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Análisis:EL ACENTO

Entusiasmos precipitados

Con frecuencia las decisiones calculadas y sin riesgo se toman como si fueran rasgos de valor. Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal CEOE, sorprendió al comité ejecutivo y la junta directiva de la organización pidiendo

de sopetón un voto (una opinión) sobre si debía continuar siendo el presidente. Díaz Ferrán pretendía lavar ese problemilla del expediente que le ha abierto Caja Madrid por el impago de un crédito de 26,5 millones de euros; o la reclamación presentada por la Seguridad Social de una deuda de 15 millones a la empresa Air Comet, de la que es presidente. El caso es que la jugada política de Díaz Ferrán fue un éxito. El comité y la junta, pillados por sorpresa, sin tiempo para reflexionar, se deslizaron fácilmente hacia el apoyo entusiasta, que es una salida cómoda en tiempos de confusión.

Ya no hay manera de comprobarlo, pero si la junta y el comité hubiesen dispuesto de tiempo para analizar las dificultades de su presidente, quizá hubiera recibido apoyos menos unánimes.

Recapitulemos. Díaz Ferrán es presidente desde febrero de 2007. En más de dos años de mandato, en su trayectoria figuran

en su haber la autoría de dos frases de resplandeciente torpeza ("hay que abrir un paréntesis al capitalismo", al comienzo de la crisis, y "es lo mejor que tenemos", dedicada a Esperanza Aguirre), dos enfrentamientos graves con sus colegas Juan Jiménez Aguilar y Jesús Bárcenas, este último todavía activo; una bronca política con el Gobierno a cuenta del acuerdo social; y un fracaso sin paliativos en el ámbito delicado de la negociación colectiva y los acuerdos sociales.

Para los empresarios no es una ventaja tener un presidente que debe hacer frente a dificultades financieras en sus empresas; parece algo estrambótico, como aquel maestro Ciruela que no sabía leer y puso escuela. Si ese presidente carece además de sintonía con el Gobierno y fía toda su fuerza disuasoria en levantarse de la mesa de negociación con los sindicatos, su utilidad parece discutible. Díaz Ferrán, mejor que nadie, debe conocer los límites. No es necesario trasladar a los órganos de CEOE la responsabilidad de una decisión que él mismo tiene que saber calibrar si conviene -o cuándo conviene-, tomar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de diciembre de 2009