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martes, 16 de marzo de 2010
Reportaje:SINGULARES | Manuel Lillo, músico y compositor

Medio siglo de requinto

El instrumentista da su último concierto tras 51 años en la Banda Municipal

El de ayer era su último ensayo en la Banda Sinfónica Municipal de Madrid. Hoy, el maestro Manuel Lillo Torregrosa, de 69 años, deja atrás 51 y medio como requintista, si así se puede llamar a quien toca el requinto, un clarinete más pequeño de lo normal ("lo más agudo de la banda es el flautín y el requinto", detalla). Se despide a lo grande y sin nostalgia en un concierto con su formación en el teatro Monumental. Tampoco se va a librar de un homenaje (como compositor, que también lo es) el próximo 9 de mayo, día que se inaugurarán los conciertos de verano en el parque del Retiro. "Hagamos la entrevista fuera, que con este día da gusto. Mire qué vistas", pide amablemente Lillo, un hombre sensible que repasa el que ha sido su paisaje habitual durante muchos años. Un skyline con las nuevas torres de la Castellana, la Torre de Madrid, el Edificio de España en obras, que se divisa desde el pabellón número 12 de la Casa de Campo, lugar donde ensaya la Banda Municipal. "Este paisaje no lo conoce casi nadie", dice orgulloso.

"En 1959 los conciertos en el Retiro eran nocturnos"

Como compositor tiene registradas casi 600 obras en la SGAE

Lillo ingresó en la banda el 29 de agosto de 1959. "Entonces los conciertos en el Retiro eran nocturnos, a partir de las once de la noche. No había problemas de seguridad. Desde ese día he conocido a todos los directores, don Jesús Arambarri, don Victorino Echevarría o Martín Domingo, autor de los pasodobles más famosos de Madrid como La kermés de Las Vistillas. Ahora va el doble de público, unas 4.000 personas, pero siempre son los mismos. Va de padres a hijos". Cuando Lillo entró tenía 18 años y se tuvo que comprar un sombrero porque los demás (mayores que él) lo llevaban. "Estaba ridículo con él", sentencia el músico con desparpajo. En esos años Madrid era muy pequeño. "Yo vivía en Manuel Becerra y no te perdías; ahora coges el coche y no sabes por dónde vas. La plaza de las Ventas era las afueras, ahora todo es grandísimo".

A Madrid llegó desde la localidad alicantina de San Vicente del Raspeig ("póngalo, que si ven esto allí en el pueblo les va a gustar mucho", recomienda rápido). Nacido en 1940, estudió piano en Alicante y luego el requinto. ¿Y por qué le dio por la música? "Por tradición familiar. Estaba muy influido por mi padre, músico aficionado, y por mi tío, muy famoso, Vicente Lillo, trompeta en la Orquesta Nacional de España y en la Banda Sinfónica de Madrid. Dijeron: 'Que el niño estudie música, que tiene porvenir'. Y además, de requinto porque mi tío sabía que en la Banda Municipal uno de los señores se jubilaba. Entré de interino y a los seis meses se convocó la oposición y aprobé".

Como la economía "no estaba fácil", Lillo se pluriempleó. "Tener la carrera de piano me valía para tocar en orquestinas, en salas de fiestas. Ganaba más que en la banda. Luego en los setenta estuve cinco años en la Orquesta Nacional, en papeles específicos para requinto, como en Bolero de Ravel, que tiene un solo de requinto. Me llamó el Circo Price y me propusieron quedarme fijo, pero me pidieron que dejara la banda, y eso no, porque es como mi segunda familia".

Suena el móvil con algo parecido a gorgoritos de bebé. "Lo de siempre. Cuando el hijo se deshace del móvil se lo pasa al padre, así que el sonido será de uno de mis nietos". Madrid también le dio a Lillo una novia. "Un vecino músico tenía una hija que trabajaba en las oficinas de Simago y un día me presentó a una amiga". Era Carmen, con la que se casó y tiene dos hijos.

Si de algo se arrepiente Lillo es de no haber compuesto desde el principio. "El tiempo perdido en el piano en salas de fiestas lo tenía que haber dedicado a la composición, pero necesitaba ese dinero". En la SGAE tiene registradas casi 600 obras como compositor. "¿Tantas? ¿Dónde lo ha visto?", pregunta. "¡Ah!, en mi web", exclama. Ésas son cosas de su hijo, ingeniero de telecomunicaciones, que le ha creado una web (www.manuel-lillo.com.es) porque él de eso no tiene mucha idea.

Su energía (y velocidad) la encauzó en la composición. Una de sus más famosas obras, Plaza de las Ventas, la empezó a las cinco de la tarde y a las once de la mañana (después de una noche en vela) ya se grababa en la versión de disco. Antonio Molina está entre quienes han grabado canciones suyas. Y Luis Cobos le ha encargado muchas obras. Lillo viajó por Latinoamérica y Europa con Jesús Villarrojo, director del grupo LIM (Laboratorio de Interpretación Musical). Entre sus muchos reconocimientos está la Medalla de Oro al Mérito Cultural, en 1975.

Al preguntarle por los problemas actuales de la Banda Municipal, Lillo contesta que más que laborales son producto de la economía que (otra vez) está difícil. "No hay dinero ni para cañas para el clarinete". Muy seguro dice que no se va de la banda con pena. "Dejo 90 amigos que forman la banda; hombre, unos más que otros, pero nunca he tenido enemigos". ¿Y qué va a hacer ahora? "Seguir levantándome a las seis de la mañana para componer, que para mí es como un tranquilizante".

Manuel Lillo Torregrosa, requintista de la Banda Sinfónica Municipal. / LUIS SEVILLANO

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