El irresistible atractivo de las tarjetas de viajero frecuente
“Esto es muy sexy” (This is pretty fucking sexy, en V. O.), susurra Vera Farmiga en un momento íntimo de Up in the air (Amor sin escalas), mientras admira la tarjeta de viajero frecuente de George Clooney. En la película, una comedia agridulce de Jason Reitman sobre la soledad de los viajeros de negocios, Clooney interpreta a Ryan Bingham, un experto en reducción de plantillas cuyo trabajo consiste en viajar por todo el país (Estados Unidos) despidiendo a empleados de otras empresas. Su obsesión es acumular el mayor número posible de millas en su tarjeta de viajero frecuente (frequent flyer card), hasta conseguir alcanzar los 10 millones, un récord que hasta ahora solo han conseguido seis personas, “menos de las que han pisado la Luna”.
Acumular puntos o millas para volar gratis y gozar de un trato preferente es, grosso modo, la filosofía de las tarjetas de viajero frecuente, o programas de fidelización, un servicio gratuito con el que las compañías aéreas buscan ganarse la lealtad del pasajero. Los puntos también son válidos para sesiones de spa y masajes, para noches de hotel o para conseguir descuentos en el alquiler de coches. El proceso también funciona a la inversa: se pueden conseguir millas o puntos al reservar una habitación, alquilar un coche o pagar con tarjeta de crédito, siempre que las empresas estén asociadas a alguno de estos sistemas. Un cliente fiel vale muchos puntos, sobre todo desde que aparecieron las aerolíneas de bajo coste.
Acumular puntos o millas para volar gratis y gozar de un trato preferente es, grosso modo, la filosofía de las tarjetas de viajero frecuente, o programas de fidelización, un servicio gratuito con el que las compañías aéreas buscan ganarse la lealtad del pasajero. Los puntos también son válidos para sesiones de spa y masajes, para noches de hotel o para conseguir descuentos en el alquiler de coches. El proceso también funciona a la inversa: se pueden conseguir millas o puntos al reservar una habitación, alquilar un coche o pagar con tarjeta de crédito, siempre que las empresas estén asociadas a alguno de estos sistemas. Un cliente fiel vale muchos puntos, sobre todo desde que aparecieron las aerolíneas de bajo coste.
En los últimos años, las promociones y ventajas que ofrecen los programas de fidelización se han adaptado a Internet y la era 2.0. La compra online recibe doble puntuación, y la facturación automática o auto check-in, un servicio que permite elegir asiento e imprimir la tarjeta de embarque en máquinas situadas en los aeropuertos, también suma puntos.
Las tarjetas se presentan en varias modalidades, dependiendo del número de puntos o millas acumuladas en un periodo de tiempo. Cuantos más puntos, más privilegios. En el caso de Iberia, cada una de sus cuatro tarjetas (Clásica, Plata, Oro y Platinum) representa un grado de frecuencia de uso que se premia con diferetes ventajas. Los titulares de la Clásica, por ejemplo, tienen un seguro de viajes en el extranjero y prioridad si hay lista de espera, pueden usar sus puntos para viajar en una clase superior a la del billete adquirido, reservar un asiento determinado o conseguir un vuelo para el acompañante. La versión Oro permite, además, el acceso a las salas VIP de los aeropuertos, mientras que los titulares de la Iberia Plus Platino pueden disfrutar hasta de un servicio de limusinas.
La existencia de alianzas aéreas, como One World, Sky Team o Star Alliance (las tres que se reparten el grueso del tráfico aéreo de las líneas regulares) permite usar la misma tarjeta con varias compañías. En sus webs se detallan las modalidades y condiciones de aplicación de sus programas de fidelización (como las tablas para conseguir o utilizar puntos), y se publican las ofertas puntuales qu lanzan las compañías. Iberia (y la vuelvo a citar porque es la principal compañía regular española, aunque lo que sigue se puede extrapolar a otras aerolíneas), suele arropar el lanzamiento de sus nuevas rutas con puntos extra en sus tarjetas de fidelización. El lanzamiento, el pasado 29 de marzo, del vuelo sin escalas Barcelona-Miami, se bonificó con triple puntuación, es decir, 1.800 puntos (en clase turista), canjeables por tres vuelos nacionales de ida y vuela o por uno por Europa. Tanto ella como British están en el grupo One World, con cuyos miembros comparten a pachas puntos y bonos Sky Pass.
Lufthansa cuenta con el programa Miles & More, con 20 millones de usuarios, y comparte puntos con las 27 aerolíneas de la red Star Aliance, en la que están compañías como la española Spanair, Thai, Swiss, Continental Airlines, AIr China, Egyptair, Air New Zealand o la brasileña Tam, entre otras. Cada una tiene su propio programa, aunque los puntos conseguidos en una pueden servir para volar (con condiciones) con cualquira de las otras, algo especialmente útil si se utilizan los bonos Sky Pass. Similares prestaciones ofrece el programa Flying Blue de Air France y KLM, con las tarjetas Marfil, Plata, Oro y Platino. Estas dos compañías están integradas en la alianza Sky Team, que agrupa 15 compañías (entre las que se encuentran la española AIr Europa, Aeroméxico, Alitalia o la estadounidense Delta) que vuelan a 926 destinos de 173 países.
Parafraseando a Vera Farmiga, ¿cómo de grande es la cuenta de puntos de vuestras tarjetas de fidelización? ¿Así...? ¿Así......? ¿Así...................? ¿Así.............................................................?
Seguro que no la tenéis tan grande como George Clooney. ¿O acaso me equivoco? (la mía es pequeñita).
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