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domingo, 2 de agosto de 2009
Reportaje:Ofensiva terrorista

Zaragoza: cinco ataúdes blancos

La casa cuartel fue destruida en 1987, cuando la banda pretendía negociar

La carga estalló poco antes de las 6.30 frente a la casa cuartel de la Avenida de Cataluña, en Zaragoza. Era el 11 de noviembre de 1987 y por primera vez ETA tuvo ataúdes blancos. La bomba quebró en dos el edificio de cuatro pisos de ladrillo en el que vivían los guardias y sus familias. Once muertos, entre ellos cinco niños: Silvia Fernández, siete años; Silvia Ballarín Gay, de seis; Rocío Capilla Franco, de 12; las gemelas Esther y Miriam Barrera Alcaraz, de tres , y un adolescente de 16 años, Pedro Alcaraz Martos.

Años después, una niña que sobrevivió , la hija de un guardia ejemplar, no soportaba el encendido de las luces que anunciaban la Navidad. En su memoria quedó para siempre un amanecer terrible de hierro, pólvora, escombros y muerte. Un comando de cuatro personas perpetró la matanza. Dos terroristas huyeron por tren y otros dos por carretera. Alguien les aguardaba.

Henri Parot estaba tras el atentado que tuvo como actores comprobados a Josu Ternera y Fitipaldi, ambos esenciales para ejercer labores de información y vigilancia. Pakito y Fitipaldi fueron condenados a más de 2.300 años de cárcel por ese atentado. Ternera se ha reintegrado en la banda.

Aquella mañana zaragozana, fría y triste, fue un suceso de sirenas, dolor contenido y estupor. Una plaza estratégicamente situada, una Academia General Militar. Todos las papeletas para un drama. La banda terrorista quería forzar una negociación con el Gobierno de Felipe González y el país estaba en alerta máxima. La víspera del atentado hubo una cena de militares en el Gran Hotel de la ciudad, pero nadie recibió pese a lo dicho y lo publicado ninguna llamada de alerta.

La bomba estalló por la mañana, cuando la ciudad se desperezaba. Y la muerte se agarró a aquella ruina en la que todos los efectivos de las Fuerzas de Seguridad, bomberos, voluntarios y policía local volcaron sus esfuerzos y su rabia. Juguetes rotos entre los cascotes y el primer cadáver de un niño rescatado entre lágrimas. Luego, los de otros cuatro. Murieron cuatro guardias civiles; el resto, familiares. Los bomberos lloraron al sacar en una camilla el cuerpo una niña, aparentemente sin heridas. Estaba muerta.

Funeral por las 11 víctimas del atentado de Zaragoza. / ANTONIO ESPEJO

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