Joaquín Reyes: "Lo mío es puro vender humo"

Una charla con el humorista sobre Rajoy como ejemplo presidencial, el bigote diluido de Aznar, el tanga de Rappel y acostarse a la misma hora que sus hijos

Ilustración del humorista Joaquín Reyes. / TOMÁS ONDARRA

Pregunta. Mientras escribe un guion e imita a medio mundo, estrena una serie de animación: Monetes del espacio. Dos monos extraterrestres visitan la Tierra. ¿Cómo ven el patio?

R. Están alucinados, aunque no parece que tengan prisa en volverse. Porque como son muy curiosos, siempre encuentran algo que les llama la atención. La visión que queremos dar es que los monetes sean como niños.

P. ¿No chupa usted un poquito de rueda del Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza?

R. Sí, puede ser. Es la misma idea. Quizá le haya copiado de una forma inconsciente. Me he dado cuenta ahora que me lo ha dicho usted.

P. ¿Han visto ya a Rajoy? ¿Qué han pensado?

R. Creo que pensarían: si este es el presidente, cualquiera puede serlo. Es muy alentador para cualquier niño, que dirá: un día yo también puedo ser presidente.

P. Los monetes visten de malva o de morado. ¿Es porque han aterrizado con la nave en Chueca?

R. No, no [ríe]. Los colores en realidad se los puso mi hijo, que tiene cinco años. Yo respeté la gama que me proponía. Estos monetes no son ni a pelo ni a lana.

A corta distancia

Terraza de un edificio de la calle de Serrano, en Madrid. Reyes estrena animación con sus monetes extraterrestres, pero yo no puedo dejar de preguntarle por Enjuto Mojamuto, su monigote loco por Internet, del que, dice, es un guiño a los fans colgados de la Red. Él se confiesa “bastante analógico”. Da cuenta de dos cervezas dobles sin pestañear, aunque huye en plan ‘vade retro’ de las aceitunas que le ponen para acompañarlas. Prepara dos actuaciones y escribe el guion de una película.

P. Entre las imitaciones que usted hace, ¿qué personajes le obsesionan más, aparte de Tita Cervera?

R. Pues ahora mismo me gustaría mucho parodiar a Angela Merkel.

P. Creo que ya la tiene enlatada, aunque aún no ha visto la luz. Y dijo que para imitarla tuvo que quitarse el bigote. ¿Era imprescindible?

R. Buena pregunta. Desde luego, los tiene bien puestos.

P. Rappel se le mosqueó sobremanera. ¿Usted le envidia por sus túnicas o por sus tangas de leopardo?

R. El tanga creo que le queda razonablemente bien. Todo lo bien que puede quedar un tanga de leopardo. Las túnicas forman parte de su universo extravagante. Pero sí, se enfadó. Y yo digo: ¿cómo siendo alguien que adivina el futuro no vio venir la parodia antes de que saliera en televisión?

P. Dice que el tanga le queda bien. ¿Le da una idea para el próximo verano?

R. No soy yo muy de tanga, porque tengo el culo carpeta, y no me favorece. Tendría que trabajar los glúteos antes. Yo soy más de turbo, de ese que es así, a medio muslo.

P. ¿Ahora lleva esa faja?

R. No uso calzoncillos.

P. Algo llevará. A ver si se va a enfriar.

R. No, no. Solo llevo el pantalón. De cintura para abajo voy sueltecito.

P. Actor, guionista, dibujante, humorista. Y encima, manchego. ¿Culmen de la perfección?

R. Bueno, dicho así queda muy resultón. He tenido la suerte de poder dedicarme a ello porque alguien me ha contratado. Hay mucha gente con talento frustrada porque nadie la llama.

P. Le han encuadrado en la “nueva comedia” o el “poshumor”. ¿Eso no son pamplinas?

R. No está mal etiquetar las cosas. El poshumor es una etiqueta de Jordi Costa que nos venía bien, porque cuando hacíamos un sketch que no hacía reír decíamos: “Es que es poshumor”. Y nos blindaba ante el fracaso.

P. ¿Sigue teniendo el bigote de Aznar como referencia?

R. El bigote de Aznar es algo que roza lo paranormal, porque ha desaparecido, se ha diluido. Ha ganado en canas y ha ido desapareciendo. También es verdad que él ha ido ganando en tono muscular, y ahora aparenta ser más joven que cuando llegó a la presidencia.

P. ¿A qué lo achaca?

R. A que probablemente los conservadores envejecen mejor que los políticos de izquierdas. Y tienen mejor pelo. Es una teoría, ¿eh?

P. Si es por eso, Bono, y luego Iker Casillas, se han implantado de todo y por su orden. Por cierto, ¿a usted no le convendría implantarse un poquito por delante?

R. No. Yo tengo frente despejada, que siempre se ha relacionado con la inteligencia.

P. Dijo en una entrevista: “No aguanto mucho que me toquen los huevos”. Encaja mal la reciprocidad.

R. Sí, pero lo que quería decir es que, por lo general, la gente que viene a saludarte o a pedirte una foto es educada y encantadora, siempre y cuando estén sobrios. Cuando no lo estamos, somos bastante pesados. Yo a los pesados les doy poca cancha.

P. Tan ganso y tan padrazo. Creo que sus niños le tienen sorbido el seso.

R. Totalmente. Me acuesto prácticamente a la misma hora que ellos. Leo un poco y me quedo adormilado. Aunque son pequeños, son conscientes de la profesión de su padre: “Papá es cómico y hace reír a la gente”. Y les encanta.

P. Verá cuando crezcan y reconozcan: “Papá no pega un palo al agua, y vive del cuento”.

R. Aún los tengo engañados en ese sentido. La que trabaja de verdad es mi mujer, que es maestra. Trabaja en algo tangible, que es la educación, aunque a algunos ahora les parezca algo recortable. Pero lo mío es puro vender humo.

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