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Patrizia decía la verdad

Publicadas las cintas que grabó la prostituta a Berlusconi

Patrizia D'Addario no mentía. La prostituta, de 42 años, afirmó que había visitado dos veces al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, en su residencia del palacio Grazioli y que había entregado las cintas que prueban dichos encuentros a la fiscalía. Ahora, la revista L'Espresso las ha publicado.

Tras la primera cita, una cena en octubre de 2008 en la que había otras 20 chicas, D'Addario no se quedó por la noche. No tenía intención de participar en una orgía.

En la segunda visita, el 4 de noviembre, se quedó a pasar la velada con Berlusconi. Las cinco grabaciones que publica L'Espresso relatan la sucesión de los hechos. En la primera, D'Addario se está acercando al palacio Grazioli en coche. En la segunda se oye a Berlusconi saludar a las chicas ("Ah, qué monas, felicidades", dice).

Acabada la cena, Berlusconi se queda a solas con la prostituta, le muestra un catálogo de joyas y habla con ella.

-Yo me doy una ducha y ¿luego me esperas en la camaza si terminas primero tú?

-¿Qué camaza? ¿La de Putin?

-Sí, la de Putin.

Acabada la noche, D'Addario vuelve al hotel romano donde se alojaba y graba una conversación telefónica con Gianpaolo Tarantini, el empresario amigo de Berlusconi que la contrató. Le explica que no ha recibido el dinero.

-No hemos pegado ojo esta noche. ¿Y el sobre, qué? Barbara [Montereale, una velina] me ha dicho, en cuanto he llegado, si he visto el sobre, 5.000 euros. Le he dicho que no, que yo no he cogido nada.

Luego, D'Addario explica que Berlusconi ha prometido interesarse por el complejo residencial que ella quiere construir en Bari. Y le dice a Tarantini:

-Y después me ha dicho que quiere volver a verme con una amiga, porque, a dos... Ha dicho que tiene una amiga y que quiere hacerme chupar por ella. Te lo juro, eso me ha dicho.

En la última grabación, Berlusconi llama a D'Addario.

-He trabajado mucho. Esta mañana he ido a inaugurar una exposición, y he hecho un bellísimo discurso, con aplausos, y no parecía cansado.

-Como yo, de hecho. Yo no tengo sueño y no he dormido, sólo he perdido la voz.

-¿Y eso? Si no gritamos...

-Tampoco he gritado; quién sabe por qué perdí la voz (...) me he duchado diez veces con agua helada porque tenía calor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de julio de 2009