EDITORIAL

De un abismo a otro

El acuerdo en el Senado de EE UU aplaza el debate sobre ajustes presupuestarios y deuda

La caída en el llamado abismo fiscal hubiera llevado a EE UU y al mundo a una nueva recesión. De ahí que el acuerdo en el Senado por una amplísima mayoría —a falta de una incierta ratificación por la Cámara de Representantes dominada por los republicanos— resulte positivo, pese a que no lo resuelve todo. Quedan otros abismos por salvar, a comenzar por el presupuestario y el de la deuda. La Casa Blanca y al menos el Senado —y era de esperar que también la Cámara saliente, dado que los republicanos tenían más que perder que ganar—, han evitado en tiempo de descuento que se aplicara de forma automática una marcada subida de impuestos y drásticos recortes de gasto público. Pero lejos han quedado las grandes visiones para encarrilar la política económica de la primera potencia mundial. De hecho, el acuerdo solo evita una subida generalizada de impuestos aplazando dos meses la negociación sobre los ajustes en el gasto público.

Estos plazos apuntan a que esta última negociación acabará mezclándose con la de un nuevo techo de deuda pública, al haber alcanzado oficialmente EE UU el existente esta Nochevieja. Con contabilidad creativa, la Administración puede ganar dos meses, pero no mucho más, y cabe recordar que en el verano de 2011 EE UU estuvo ya al borde de la suspensión de pagos, generando un enorme nerviosismo en el conjunto de la economía mundial.

Lo ocurrido refleja unas disfunciones políticas graves en la primera economía del mundo, cuando un presidente demócrata se enfrenta a un Congreso dominado por los republicanos. Pero ambas partes se han empleado a fondo para lograr un acuerdo que salvara a la vez la situación y sus respectivas caras ante lo que era consecuencia de unas rebajas de impuestos de la era Bush, y de un cambalache político sobre recortes de gastos en 2011. En el resultado hay que destacar la capacidad negociadora del vicepresidente Joe Biden en su calidad de presidente del Senado.

Todos han tenido que ceder. Obama ha logrado que subieran los impuestos a los más ricos —las familias que ingresan más de 450.000 dólares (340.000 euros) al año— aunque se había comprometido a rebajar este límite a casi la mitad. También ha conseguido que se mantengan algunas prestaciones a los desempleados más desamparados, al programa de cobertura sanitaria y a otras políticas sociales.

En dos meses empezará la negociación sobre recortes de gastos y sobre el techo de endeudamiento para evitar caer en un abismo presupuestario y de deuda, con consecuencias dramáticas. Los republicanos están atrapados entre su deseo de reducir las partidas destinadas a programas sociales y de preservar los militares. Le tocará negociarlo a Obama tras la inauguración de su segundo mandato, y al nuevo Congreso que arranca mañana, con una carga quizás menos radical por parte de unos republicanos que, sin embargo, querrán seguir manteniendo el pulso ideológico con la Casa Blanca sobre impuestos y gastos.

 

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