COLUMNA

Estímulos y acuerdos

La consolidación fiscal a ultranza erosiona el crecimiento y amenaza la continuidad del euro

La Unión Europea sufre la crisis económica e institucional más severa desde su nacimiento. La manifestación inicialmente más explícita de las amenazas estuvo en las caídas de las cotizaciones de la deuda pública de las economías periféricas que sirvieron de excusa para la imposición de ambiciosas políticas de austeridad fiscal que han resultado contraproducentes: no han fortalecido la confianza, han pronunciado la recesión y no han satisfecho los objetivos de saneamiento pretendidos. El responsable de Pimco, el mayor fondo de inversión en bonos públicos del mundo, Bill Gross, confirma lo que hace tiempo era fácil intuir: “Es un error creer que los mercados de bonos desean que los Gobiernos sigan en la senda de las restricciones fiscales… los inversores en bonos desean el crecimiento económico tanto como los inversores en acciones”.

La consolidación fiscal a ultranza, además de erosionar el crecimiento potencial y renovar la vulnerabilidad de los sistemas bancarios, amenaza la continuidad de la propia unión monetaria. En algunos países empieza a ser considerada un obstáculo para eludir las amenazas depresivas y de inestabilidad social cada día más explícitas.

Propiciar el crecimiento económico es una exigencia urgente. Ha de hacerse fundamentalmente con inversión. Pero la propia viabilidad de la unión monetaria y del mercado interior exige que sea satisfecha de forma conjunta en el seno de la UE. No se trata de invalidar la necesidad de saneamiento de las finanzas públicas, sino de subordinarla a la más urgente de reducción del desempleo, en máximos en el conjunto de la eurozona. Y acompañarla de reformas que fortalezcan la capacidad competitiva, sin que acentúen la recesión. Las reformas no son un fin en sí mismas, sino un instrumento para conseguir crecer más y mejor; en todo caso, para conceder verosimilitud al saneamiento de las finanzas públicas en un horizonte razonable. Su eficacia será tanto mayor cuanto más lo sea el respaldo con el que nacen. Especialmente en un contexto político y social como el dominante hoy en nuestro país.

El Gobierno español ha hecho un ejercicio de realismo al asumir un cuadro macroeconómico hasta 2016 coincidente a grandes rasgos con el de la mayoría de los analistas. Pero ha acentuado la frustración al no anunciar decisiones para neutralizar las amenazas depresivas que incorpora. Con la información disponible, ninguna de las reformas propuestas el viernes pasado, aunque fueran aplicadas de forma inmediata, generará crecimiento a corto plazo. Sin embargo, algunas de las más necesarias supondrán costes para algunos colectivos. Por eso es necesario afianzarlas con el mayor grado de respaldo político y, en todo caso, hacerlas valer en Europa con el fin de priorizar estímulos al crecimiento. De lo contrario, el escenario económico y financiero se complicará aún más de lo que el Gobierno asume. Los pasos dados por el primer ministro italiano son relevantes al respecto y convendría tomarlos en consideración en su visita de mañana a La Moncloa.

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