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jueves, 20 de agosto de 2009
Reportaje:Una intevención pionera

"Psicológicamente es muy duro"

Paul Méningaud ha participado en cuatro trasplantes de rostro en Francia - Uno de sus pacientes murió; el resto recupera lentamente la normalidad

Francia ha sido pionera en el trasplante de cara. La misma noche que en España se realizaba su primera intervención de estas características, en las afueras de París, en el Hospital Henri-Mondor de Créteil, el equipo médico del doctor Laurent Liantéri y su brazo derecho, Paul Méningaud, operaba a su cuarto paciente de este tipo, el quinto en Francia. El primero se realizó en el Hospital Universitario de Amiens, en 2005, dirigido por el profesor Bernard Devauchelle. Cuatro años después, la mayoría de los receptores vuelven lentamente a recuperar una vida normal.

El éxito de las operaciones se ha visto empañado por la primera muerte de un trasplantado de cara en el país a principios de junio. Su operación fue noticia al ser el primer trasplante de manos y de cara simultáneo y el primero que incluía los párpados. Ocurrió a principios de abril en un joven de 28 años que había sufrido un accidente doméstico. Pero el paciente murió apenas dos meses después. Los doctores aseguran que la causa no fue el trasplante en sí. "No hubo rechazo", dice Méningaud. "Fue una infección relacionada con el tratamiento que reduce las defensas", añade. Explica que las infecciones son comunes entre este tipo de pacientes. De hecho, otro de los trasplantados sufrió también una grave infección pulmonar. "Casi se muere", comenta. Pero el problema del joven, de 28 años, se pudo controlar y disfruta ahora de una vuelta a la vida normal. Cuando acudió a la consulta de los médicos franceses, Andrés no podía comer ni hablar claramente. Un accidente con una escopeta le había dejado la cara destrozada. Cinco meses después de la operación ya no necesita ni sonda ni traqueotomía y ha vuelto a su casa.

"He hablado con su padre hoy (por ayer), y dice que está en la playa, que está bien, aunque ha tenido altos y bajos", cuenta Méningaud. "Son operaciones muy duras, hay todo un proceso psicológico", añade. Por ello, todos los pacientes son seguidos por un equipo de psicólogos y parte de los fármacos que deben tomar se compone de tratamientos psicológicos, por ejemplo, para reducir la ansiedad.

La primera trasplantada, Isabelle Dinoire, también tardó en acostumbrarse. "Esta cara… no es la mía. Jamás será mía", señaló en una entrevista al diario Le Monde en julio de 2007. Finalmente, poco más de un año después declaraba: "Ya está, es mía" en las ondas de la radio francesa RTL. "Es verdad que al principio no fue fácil", añadió. Dinoire acordó entonces esta entrevista "para que [el trasplante de cara] ya no sea tabú" y porque había cambiado su vida.

A Pascal Coler, trasplantado en 2007, más que cambiarle la vida, la operación le ha permitido empezar de cero. Sufría desde adolescente una enfermedad de la piel, la enfermedad de Von Recklinghausen, que le tenía desfigurado. Ahora se desplaza en transporte público sólo (antes lo hacía acompañado de familiares para no sentirse tan expuesto a la mirada del público), tiene trabajo y hace una vida normal. "Siempre ha venido a todas las fiestas que hemos hecho en el departamento del hospital", cuenta Méningaud.

El médico Jean Paul Méningaud.

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