación de dos direcciones, ambos tienen que aportar algo a la otra parte, todos deben traer algo a la mesa. Los conocimientos y las habilidades tienen que ser compartidos”. Nekesa Were considera que los tech labs, como el iHub, debe poner la tecnología al servicio de la sociedad aportando los instrumentos que “permitan (o empujen) a los gobiernos a comunicarse con los ciudadanos y viceversa” y “permitiendo controlar y denunciar los fallos en la prestación de servicios”.

Para conseguir este objetivo, Were considera que los tech labs deben “desmitificar lo que hacen para llegar a otros sectores de la sociedad y mostrarles que la tecnología se puede usar en muchos ámbitos como la educación o la salud”. Pero para que esta actividad pueda desarrollarse plenamente Nekesa Were, lanza una advertencia: "las infraestructuras deben ser una prioridad y cuando las escuelas estén construidas y la electricidad llegue a todo el país habrá más oportunidades para identificar a los innovadores, aprovechar el talento y difundir la tecnología”. Y se muestra esperanzada de cara al futuro: “Estamos aumentando las posibilidades de empleo de los africanos y mejorando las economías locales. Pero, por el momento, sólo hemos arañado la superficie”.

 

2. Jokkolabs, Dakar: El referente en África francófona

Karim Sy.

Karim Sy, quiso hacer un guiño y favorecer que su último proyecto emprendedor empezase con buen pie, por eso abrió las puertas de Jokkolabs en Dakar el 10 de octubre de 2010 (10/10/10). Y parece que ha dado resultado porque menos de cuatro años después se ha expandido a cuatro países más y el centro ya tiene satélites en Nanterre (Francia), Saint-Louis (Senegal), Bamako (Mali), Ouagadougou (Burkina Faso) y Abidjan (Costa de Marfil).

Según explica el propio Sy, Jokkolabs nació como un acto de responsabilidad. “Como decía Churchill ‘ingresamos en un periodo de consecuencias’. Estamos ante una crisis financiera planetaria y todo el mundo tiene que asumir los retos. Ya no podemos permanecer pasivos, cada uno haciendo su pequeño negocio. Hay un nuevo mundo que está naciendo de la mano de las TIC y todos el mundo tiene que participar en él”.

El espíritu de Jokkolabs es “más que un espacio” el de “una comunidad de emprendedores que comparten valores de colaboración y de apertura”, de ahí la lógica de expansión de los centros. “Si queremos construir el mundo de mañana que va a ser más justo, igualitario y portador de progreso tenemos que reflexionar todos juntos. Porque los problemas de hoy no se pueden afrontar en un lugar y no afrontar en otro. No se puede respetar el medio ambiente en un lugar y no respetarlo en otro. La realidad de las migraciones demuestran que se tienen que superar las fronteras”, reflexiona Sy para explicar las conexiones transnacionales.

El propio Sy acepta que estos espacios y las iniciativas que se desarrollan en ellos tienen que buscar la sostenibilidad en pro de la independencia, pero que la generación de rendimientos no puede ser el único objetivo. De la misma manera, considera que el trabajo colaborativo es una fortaleza: “Los emprendedores tienen mucho más que ganar trabajando en colaboración con los otros que guardando sus secretos. Tendrán más impacto y serán más competitivos que trabajando solos. En los casos en los que se está trabajando con dinero público, debería ser obligatorio que el resultado fuese Open Source (código abierto). Es la mejor manera de contribuir a la comunidad, de hacer que los resultados tengan un efecto multiplicador en otros trabajos”. Sy, se remite a la situación actual: “Cuando nos movemos sólo por la lógica económica a un cierto nivel, se convierte en un problema incluso para la democracia”.

 

3. mLab, Pretoria: Centrados en el móvil

Siguiendo un modelo previo desarrollado en Kenia y con la colaboración de infoDev del Banco Mundial y el gobierno de Finlandia, en septiembre de 2011 se abrió el mLab ubicado en Sudáfrica. Este centro, a diferencia de los otros, está orientado al desarrollo de servicios y aplicaciones destinadas al mercado de la telefonía, un mercado que, por otro lado, está viviendo una expansión sin precedentes en el continente africano.

