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jueves, 4 de junio de 2009
Entrevista:JUAN EDUARDO ZÚÑIGA | Escritor

"He escrito para salvarme del frío de la guerra"

Le leímos ayer a Juan Eduardo Zúñiga, escritor, madrileño de 80 años, que ha edificado sobre la guerra una casa literaria en la que conviven la rabia y la melancolía, esta definición que hizo de él su colega Manuel Longares: "Zúñiga conoce el riesgo de pisar la calle. Por eso, al rebasar el portal de su casa pone la mano en la pared de los telefonillos, como para concederse un respiro antes de acometer la audacia". Con sus ojos atentos, como si le estuviéramos leyendo sobre otro, Zúñiga escuchaba. Hoy a este hombre que escucha le homenajean en la Biblioteca Nacional.

Pregunta. ¿Y cómo se ve?

Respuesta. Como me ve Longares. Me ha gustado tener experiencias fuera de lo normal, encontrar extranjeros que me orientaran hacia otras lenguas... Él me ve como un personaje fuera de lo corriente. Lo soy.

"A los 12 años encontré una novela rusa. Me impresionó"

"La posguerra es un periodo largo que no se sabe aún si ha concluido"

P. ¿Sigue siendo la guerra el motor de su mirada?

R. Fue una experiencia tan terrible e inesperada para un adolescente que forzosamente trazó una especie de estructura en la sensibilidad. Pasados muchos años percibí que necesitaba reelaborar literariamente aquel pasado. Y no creo que fueran los impactos más definitivos los que quedaran de manera más indeleble en mi retina. Fueron las pequeñas particularidades de la vida cotidiana.

P. Eso está en su trilogía: la vida cotidiana atravesada por la guerra.

R. Es lo que hice. Una travesía de Madrid relacionándome con los personajes, no precisamente ejemplares, que no se adscribieron a ninguno de los bandos que estaban en contienda, sino que vivían en soledad, con mala conciencia por no tener un compromiso. Éstos son los personajes que he querido ir poniendo en el papel.

P. No había en ellos heroísmo alguno. ¿O sí lo había?

R. No, no había heroísmo. Lo heroico estaba en esa cierta lejanía de una ciudad asediada, hambrienta, bombardeada. Ellos eran como personas que pretenden hacer algo y no lo consiguen. Es la búsqueda de una realización, por eso no son personas ejemplares; son personas más bien anodinas.

P. Pérez Minik solía decir que la guerra le dejó al rojo vivo. ¿A usted cómo le dejó?

R. Más bien lo que yo experimenté fue lo contrario. Una gran frialdad. Noté como un día nublado, un día de esos de llovizna madrileña que sopla el aire helado de la sierra. Ésa era la situación vital en aquellos años. Sobrevivía con el gran esfuerzo de la cultura. La cultura fue el punto de apoyo, la que me ayudó a tener ese cierto calor. Escribir me salvó de aquel frío. Y de esa frialdad del ambiente tuve que pasar a un periodo en el que yo sintiera ese vigor de la creación; debía inventar los personajes, revestirlos de interés.

P. Poner en pie otra vida después de la devastación.

R. Exactamente. Era como una forma de salvarme yo mismo, porque en estos personajes quién sabe si también había astillas de mi madera.

P. ¿Y siguen las astillas de la guerra?

R. Quedan rastros, naturalmente. Son como la cicatriz que va desapareciendo pero aún subsiste.

P. Surcó la posguerra aprendiendo ruso a solas, y ocupándose de autores rusos.

R. A los doce años encontré debajo de la puerta de la casa de mis padres una novela rusa. Me impresionó. Me sirvió para orientarme. Me llevó a la literatura, en especial a la literatura rusa.

P. Publicó El coral y las aguas, una novela romántica ambientada en Grecia, cuando en 1962 dominaba aquí el social realismo.

R. Y yo era amigo de los social realistas. No fue bien aceptada; era lo opuesto a aquella visión social de la literatura. No me desanimé, ni perdí a los amigos. Mi discrepancia era sólo estética y literaria.

P. Un homenaje en la Biblioteca Nacional.

R. Así lo han querido unos amigos. Otros se lo merecen más. Mire usted a Delibes, a Marsé, a Luis Mateo Díez...

P. ¿Y ahora qué escribe?

R. Cuentos de la posguerra, ese periodo tan largo que hemos sufrido y que no se sabe si ya ha concluido.

Juan Eduardo Zúñiga, fotografiado ayer en su casa en Madrid. / GORKA LEJARCEGI

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