COLUMNA

Lo fundamental

Gastaron lo que no tenían en lo accesorio, y ahora sólo se les ocurre recortar en lo fundamental

¿Cuánto hace que se cambió de sitio la estatua de Colón? ¿Cuánto hace que la baronesa Thyssen se encadenaba a los árboles del Paseo del Prado para impedir que los talaran antes de acometer aquel obrón que cambiaría la fisonomía del bulevar? ¿Cuánto hace que Esperanza Aguirre planeaba construir la ciudad de la justicia? ¿Cuánto hace que se ampliaron las aceras de Serrano? ¿Cuánto hace que se reformó la placilla de las Cortes, a la que hubo que añadir una frontera de maceteros para que los paseantes no se despeñaran?¿Cuánto hace que instalaron esos bancos sin respaldo y de insólita forma romboidal en el barrio de Salamanca? ¿Cuánto hace que decidieron quitar la tierra en el Paseo de Recoletos para cubrir el suelo con un terrazo cutre? ¿Cuánto hace que los vecinos consiguieron que no construyeran un edificio de apartamentos adosado al histórico Colegio Isabel La Católica en Barceló? ¿Cuánto hace que el edificio de Correos se convirtió en una sede suntuosa del Ayuntamiento? ¿Cuánto hace que se peatonalizaron varias calles del centro de Madrid para abandonarlas al consumismo más hortera borrando en parte su antigua esencia? Fue ayer, ayer cuando Gallardón era apodado Ruiz Faraón y la prosperidad de Madrid se medía por el número de taladradoras que había en la calle. La herencia de la actual alcaldesa se basa en las deudas que le dejó su antiguo jefe, las que van a marcar el futuro de esta ciudad. Y si a la señora Aguirre se le han ocurrido ya unas partidas maravillosas en las que ahorrar (fundamentalmente referidas a la sanidad pública), a la señora Botella le ha parecido que podemos recortar en basureros. Como en Nueva York. Habrá que ir ahorrando para pagar un nuevo departamento de desratización. Como en Nueva York.

Gastaron lo que no tenían en lo accesorio, y ahora sólo se les ocurre recortar en lo fundamental.

 

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