A pesar de que su enfoque es más empresarial que el de otros tech labs, el mLab también se apoya sobre los pilares del fomento de la innovación tecnológica y del trabajo colaborativo. En el primer sentido, Derrick Kotze, director ejecutivo del mLab, explica que la principal fortaleza del centro es la propia comunidad de innovadores que trabajan en él. Para completar el modelo de éxito, Kotze apunta al modelo de gestión "ligero y ágil, como el de las propias start-up (empresas tecnológicas recién creadas) que apoya, que permite adaptarse a un mercado tan cambiante como el de la telefonía móvil” y a las “grandes alianzas y la buena colaboración con una variedad de expertos que permite ofrecer todo el apoyo a esas nuevas empresas innovadoras”.

En el caso del segundo pilar, el trabajo colaborativo, Kotze confiesa que ese “es uno de los mayores problemas” a los que se enfrentan. “La gente —explica el responsable de mLab— aún tiene miedo de compartir sus ideas, bien porque piensan que no es suficiente, bien porque creen que es tan buena que alguien se la va a robar”. Sin embargo, cree que en una dinámica de trabajo como la de los tech labs “la colaboración es esencial”, porque hacen falta profesionales de distintas disciplinas para sacar adelante una idea.

Kotze confiesa que aún es necesario vencer algunos escollos para que la innovación tecnológica despegue definitivamente en el continente, como el déficit de infraestructuras, la formación o el acceso a la tecnología que, en todo caso, “está mejorando muy rápidamente”. Cuando esas condiciones sean óptimas el responsable de mLab augura una doble dimensión virtuosa para estas iniciativas: “Igual que las oportunidades comerciales mencionadas, se deben tener en cuenta las oportunidades de impacto social de unas empresas que no se construyen exclusivamente sobre la voluntad de lucro, sino que también pretenden conducir al empoderamiento, la mejora y la creación de una vida mejor.”

 

4. Co-Creation Hub, Lagos: La vanguardia en el gran gigante nigeriano

Después de varias experiencias previas y de algunos sondeos para ver el estado del panorama innovador nigeriano, Bosun Tijani y Femi Longe se decidieron en septiembre de 2011 a abrir un tech lab en Lagos. Se trataba del Co-Creation Hub (CcHub).

Tunji Eleso es el director del ámbito de pre-incubación del CcHub (la fase inicial del desarrollo de las ideas innovadoras) y considera que el centro es “un refugio seguro para un montón de gente que antes eran llaneros solitarios en su afán por cambiar la sociedad mediante la tecnología”. Y como ocurre en casi todos los casos, en el CcHub la comunidad ocupa un espacio central según Eleso: “Formar parte de la comunidad, permite a los miembros encontrarse con personas que tienen habilidades similares o complementarias y que puedan intercambiar con ellas consejos o ideas”. Así los propios miembros son los que hacen crecer el capital inmaterial del grupo.

Para el CcHub el objetivo es “resolver los problemas a los que se enfrenta la sociedad a través de la innovación abierta” y para ello el centro es el lugar en el que se pueden encontrar los innovadores que han tenido las ideas, con los expertos que pueden asesorarles e incluso los ciudadanos, es decir, los usuarios finales. El apoyo a estos innovadores, según, el directivo del CcHub es “convertir esas ideas que solucionan problemas en negocios hechos y derechos”. Por ello, los elementos fundamentales del esquema son la comunidad de innovadores, el equipo de asesores “experimentado y muy versado en los procesos de innovación” y la posibilidad de que el propio espacio se convierta en “un laboratorio de experimentación para modelar las ideas y transformarlas en una solución de mercado”.

Con este modelo, se han desarrollado, por ejemplo, BudgIT, una plataforma que permite la visualización atractiva del presupuesto de las instituciones públicas favoreciendo el compromiso cívico y la implicación de los ciudadanos y fomentando el debate; Wecyclers, un sistema de fomento del reciclaje puerta a puerta que disminuye el problema de la recogida de residuos, sobre todo, en las ciudades y que podría ser perfectamente exportable a otras urbes africanas (y de otros lugares del mundo); o Efiko, una aplicación para el móvil diseñada para reforzar el aprendizaje de los estudiantes de educación secundaria a través de un sistema de “clases particulares” y pruebas de autoevaluación que no sólo mejoran los conocimientos sino que aumentan la motivación de los estudiantes.

Además del desarrollo de iniciativas concretas, el CcHub se plantea como objetivo reducir la brecha digital que en Nigeria impone la “falta de formación y el acceso a los recursos de los individuos que luego tienen problemas para ganarse la vida”, según Tunji Eleso.

