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domingo, 11 de abril de 2010

España se mira en el espejo austriaco

El Gobierno propone un fondo de indemnización por despido que el trabajador pueda llevar de una empresa a otra - La contratación, uno de los escollos del diálogo social

LUIS DONCEL Madrid 11 ABR 2010

Dos de los asistentes a la reunión que se celebró el pasado martes en La Moncloa tenían buenos motivos para desear que no se alargara demasiado. José Luis Rodríguez Zapatero e Ignacio Fernández Toxo, conocidos culés, no querían perderse bajo ningún concepto el partido que esa noche disputaban el Barça y el Arsenal. Pero el fútbol no impidió que el encuentro trajera una novedad de calado: el presidente del Gobierno puso sobre la mesa la propuesta de estudiar la reforma que emprendió Austria en 2002 como forma de mejorar la calamitosa situación del mercado laboral español. Los líderes de UGT, Cándido Méndez, y de CC OO, Toxo, recogieron el guante.

El modelo austriaco se basa en el principio de que las empresas constituyan un fondo para cada trabajador que se abonaría en caso de despido, una hucha complementaria a la prestación que recibe del Estado. Este modelo fomenta la movilidad laboral porque el empleado se lleva a su nuevo puesto la cantidad no consumida del dinero que ha ido acumulando a lo largo de su vida laboral.

Los agentes sociales conocerán mañana el borrador que ha escrito el Ejecutivo

Zapatero no invitó a la reunión del martes a la patronal, lo que ha provocado cierto malestar entre los empresarios, que esta semana han mantenido conversaciones con el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho. Los agentes sociales sí que estarán en la reunión de mañana a las 16.30 para conocer la redacción definitiva del borrador que ha presentado el Gobierno de reforma laboral. Este documento -que modificará la propuesta, muy poco concreta, formulada por el Ejecutivo el pasado 5 de febrero- incluirá sólo los asuntos pacíficos, en los que el acuerdo está cantado. El borrador se encuentra todavía en una fase preliminar, por lo que está sujeta a la negociación y a las aportaciones de sindicatos y patronal. Aunque el texto eludirá los aspectos más polémicos, como el análisis del modelo austriaco, estos sí que se tratarán en la reunión de mañana, a la que no asistirán los primeros espadas de cada organización.

Fuentes de los dos sindicatos coinciden en que la ampliación del contrato indefinido con un despido más barato -por ejemplo, el de 33 días frente a los 45 habituales- puede convertirse en uno de los grandes escollos de la negociación. Este tipo de contrato, muy poco extendido, se aplica ahora a todos los trabajadores excepto a los hombres de entre 31 y 44 años. La pretensión de extenderlo urbi et orbi puede chocar con la oposición de los representantes de los trabajadores.

En UGT también objetan la posible reforma de los servicios de intermediación. Uno de los grandes conflictos es la reclamación que tradicionalmente han enarbolado los empresarios de rebajar las cotizaciones sociales. Los sindicatos consideran que ni siquiera tendrán que oponerse el lunes -"Es un tema fuera de debate", insisten fuentes de UGT-, pero aseguran que si el Gobierno tratara de hacer con este asunto un guiño a la CEOE lo considerarían como una declaración de guerra suficiente como para hacerles levantarse de la mesa. "¿Dónde está la coherencia de prolongar la edad de jubilación a los 67 años y, al mismo tiempo, rebajar las cotizaciones?", se preguntan en CC OO. Se calcula que cada punto porcentual de rebaja supondría una merma de ingresos al Estado de unos 2.500 millones de euros.

Frente a los temas calientes que no se incluirán en el borrador, más posibilidades de un acuerdo rápido tienen las medidas encaminadas a reducir el desbordante paro juvenil -que entre los menores de 25 años roza el 40%-, reordenar las bonificaciones que se dan a las empresas por contratar, la reducción de la temporalidad, estímulos a la información y la reducción de jornada. Son los asuntos que menos quebraderos de cabeza van a dar en los próximos días al ministro Corbacho.

Lo que ya se propuso en febrero

- El Gobierno presentó el 5 de febrero un esbozo de reforma laboral muy poco concreto. La promoción de los contratos indefinidos y la lucha contra la temporalidad estaban entre los principales objetivos. Entre otras medidas, constaba el aumento de inspecciones de Trabajo, la imposición de más costes a las empresas que más recurran a la temporalidad y el impulso al contrato con una indemnización de 33 días.

- Menos jornada: con el ejemplo alemán como referente, se trata de fomentar el uso de la reducción de jornada para que en caso de dificultades económicas no se recurra al despido.

- Revisión de bonificaciones a la contratación: el Gobierno considera que esta figura, que supone un coste de 3.000 millones al año, han perdido eficacia porque se han universalizado. Se reorientarán a los jóvenes, discapacitados

y víctimas de violencia de género.

- Más empleo joven: para apoyar a los que tienen entre 16 y 24 años y, sobre todo, a los que carecen de formación se crearán contratos con derecho a cobrar el desempleo.

¿Qué hacen para tener sólo un 5% de paro?

No es esta la primera vez que se habla del modelo austriaco de indemnización por desempleo. Muchos expertos, incluido el gobernador del Banco de España, llevan tiempo sugiriendo la conveniencia de trasplantar a España algunos de sus aspectos. Pero parece que ahora por fin el Gobierno y los agentes sociales lo van a estudiar a fondo.

La idea, todavía muy verde, se basa en adaptar algunos aspectos del camino austriaco, no todo el modelo. Fuentes sindicales subrayan que sólo lo aceptarían si no se rebajaran los derechos de los trabajadores por despido. Y señalan que para ello, sería necesario que el Estado se rascara el bolsillo. "Si quieren la cuadratura del círculo, sólo se conseguirá con aportaciones del Erario público", insisten.

Porque la reforma que en Austria entró en vigor 2003 aumenta el número de trabajadores con derecho a cobrar la indemnización. A cambio, la cuantía media disminuye. El empresario tiene que ingresar en el fondo de cada empleado un 1,5% del salario. Los derechos acumulados por cada trabajador permanecen en una cuenta hasta su jubilación. Sólo si es despedido, puede cobrar antes ese dinero.

Como decía el Banco de España en su boletín de julio de 2009: "Este sistema ha logrado que los derechos de despido sean adquiridos por todos los trabajadores desde el primer día de trabajo. Asimismo, preserva estos derechos en caso de un cambio voluntario de empresa, con lo que la movilidad de los trabajadores debería verse favorecida". A falta de una evaluación rigurosa de la vía vienesa, la comparación entre los mercados laborales de los dos países es sonrojante: España padece una tasa de paro de casi el 19%, rozando el 40% para los menores de 25 años; frente a un desempleo en Austria del 5,4%, y del 12% entre sus jóvenes. Aunque esta diferencia se explica por muchos otros factores, y no sólo por el modelo austriaco.

Los sindicalistas Toxo y Méndez, el ministro Corbacho, el presidente Zapatero y los líderes de la patronal Díaz Ferrán y Bárcenas, el pasado febrero en La Moncloa. / GORKA LEJARCEGI

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