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Todavía buscando a Marta

El rastreo por la joven sevillana arrojada al río moviliza cada día a 226 agentes

A ocho metros de profundidad en el río Guadalquivir los buzos lo ven todo negro. Sufren la mínima visibilidad que conllevan las aguas turbias. Llevan el pecho a ras del fondo y dan grandes brazadas para abarcar lo máximo posible mientras recorren pistas de cien metros acotadas por cuerdas. Sólo descienden durante las dos horas diarias "de reparo", cuando las corrientes del río dan una tregua. Buscan el cuerpo de Marta del Castillo y el cenicero con el que Miguel Carcaño supuestamente asesinó a la joven hace un mes, arrojado al río desde una pasarela.

El hallazgo del cadáver de Marta es decisivo para la investigación judicial del caso. Si éste aparece, los forenses determinarán si la joven estaba viva cuando sus dos amigos, Miguel y Samuel, supuestamente la arrojaron al río. En este caso ambos serían acusados de asesinato, mientras que si Marta falleció en el domicilio de Miguel de un golpe certero, éste sería acusado de homicidio. Pero a las intensas y recientes lluvias hay que añadir otro problema. Por el canal donde Marta fue supuestamente lanzada transitaron embarcaciones con grandes turbinas hasta que se inició la búsqueda, dos semanas después de su desaparición. Y esto puede haber hecho desaparecer el cadáver, señalan fuentes del caso.

"Con tanta gente es muy extraño que no aparezca, porque no es profundo"

El cadáver es decisivo para saber si hubo asesinato u homicidio

Estos días el río ha devuelto el cadáver de un hombre, dos semanas después de su desaparición, pero en ocasiones las apariciones de cuerpos se han retrasado varios meses. Eso sí, los investigadores tienen la seguridad de que el cadáver no ha llegado al mar, porque las corrientes tienden a expulsar los cuerpos, cuando éstos empiezan a flotar, hacia las orillas. A pesar de ello, los militares desplegados han revisado la desembocadura en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y varias playas gaditanas.

La búsqueda ha empezado a disminuir su intensidad porque seis agentes recorren un mismo tramo de orilla cada día. Sin embargo, de manera oficial el amplio dispositivo se mantendrá hasta que el Gobierno, responsable del mismo, lo decida, o hasta que el juez del caso imponga un cambio en la búsqueda. "Los señuelos lanzados al río nos han indicado que las corrientes son también ascendentes y hemos ampliado el área de búsqueda hacia Córdoba", ilustra Manuel Piedrabuena, comisario que coordina el operativo.

Tras dos semanas de rastreo intenso, no hay huella del cenicero ni del cadáver de la joven sevillana. Una treintena de buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil desplazados al río desde todo el país son sólo el vértice de un dispositivo de búsqueda insólito para localizar un cuerpo, y que a diario moviliza 226 agentes. "Con tanta gente es muy extraño que no haya aparecido porque el agua no es fría ni profunda, aunque sí hay corriente", comenta José Ángel Criado, jefe de los GEAS en Sevilla.

Casi un centenar de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias de las Fuerzas Armadas recorren sin descanso los 80 kilómetros de orillas del río entre Sevilla y la desembocadura en busca de cualquier pista. Junto a ellos, agentes de la policía y la Guardia Civil acompañados de perros rastreadores, cuatro de ellos venidos de Holanda, dos helicópteros, 22 embarcaciones y tres motos de agua. Esta semana se ha sumado personal del Grupo Especial de Operaciones (GEO), de los Grupos Operativos Especiales de Seguridad (GOES) y una embarcación con un sistema de sondas incorporado que emite imágenes en tres dimensiones del fondo del río. Además, la Guardia Civil trabaja con un potente detector de metales, por si Marta llevara pulseras metálicas el día de su desaparición, y los buzos han inspeccionado los colectores de aguas fluviales de Sevilla en busca del cuerpo.

"Nunca vi un operativo parecido. Hemos encontrado ovejas, perros y muchísima basura. Es horroroso porque te confundes con frecuencia", comenta Juan Carlos Rodríguez, bombero desplazado al río. A su lado, un militar comenta: "No hay descanso. Llevamos dos semanas casi 13 horas al día. Es muy duro no encontrarla, pero el ánimo no decae porque muchos somos padres".

El agente Antonio Luque buscaba ayer con su perro Cazán cualquier rastro, pero siempre acompañado en el río por las lanchas zódiac, para evitar así posibles accidentes. "No ha marcado todavía su ladrido típico pero sí excitación. Luchamos contra la monotonía porque es muy complicado mantener la tensión después de 14 días. Y trabajamos desde que sale el sol hasta que se oculta". De momento, sin rastro del cuerpo o de las ropas que vestía Marta hace un mes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de febrero de 2009