 

5. Hive Colab, Kampla: la colmena para hacer posible lo imposible

Mientras en Nairobi se estaba levantando el iHub, un poco más al oeste, en Kampala, se estaba configurando el modelo del HiveColab. La iniciativa se apoyaba sobre la base de Appfrica, una consultora fundada por Jon Gosier para ayudar a empresas con investigaciones de mercado, desarrollo de proyectos y asesoramiento en la inversión. En 2010, Gosier se dio cuenta de que sin percatarse su actividad se había diversificado y decidió donar la parte que se aproximaba a la configuración de un tech lab a una nueva iniciativa, el HiveColab.

Para el impulsor y fundador de este centro, el potencial del proyecto ugandés descansa en “la gente”, tanto en los innovadores como en el equipo que después se ha hecho cargo de la gestión cotidiana y que ha ayudado a orientar y asesorar a los miembros de “la colmena”. Para Gosier, durante este tiempo se ha arropado a una gran cantidad de start-up que han podido desarrollar actividades diversas. En la mayor parte de los casos, las empresas ofrecen soluciones tecnológicas para problemas sociales, en unos casos, o para obstáculos con los que se encuentran otros empresarios. Un ejemplo sencillo que plantea Gosier es la creación de Women in Technology, una especie de división del centro orientado a acercar la tecnología a las mujeres.

Para el fundador de HiveColab la apuesta está clara: “La tecnología está, cada vez más, en el centro de todas las sociedades. Así que el hecho de que estos centros (los tech labs) sean centros de innovación y creación de empleo, las sitúa en el centro del potencial de crecimiento de África”. Este potencial se apoya en un modelo de crecimiento muy concreto, el del Open Source (código abierto), que se basa “en el intercambio y en el aprendizaje entre iguales”, según Gosier. Este modelo, según este emprendedor, está llamado a sustituir el de la ayuda al desarrollo, que “está claro que tiene su propio espacio”, pero que se ha mostrado “insuficiente para resolver ciertos problemas, como la creación de empleo y de riqueza”. “Se ha enviado mucho dinero a África, pero la proporción que se ha dedicado a inversión ha sido muy pequeña”, se queja Gosier.

El fundador de HiveColab señala que “el ejemplo de los jóvenes que están teniendo éxito a pesar de las fuerzas que conspiran en su contra, muestra que los obstáculos son completamente superables, aunque muchas personas los vean imposibles de superar”. Y para reforzar la importancia de la tenacidad de los emprendedores se remite a las palabras de Mandela: “Siempre parece imposible, hasta que se hace”.

 

6. The WHub, Abidjan: un benjamín con mucha experiencia

Mohamed Diaby es un emprendedor y ciberactivista marfileño, que después de años de preparación y de diseño de su iniciativa ha puesto en marcha The Whub, un tech lab situado en Abidjan, que sobre el papel empezó a andar en octubre de 2013, pero que lo ha hecho de manera muy discreta y todavía incompleta. En todo caso, en las actividades que se han organizado en estos meses bajo el signo de The Whub la respuesta ha sido esperanzadora.

Diaby explica que su objetivo es ofrecer a los emprendedores algunas de las cosas de las que no disponen “formación de base, la experiencia que les permita adaptar sus ideas a las exigencias de la competitividad internacional y acompañamiento logístico y conocimiento en cuestiones administrativas o negociación con inversores”. En definitiva, The Whub aspira a ser “un punto de encuentro de innovadores para empezar a trabajar en proyectos comunes y en el que se ofrezcan recursos cualificados”.

Este emprendedor marfileño conoce bien el “ecosistema” de la innovación y destaca que en él se genera un ambiente de “competitividad sana, pero no competencia”. La distinción que hace Diaby tiene que ver con el hecho de que los resultados y las ideas se compartan para regenerar ideas e iniciativas nuevas. “A fuerza de discutir todo el mundo aprende un poco y esto no es habitual entre los emprendedores de otros sectores, pero compartir es la base de la economía digital”, explica el marfileño.

Lo más atractivo de este ámbito para Diaby es que se combina una lógica económica con una social. “A través del desarrollo de estas ideas se pueden solucionar problemas de los ciudadanos, relacionados, por ejemplo, con la educación (con formaciones on line gratuitas) o con el respeto al medio ambiente”, dice Diaby. La fortaleza de los tech labs es que “sus impulsores conocen el modelo internacional y el entorno local y crean un modelo híbrido”.

