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ANÁLISIS | Crisis en la televisión pública

Dignidad frente a desmemoria

La propuesta aprobada por el Consejo de Administración de RTVE abre la posibilidad de que los consejeros de la corporación puedan controlar los procesos de trabajo de los periodistas de TVE. De no revocarse, la propuesta institucionalizaría una práctica atentatoria contra la libertad de información.

TVE fue un instrumento del régimen franquista; fue utilizada por los partidos políticos que llegaron al poder durante la democracia y solo una sentencia condenatoria de la Audiencia Nacional sirvió para que un presidente del Gobierno admitiera que la televisión pública estatal no debía ser ya un instrumento al servicio del partido gobernante. Esa sentencia se consiguió gracias a la valentía de profesionales de TVE y, ahora, vuelven a ser los profesionales de la Corporación los que denuncian el riesgo de manipulación antidemocrática que amenaza su labor.

Los profesionales de RTVE ejercen su profesión con rigor, dignidad y profesionalidad. Esta valoración no es fruto de un juicio gratuito sino de un estudio comparativo sobre los informativos diarios en la BBC y TVE que realizamos investigadores de diversas universidades (Retis, J. Lamuedra, M. y García Matilla, A. 2010). Los profesionales de la televisión pública británica (BBC), son respetados por la clase política y por sus propios gestores, por un mandato ciudadano simbólico, ya que los británicos, en una mayoría abrumadora, consideran a la BBC un símbolo de su democracia.

Desde que empieza a trabajar en la BBC todo profesional sabe que no debe aceptar intromisión política alguna y que su compromiso no es ni con el Gobierno ni con un partido político concreto, ya que tiene el mandato de servir a los intereses de públicos mayoritarios y minoritarios. Por su parte, los gestores y los organismos controladores, dan por hecha la honestidad y la profesionalidad de sus trabajadores y se aseguran de que estos tengan una asesoría permanente. La mejora de los informativos de TVE es un hecho objetivado en los últimos años. Los espectadores acuden a la cita con los informativos de la televisión pública estatal de forma mayoritaria. Esta última crisis es un aviso para navegantes y un síntoma revelador de que algunos políticos siguen "confundidos", ya que la solicitud de independencia profesional no es solo exigible a los propios profesionales sino también a los gestores, elegidos, no por casualidad, por políticos desmemoriados.

Agustín García Matilla es catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad en la Universidad de Valladolid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de septiembre de 2011