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ARQUITECTURA

Un español en el Shanghái precomunista

Álvaro Leonardo, un joven arquitecto valenciano, ha rastreado y recuperado la insólita historia de Abelardo Lafuente, un arquitecto madrileño que vivió en la capital económica de China hace casi un siglo. Casas con estilo mozárabe, el Club Judío, hoteles y salas de fiesta están entre las construcciones que aún se preservan. Una ruta turística permite hoy identificarlos

Puta o perla. Shanghái nunca ha conocido el término medio. Y ese carácter extremo es lo que ha convertido a la capital económica de China en un imán para el mundo. Lugar de perdición para algunos y tierra de oportunidades para otros. Sin duda, Abelardo Lafuente (Madrid, 1871- Shanghái, 1931) supo esquivar el primero para explotar al máximo la segunda mucho antes de que la globalización del siglo XXI convirtiera al gigante asiático en el jugoso mercado al que todos quieren dar un bocado.

Hasta ahora, su historia ha permanecido escondida en las polvorientas estanterías de archivos cerrados a cal y canto, y sólo algunas placas conmemorativas, no menos elusivas que esos documentos, dan fe del éxito que cosechó este arquitecto español en la ciudad que sirvió para que la recién fundada República de China abriese sus ojos al mundo. Ha querido la casualidad que, casi un siglo después de que, en 1913, Lafuente hubiera navegado desde Manila, donde su padre trabajaba como arquitecto municipal, haya llegado a Shanghái otro arquitecto español con la misma esperanza que empujó a aquél. Álvaro Leonardo (Xàtiva, 1979), aterrizó en China hace dos años con una edad similar a la que tenía por entonces el primer arquitecto español que probó suerte en el gigante asiático, e incluso comparte iniciales con él.

"En la noticia sólo se mencionaba su nombre y su profesión. Pregunté, y nadie sabía nada de él", recuerda Leonardo

"El bar Sasha's es el único edificio de Shanghái en el que el público puede ver los planos originales firmados por Lafuente"

Pero Leonardo no tenía ni idea de que un compatriota hubiese logrado, mucho antes de que China empuñase la hoz y el martillo, lo mismo que él busca hoy. Hasta que leyó un reportaje en un antiguo periódico que describía un comercio de productos importados de Filipinas en el que se reunía un grupo de españoles, entre ellos Lafuente, al que también menciona Vicente Blasco Ibáñez en el segundo tomo de su La vuelta al mundo de un novelista. "En la noticia sólo se mencionaba su nombre y su profesión. Pregunté, y nadie sabía nada de él", recuerda.

Quizá por eso, a Leonardo le picó la curiosidad y comenzó a indagar. Meses de investigación tradicional, sobre abultados volúmenes de olor a viejo y documentos ajados, le dieron pistas sobre los edificios que había diseñado el madrileño. El arquitecto del estudio que Polifactory tiene en la megalópolis china, ya ha encontrado cinco edificios de Lafuente que se mantienen en pie, y ahora los muestra en un recorrido a bordo de un autobús, siempre lleno, que patrocina la Sección Cultural del Consulado de España en Shanghái, una rama del Instituto Cervantes. Micrófono en mano, el joven arquitecto combina la biografía de Lafuente con curiosidades de sus clientes, y consigue que los asistentes se abstraigan del bullicio de la calle de Nanjing, paradigma del neocapitalismo chino actual, para retraerse hasta principios del siglo XX, momento en el que la calle de los caballos era el único lugar en el que los extranjeros podían adquirir propiedades. Por ello, en la arteria comercial por excelencia fue donde Abelardo Lafuente puso sus primeras piedras. "Aunque no era judío, tenía muy buena relación con esa comunidad, un hecho que le proporcionó diferentes proyectos".

La primera parada así lo demuestra. Lafuente construyó entre 1916 y 1918 el Club Judío de la ciudad, de líneas sobrias propias del estilo internacional europeo. Y aquí se encuentra la primera placa que demuestra la autoría del arquitecto español. "Fue una alegría para mí encontrarla porque, si no, alguien podría pensar que me lo estoy inventando todo", bromea Leonardo, que considera que "en el siglo XXI es difícil dar con un descubrimiento de esta relevancia".