Para poner en marcha su proyecto Diaby ha seguido una estrategia muy lógica, dentro del ecosistema de la innovación tecnológica. El impulsor de The Whub se ha reunido con responsables de tech labs de todo el continente intentando buscar una fórmula propia, “discutiendo, compartiendo experiencias y aprendiendo”.

Un ecosistema interconectado

Para referirse al panorama de la innovación habitualmente se emplea el término ecosistema, precisamente porque todos los elementos están conectados entre sí y unos dependen de otros. Dentro de los tech labs, las relaciones entre los miembros son estrechas, tanto en lo que se refiere a autoformación basada en compartir las experiencias de cada uno, como en intercambiar trabajos o participar en proyectos conjuntos. La voluntad es buscar complicidades y complementariedad.

Esa misma dinámica se replica en las relaciones entre los centros, superando las diferencias fronterizas. Además de las relaciones informales y personales entre los miembros y los responsables de los diferentes tech labs hay una iniciativa de unificación concreta. Se trata de Afrilabs, que reúne a 25 de los centros africanos. Nekesa Were, directora de operaciones del iHub, explica la razón de ser y el funcionamiento de esta organización: “AfriLabs existe para apoyar el crecimiento de las comunidades en torno a centros tecnológicos africanos y para estimular la expansión de la red, proporcionando herramientas y recursos para los nuevos y emergentes laboratorios. Lo hace proporcionando las mejores prácticas, tutorías, oportunidades de contactos y otros recursos para emprendedores de alto potencial”.

Toda la corriente de los tech labs y el interés que ha despertado en las compañías transnacionales del sector tecnológico la innovación en África, ponen de manifiesto el potencial creativo que alberga el continente. Karim Sy, fundador de Jokkolabs, asegura que el “el retraso tradicional de África, se convierte en una ventaja, porque nos hemos acostumbrado a imaginar cosas sin la carga de los aprioris así que forzosamente tenemos la imaginación más rica y eso nos da una gran capacidad para innovar”. Diaby, de The Whub, añade que se ha instalado la dinámica de “desarrollar ideas sin necesidad de grandes fondos, sino compartiendo experiencias”.

El director ejecutivo de mLab, Derrick Kotze, considera que “África ha demostrado tener capacidad para la innovación con recursos limitados, y la falta de recursos será algo habitual en Occidente, por lo que los aprendizajes de África serán útiles”. Por este motivo augura un futuro esperanzador en este sentido: “Hay muchos problemas que los africanos han experimentado y han encontrado formas de solucionarlos de maneras muy innovadoras. El mundo está cambiando y algunas de estas soluciones tendrán relevancia en Occidente también. África está creciendo muy rápido, mientras que gran parte de Occidente han mostrado una desaceleración en el crecimiento, de manera que las empresas occidentales que buscan un nuevo crecimiento se fijan en África”.

Los tech labs, además son una solución africana para los problemas africanos, lo que parece un elemento de sostenibilidad, como señala el propio Kotze: “Creo que el elemento más importante y poderosa es que África está creando las soluciones para África. Los ciudadanos africanos están innovando y encontrado soluciones para sus propios problemas, en su propio contexto y para sus propias familias y comunidades”. En este aspecto coincide con Gosier, fundador de HiveColab: “La mayor parte de estos centros se cultivan en casa y son una solución africana a sus problemas de desempleo juvenil”. Todo eso sin contar con la capacidad para movilizar que ya se ha mencionado, como señala Tunji Eleso, el directivo de CoCreation Hub: “En esta era de Internet y con la ubicuidad de los teléfonos móviles, hay más acceso a la información para las personas que normalmente no tendrían ese privilegio. Cuando pensamos en los temas alrededor de nuestras naciones como el gobierno y el desarrollo, las TIC han desempeñado un papel importante en la toma de conciencia ciudadana acerca de las formas en las que pueden participar y la demanda para el buen gobierno y la transparencia activa. En los laboratorios de alta tecnología, hay un flujo libre de información y un grupo diverso de personas que discuten. Esto generalmente lleva a expresar e intercambiar opiniones que forman la base para las ciberacciones en el continente”.

Karim Sy resume el impacto de estos centros y de todo este movimiento: “Normalmente se dice que África no tiene nada que aportar, pero estas innovaciones demuestran que hay cosas que se construyen en África y que pueden ser útiles en otros lugares, que África puede aportar un valor añadido”. Para Sy es fundamental trabajar en el contacto y la colaboración entre los distintos centros, pero también que los africanos se sacudan algunos complejos: “Los africanos tienen que tener confianza en sí mismos”.