ENTREVISTA | Arun Sundararajan

“La economía colaborativa es una oportunidad para los países en desarrollo”

El catedráticonorteamericano cree que avanzamos hacia una sociedad mixta de consumidores y 'compartidores'

Arun Sundararajan, de la New York University Stern School of Business.

Arun Sundararajan es un catedrático norteamericano que investiga cómo las tecnologías de la información están transformando a las empresas y la sociedad. Utiliza su cátedra en la Universidad de Nueva York para propagar el virus de la economía colaborativa. Es uno de los participantes en la Ouisharefest, el encuentro global de economía y consumo celebrado en París. Para él, como para otros ponentes que desfilaron por el escenario, los problemas de regulación que enfrenta la economía colaborativa por igual en Nueva York, París o Madrid, y que recogen profusamente los medios de comunicación, son en realidad temas menores, conflictos que se resolverán tan pronto como la administración pública asuma el rol que le corresponde de mediadora y restablezca el orden ciudadano.

Pregunta: ¿Hasta qué punto la economía colaborativa es realmente compartida?

Respuesta: Si comparamos Airbnb (plataforma de alojamiento compartidos) y Uber (plataforma que permite compartir trayectos urbanos), con Google y Facebook, las dos primeras están distribuyendo mucho más la riqueza ahora. Airbnb tiene tres fundadores, que son multimillonarios, pero también tiene 600.000 anfitriones, personas repartidas por todo el mundo que están ganando dinero al alquilar sus espacios a través de la plataforma. Con el tiempo veremos diferentes modelos de propiedad de las plataformas. Creo que los nuevos servicios colaborativos de taxi podrían gestionarse por ejemplo como cooperativas. Pero hoy en día, puesto que estas nuevas plataformas colaborativas se enfrentan a problemas de regulación a escala global, creo que es bueno que existan porque están gastando buena parte de las millonarias inversiones que reciben en hacer frente a los pleitos legales que se les presentan por todas partes. Esto no sería posible con un modelo compartido de propiedad.

P. ¿Cree que la economía colaborativa es una oportunidad para los países en desarrollo?

R. Por supuesto y de varias maneras. De entrada, los países en desarrollo tienen que crear muchas más ciudades. India, China, Brasil y otros países emergentes van a tener que construir unas 200 urbes del tamaño de Nueva York en el lapso de unos 30 o 40 años para poder alojar a toda la población que va emigrando de manera masiva del campo a la ciudad. Y lo cierto es que la economía colaborativa permite construir ciudades más eficientes, que cuenten con menos activos de base. Por otra parte, en los países en desarrollo los sistemas económicos no están tan desarrollados como en Europa o Estados Unidos y las personas aún confían las unas en las otras para hacer transacciones económicas.

En un pueblo en Kenia la confianza está depositada en la comunidad mientras que en los Estados Unidos la confianza la depositamos en la capacidad de crédito bancario. En Estados Unidos no te preguntan quiénes son tus amigos ni tu familia, cosa que sí hacen en Kenia. La cultura P2P (persona a persona) forma parte de estos países en desarrollo, así que están bien predispuestos a abrazar la economía colaborativa. Por otra parte, no han llegado al nivel de hiperconsumismo del mundo Occidental. Así que quizá puedan pasar de la situación en la que se encuentran a un desarrollo más sostenible y menos centrado en la propiedad de bienes gracias a la economía colaborativa.

P. ¿Cree que el consumidor tal como lo conocemos, hiperconsumista, puede acabar desapareciendo?

R. No creo que vaya a desaparecer. Vamos hacia una mezcla, una convivencia de ambos modelos. Hay algunas categorías de consumo donde la ineficiencia es tal que las personas se sentirán felices de deshacerse del patrón antiguo y de pasarse al nuevo. Por ejemplo, es ilógica la cantidad de coches que tenemos o de taladros, cuando estos últimos se utilizan una media de 30 minutos en toda su vida útil. El coche aún forma parte de la identidad imaginada de muchos así que no será fácil quizá prescindir de él, pero ¿los taladros? En este caso sí que avanzaremos hacia el acceso, más que la propiedad del bien. La propiedad no desaparecerá. La economía colaborativa será gran parte de la economía del futuro, pero no la totalidad.

Comparto, luego lucho contra las desigualdades económicas

Dos estudiantes de MBA de la Universidad de Nueva York han acompañado a Sundararajan hasta París para empaparse del “espíritu colaborativo” y así inspirarse para su proyecto de economía aplicada. Quieren encontrar la manera de poner la economía colaborativa al servicio de la justicia económica. Ahí es nada.

Que los que tienen poco o nada puedan acceder a bienes y servicios que, si tuvieran que comprar, serían del todo inalcanzables para ellos. Andrew Ng y Humaira Faiz quieren conseguir que la sharing economy comparta con quien más lo necesita, con los más desfavorecidos. Sus primeras investigaciones les muestran un obstáculo no infranqueable pero sí de dimensiones considerables. El consumidor/usuario de la economía colaborativa suele pertenecer a la clase media y cuando busca compartir en realidad selecciona a una persona con la que pueda identificarse.

La relación humana es uno de los atractivos del consumo colaborativo siempre que se dé entre personas económicamente o socialmente similares. Así que Ng y Faiz creen que deberán diseñar un sistema que, al menos al principio, haga de mediador para que los usuarios se ahorren la relación “incómoda” con los que no son sus iguales. Confían en establecer partenariados con instituciones que aún no han entrado de lleno en la lógica colaborativa pero que podrían beneficiarse de ella en gran manera, como organizaciones de base, ayuntamientos y ONG.