Cómo zafarse de la sombra de los Agnelli

Ginevra Elkann preside la pinacoteca de su abuelo, el mítico fundador de Fiat

A diferencia de sus hermanos, John y Lapo, no interesa a la prensa rosa ni a la salmón

Ginevra Elkann, fotografiada el pasado martes en el Caixa-Forum de Madrid / SAMUEL SÁNCHEZ

Vestida con un sencillo traje pantalón negro, camisa de seda añil y pañuelo rosa en el bolsillo, Ginevra Elkann (Londres, 1978), la descendiente menos conocida de la familia Agnelli, parece más una actriz de cine que la presidenta ejecutiva de la pinacoteca Giovanni y Mirella Agnelli de Turín, el museo que atesora la exquisita colección de arte de sus abuelos (25 pinturas y dos esculturas) y desde la que ella ejerce una intensa labor a favor del coleccionismo. Cineasta y mecenas a partes iguales, casada y madre de un hijo de dos años, vino el martes a Madrid para contar su experiencia al frente de su institución en CaixaForum.

Considerada una mujer reservada y discreta, Ginevra es hija de Margherita Agnelli y del escritor francés Alain Elkann. Hermana de John y Lapo –habituales, por distintas razones, de la prensa salmón y rosa–, el perfil de Ginevra es más propio del ámbito artístico que del de las finanzas o los escándalos sociales.

Antes de intervenir como experta en arte, Ginevra Elkann se presta a una ronda de entrevistas individuales de 30 minutos en formato photocall. Los organizadores piden que no se le hable de la familia Agnelli ni de sus amistades en el mundo de la jet-set (Carlota Casiraghi o Eugenia Niarchos han aparecido con ella en algunas inauguraciones). Solo arte. Y algo de cine.

Con la cara casi cubierta por un melenón castaño a lo Nicole Kidman en sus primeras películas, Ginevra reconoce que tiene en sus manos la joya más mimada y deseada por su abuelo, Giovanni Agnelli, el patrón y fundador de Fiat.

La pequeña colección permanente (siete matisses, cinco canalettos, dos picassos, un modigliani…) ocupa la parte alta del edificio construido por Renzo Piano sobre El Lingotto, la fábrica en la que Agnelli consolidó su imperio automovilístico en 1915 en Turín. Es, según Ginevra, el legado emocional más importante del Avvocato. Las obras cuelgan tal como quería su abuelo, y no se tocará ni ampliará porque “son exactamente los cuadros que él quiso tener. Primero, en las paredes de su hogar. Luego decidió que se creara la fundación, y él siguió muy de cerca todo el proyecto”, explica su nieta.

El toque de Ginevra a la pinacoteca procede de su preparación y experiencia cinematográfica. “El museo está concebido como una secuencia en la que, sobre un fondo esencial (la colección permanente), van pasando cosas de la vida”, y para ello recurre a las exposiciones temporales, en las que exhibe las colecciones más dispares: desde arte emergente chino hasta relicarios de papel o jóvenes artistas africanos.

Añade que el equipo de dirección del museo trabaja de manera muy similar a un plató cinematográfico, donde lo que hace cada uno es esencial, pero hay un director que se encarga del ensamblaje y sobre el que carga toda la responsabilidad final. “Todo tiene un tiempo exacto. Como cada cuadro tiene su propia atmósfera”.

Hizo sus estudios cinematográficos en París y Londres, pero el conocimiento lo adquirió trabajando como ayudante de dirección con maestros tan importantes como Bernardo Bertolucci, con quien trabajó en L’assedio (no estrenada en España), o con Anthony Minghella en El talento de Mr. Ripley. Guionista y directora de varios cortos (con La tristeza de la frontera participó en muchos festivales, entre otros, el de Gijón), confiesa que ahora está entregada a la producción de películas de nuevos directores. Una de las más recientes transcurre en Tanzania y tiene como protagonista a un negro albino, “es una bella historia de supervivencia”. ¿Le interesa algún tipo de cine en especial? “Me interesa todo”, responde. “Los filmes antiguos, los modernos… Todos. Soy un público muy agradecido porque lo paso muy bien”.

¿Le gustaría hacer una pelícu­la sobre su familia? “Yo no la haría”, contesta entre risas, “pero, más que una película, tenemos todo un serial. Podría ser algo como Downton Abbey”.

Casi igual pasión pone cuando habla de arte, un mundo cuyos entresijos económicos aprendió en el Christie’s de Londres (es miembro del comité asesor de la casa de subastas y presidenta del comité de compras artísticas de Cartier). Le fascina el arte antiguo, aunque como coleccionista es compradora habitual de fotografía, una expresión artística hermanada con el cine.

¿Le gustaría hacer una filme sobre su familia? "Yo no lo haría. Más que una película, tenemos todo un serial. Podría ser algo como 'Downton Abbey"

Cree que la mejor contribución que las familias con dinero, como la suya, pueden hacer frente a la crisis es fomentar la aproximación a los museos. “Veo que en Italia y, me ha parecido percibir, en el fantástico Museo del Prado, la gente se acerca al arte con un nuevo interés. Han aumentado las visitas y se registra una aproximación más emotiva. Los padres van con los hijos y ya no hay una contemplación distante. Es como si quisieran ser parte de lo que contemplan. Creo que lo que mejor podemos hacer es conseguir que las pinacotecas sean cada vez más didácticas. Las familias van a aprender, no a perderse en medio de salas rebosantes de piezas”.

Cree también Ginevra Elkann que quienes tienen dinero deben de fomentar el coleccionismo, “porque el arte siempre mejora la vida y es una manera de mantener el mundo artístico”.

Para envidia de España, asegura que en Italia sigue siendo muy fuerte la pasión coleccionista, pese a las trabas del Gobierno, que aplica el mismo IVA (22%) a las compras de arte que a cualquier otro objeto. Conoce bien los recortes económicos a los que está siendo sometida la cultura en España y cree que no son muy diferentes a Italia. “Los museos privados podemos jugar un papel importante complementando a los públicos”. ¿Tiene algún consejo especial para animar a la gente a comprar arte en estos malos momentos? “Sí. Compren arte, porque así están ayudando a su país”.

Casada en 2009 con Giovanni Gaetani, un noble italiano, en Marraquech, su boda sirvió para que gran parte de la familia participara en una fiesta con más de 700 vips de todo el planeta. ¿Cómo son ahora las relaciones entre los Agnelli?. “Nooo…”, contesta, medio espantada por la pregunta, “… bien: mi hermano John es vicepresidente de la pinacoteca de Turín… Todo bien”.

 

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