Al lado del club resiste, reconvertido en restaurantes y tiendas, uno de los tres garajes que construyó para Albert Cohen, un español que fue dueño de la principal empresa fabricante de rickshaw de la ciudad. "Con este edificio introdujo el estilo mozárabe", explica Leonardo, antes de referirse a la Alhambra para que los asistentes chinos a esta conferencia sobre ruedas tengan una referencia contundente, y ubiquen en el tiempo y el espacio las intrincadas filigranas de la piedra de la fachada, que contrastan con el vidrio y el acero que las rodea."Con el tiempo se han añadido elementos nuevos, pero en origen Lafuente no utilizó un estilo mozárabe puro, ya que introduce unas columnas que no tienen nada que ver", analiza.

El pionero español también tuvo una estrecha relación con el mundo hotelero, aunque nunca llegó a construir un edificio completo, ya que trabajó durante una década para la mayor compañía hotelera de Asia, Hong Kong and Shanghai Hotels Limited, que sólo concedía ese honor a profesionales anglosajones. No obstante, su nombre sí que está grabado en la placa de mármol tras una columna de la sala de baile de uno de los establecimientos emblemáticos de la Perla del Oriente, y con el que Lafuente tuvo un fuerte vínculo: el Hotel Astor.

Aquí es donde se alojó a su llegada a Shanghái, donde dejó su impronta en una espectacular sala de baile que, a la postre, le daría la fama por ser considerada una de las más lujosas del continente, y donde murió a su regreso de América, lugar en el que había establecido un segundo estudio que quebró con el crash de 1929. Dos años después decidió escapar de la Gran Depresión a China, pero una enfermedad que contrajo en México lo acompañó hasta matarlo en el Astor. Todavía hoy es raro el fin de semana en el que no se celebra alguna boda por todo lo alto en su sala de baile."Se han hecho muchas reformas y la decoración actual no es tan atractiva como la original, pero se mantienen algunas de las principales características. Una es el lucernario, que permite la entrada de luz natural, y que de noche se ilumina con luz artificial para dar la sensación de estar bailando en el exterior, y otra es el suelo de madera, cuyas sinuosas formas fueron muy aplaudidas en la época", explica Leonardo.

Actualmente, más de mil españoles residen en Shanghái. Pero hace un siglo eran menos de veinte. No obstante, algunos hicieron mucho ruido. Es el caso de Antonio Ramos, un granadino que llegó en 1907, también procedente de Filipinas, con el proyecto de introducir el cine en China. Y lo consiguió. "Llegó a tener siete salas, de las cuales al menos dos fueron construidas por Lafuente en estilo mozárabe", relata Leonardo. Desafortunadamente, ninguna se conserva.

No obstante, sí que está en pie la mansión que Ramos, ya convertido en el rey del cine le encargó en 1924 a Lafuente "para sentirse como en casa". El edificio, también de estilo mozárabe y con el característico patio central, se conserva en buen estado, incluso con parte de la cerámica importada de España para la decoración. Su protección por parte del Gobierno se debe a que, posteriormente, sirvió de residencia para un dirigente del Kuomintang. Porque Antonio Ramos hizo las maletas con los primeros bombardeos japoneses, en 1927, vendió sus propiedades, y regresó a España millonario. Tanto que mandó construir el Teatro Rialto de la Gran Vía madrileña, "otro dato poco conocido".

Al lado de la imponente mansión se encuentra el Ramos apartment, un bloque de apartamentos que utilizó el empresario para alquilar y sacar un rendimiento extra a la parcela. "Curiosamente, eran religiosos españoles los que recomendaban los mejores lugares para construir y alquilar este tipo de apartamentos y hacer un buen negocio", cuenta Leonardo. "La relación de Lafuente con las diferentes comunidades religiosas le llevó a hacer incluso proyectos de capillas, iglesias, y hasta una mezquita y una catedral".

Y catedral, pero de otro tipo muy diferente, es el edificio que cierra la visita. El caserón que alberga el Sasha's, uno de los principales bares de copas de Shanghái, fue en su día un proyecto de Lafuente para un empresario, seguramente alemán, y es ahora uno de los edificios más emblemáticos de la concesión francesa. "Es el único edificio de Shanghái en el que el público puede ver los planos originales firmados por Lafuente".

A Leonardo todavía le quedan meses de investigación para confirmar la autoría de Lafuente en otros edificios. La correspondencia que el arquitecto madrileño mantuvo con su familia, y que "se conserva milagrosamente", sirve de pista principal. "No puedo asegurar qué obras son suyas hasta que lo confirmo por diferentes vías", reconoce.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de junio de 2011