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viernes, 20 de mayo de 2011

Munich Re pagó una fiesta con prostitutas marcadas por categorías

La firma de seguros usó a 20 meretrices "como incentivo" para 100 comerciales

La aseguradora alemana Ergo -filial del grupo Munich Re, la mayor reaseguradora del mundo- recompensó a sus 100 mejores representantes de seguros con una fiesta en Budapest para la que contrataron a decenas de prostitutas. La empresa confirmó ayer que un viaje de "incentivos" para sus mejores empleados organizado en 2007 culminó en una fiesta con al menos 20 mujeres pagadas para mantener relaciones sexuales con los invitados. Medios alemanes recogen testimonios que elevan el número de mujeres a más de 100. La compañía afirma que ha abierto una investigación para determinar si se han dado otros casos.

Los detalles son de una minuciosidad nada halagüeña para una empresa muy conocida en toda Alemania como aseguradora de hogares y familias. Hamburg Mannheimer International (HMI) pasó en 2010 a llamarse Ergo, división de seguros directos del consorcio multinacional Munich Re, que vale 21.000 millones de euros en Bolsa y tiene 46.000 empleados en el mundo.

La compañía lo lamenta y asegura haber expulsado a los responsables

Hubo chicas que cobraron por doce servicios sexuales al finalizar la jornada

La prostitución en Alemania es legal y cotiza a la seguridad social

"Con cuotas de mujeres no pasarían cosas tan chuscas", dice una ministra

Los representantes de la compañía lamentaron lo sucedido y eludieron comentar los pormenores del escándalo, que, según se publicó ayer, son los siguientes: Hamburg-Mannheimer alquiló las viejas termas de Gellert, en la capital de Hungría, para agasajar a los más eficientes de su plantilla. Las convirtieron en un enorme prostíbulo con camas de dosel y decenas de chicas a las que diferenciaron con brazaletes de colores: los rojos y los amarillos distinguían a las prostitutas de las camareras o azafatas. Los brazaletes blancos adornaban a las mujeres reservadas para los directivos que participaron en el viaje y para el puñado de representantes con mejor hoja de servicios. Los llamaban el Top 5.

Según un testimonio recogido por el diario económico Handelsblatt, "cualquiera podía llevarse a una mujer a las camas con dosel y hacer con ellas lo que fuera". Al término, un sello de tinta en el brazo de la prostituta marcaba cuántas prestaciones se le debían abonar al final de la jornada. Algunas reunieron una docena.

En Alemania, uno de los personajes ficticios más famosos de la publicidad televisiva es herr Kaiser, corredor de seguros de la Hamburg Mannheimer. Se trata un tipo agradable y bien parecido que recomienda pacientemente a las familias cuál es el seguro que más les conviene. Sin duda, la fiesta sexual de 2007 erosionará la imagen corporativa de una empresa orientada al consumidor.

La prostitución en Alemania es legal y puede ejercerse por cuenta propia, con sus cotizaciones al fisco y a la seguridad social. La sociedad y la vida pública alemanas no son particularmente mojigatas. Sin embargo, los expertos coinciden en que la imagen de una empresa queda tanto más dañada si un escándalo demuestra la contradicción entre sus proyecciones publicitarias y sus verdaderas prácticas.

Entre el ficticio herr Kaiser -cuya bonhomía estomaga a más de uno- y la nada imaginaria noche orgiástica de Budapest hay un abismo que puede salirle caro a Ergo. Cualquier cliente potencial se preguntará si los beneficios de las cuotas de su seguro acabarán financiando fiestas salaces en el extranjero.

Hajo Köster, de la Confederación de Asegurados alemana, pidió ayer a Munich Re que depure las responsabilidades. Tachó de "irresponsable y desvergonzado" el comportamiento de la empresa. Al final, dijo, los costos de tales dispendios recaen en los asegurados.

Por su parte, la ministra de Sanidad y Emancipación de Renania del Norte-Westfalia, la verde Barbara Steffen, criticó ayer a Ergo por el "nivel subterráneo" de la fiesta en Budapest. Y añadió: "Hay algo que está claro: si tuviéramos una cuota obligatoria de mujeres en los consejos de administración, no sucederían cosas tan chuscas".

En Ergo lamentan los hechos y reconocen que suponen "una grave vulneración de la normativa interna de la compañía". Dicen que han expulsado ya a los responsables. En los testimonios que recoge Handelsblatt, por el contrario, se dice que muchos siguen en la empresa. Incluidos algunos de los que tenían acceso a las prostitutas del brazalete blanco.

Los empleados tenían que dejar sus cámaras y sus móviles en la puerta, pero uno de ellos contó la historia veladamente en una revista interna de HMI llamada Profil. Se deshacía en elogios: "Hay cosas que son tan asombrosas, tan fantásticas e indescriptibles que casi no deberían ser ciertas; es increíble lo que uno puede experimentar en HMI". Se desconoce qué opinaron las prostitutas.

Cuando VW compró a sindicalistas

No es el primer escándalo de este jaez en una gran empresa alemana. Durante los años del milagro económico y hasta la crisis de los setenta, este tipo de recompensas eran moneda habitual. Cuando no había mujeres entre los directivos, la cultura empresarial alemana era notoriamente machista. Y lo sigue siendo en sectores clave como el del automóvil.

Uno de los casos más recientes le costó dos años y nueves meses de cárcel al ex jefe del Comité de Empresa de Volkswagen, Klaus Volkert. El jefe de personal del gigante automovilístico, Peter Hartz, fue condenado un año antes a una pena parecida, mientras que su subalterno Klaus-Joachim Gebauer estuvo un año en libertad condicional. Los tres estaban implicados en un desfalco que incluía la financiación de prostitutas, viajes de lujo, regalos y hasta Viagra para altos cargos y sindicalistas del gigante automovilístico.

Volkert tenía una amante brasileña que se lucró de falsos contratos con Volkswagen. Peter Hartz, jefe de personal del consorcio, le concedió enormes privilegios económicos a cambio de que mantuviera a raya a los sindicalistas del comité de empresa.

Algunos de ellos se beneficiaron de los viajes de lujo y de la prostitución pagada con fondos de la compañía. Gebauer así lo reconoció durante el juicio, en el que aseguró que había actuado por orden de la directiva. El propio Hartz, a su vez sindicalista y miembro del Partido Socialdemócrata (SPD), admitió haber "comprado" a Volkert.

La polémica saltó en 2005, poco antes de las elecciones generales que ganó Angela Merkel. No cabe duda de que perjudicó a los socialdemócratas ni de que la millonaria corrupción de Volkert erosionó la buena imagen del sistema de control sindical de las compañías alemanas.

El presidente de Munich Re, Nikolaus von Bomhard. / MICHAELA REHLE(CORDON PRESS)

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