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domingo, 7 de septiembre de 2008
Reportaje:

MADRE Y MINISTRA

Todos firmes. Llega Carme Chacón. Veinte años después de la entrada de mujeres en el Ejército español, en septiembre de 1988, una socialista catalana se coloca al frente de un enorme engranaje con 125.500 militares y 32.000 civiles. Una ardua tarea que ha compatibilizado con el nacimiento de su hijo. Entramos en su vida privada y profesional. Sus dos frentes.

Un par de clientes del AC Aitana, un hotel del paseo de la Castellana de Madrid, alucinan con la vista desde su balcón. Son las diez de la mañana del 21 de julio y el sol abrasa ya el patio del Ministerio de Defensa. Suena el himno nacional. Una mujer joven, vestida con pantalón negro, chaqueta crema y sandalias de taconazo a la última, pasa revista a la Unidad de Honores de los Ejércitos de Tierra, Aire, la Armada y la Guardia Civil en posición de firmes. Los marineros, en particular, parecen a punto de desnucarse por mirar tan alto. Ella no se queda atrás. Camina derecha como una vela, mandíbula prieta, escoltada por un viejo general con cuatro estrellas bordadas en la guerrera caqui. Al acabar, exclama a pleno pulmón:

- De orden de su majestad el Rey, mando se reconozca al general del Aire José Julio Rodríguez Fernández como jefe del Estado Mayor de la Defensa, respetándole y obedeciéndole en lo que mandare concerniente al servicio. ¡Viva España!

-¡Viva!

Carme Chacón Piqueras, de 37 años, primera ministra de Defensa de España, volvía al trabajo después de parir a su primer hijo y lo hacía a lo grande. A su estilo. Marcando el territorio. Cambiando de arriba abajo la cúpula militar -el veterano general de Tierra Félix Sanz Roldán, jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad); y los jefes de Tierra, Aire y la Armada (Jemes)-, que había acogido con "sorpresa y respeto" el nombramiento, el 14 de abril, de una peleona socialista catalana, embarazada de siete meses, al frente de un ministerio que, dicho por el primero al último de su plantilla, es más que un ministerio. El rictus de firmeza de Chacón al recibir los honores de ordenanza despejaba dudas. La nueva titular ordena y manda.

LA SOLEMNE DESPEDIDA de la bandera cierra el acto. Las autoridades civiles y militares rompen filas. La última orden del Jemad saliente a los soldados: "¡Adelante, por los sueños que aún nos quedan!" es la comidilla del día. Ése es también el lema del concurso Operación Triunfo. El apreciado general Sanz Roldán aguanta estoico el tirón. Chacón sonríe. Bromea. Se reparte un rato por los corrillos y se evapora. Pese a todos los recursos a sus órdenes, la ministra sólo tiene tres horas de autonomía. Y se le agotan. Corre a su despacho en la cuarta planta, aborda el ascensor camuflado tras un panel de caoba y pulsa el piso 11º. Por el camino se desabrocha la chaqueta. Antes de llegar ya se oye el berrinche. Miquel, el bebé que se cría en el ático del ministerio, pide de comer. Su madre se termina de zafar del traje de ministra y le ofrece el pecho: "Tranquil, fil, ja està aquí la mare". Fin de la crisis. Sin novedad en la cumbre de Defensa.

El Centro Nacional de Inteligencia puede estar tranquilo. Su nueva jefa, la mujer mejor informada del país, sabe guardar un secreto. Entre el 14 de marzo y el 14 de abril de 2008, Carme Chacón vivió con el peso de un bombo de seis meses en la proa y una bomba informativa en la cabeza. El presidente Zapatero marcó su móvil cinco días después de ganar las elecciones. La cabeza de lista del PSC por Barcelona recibía su premio por la decisiva cosecha de votos de los socialistas catalanes. Un billete al núcleo duro del Gobierno.

-¿Sintió vértigo?

-No, sentí honor, gratitud y responsabilidad. Mi marido dice que llevo la responsabilidad incrustada en el cerebro como el tanque al tanquista, y mira dónde he acabado [ríe]. Lo que hice fue ponerme a trabajar.

Sola, sigilosa, Chacón, doctora en Derecho, se propuso meterse el ministerio en la cabeza. "Come informes. Devora papel", dicen sus próximos. No era la primera vez. Ya lo hizo con Vivienda, cuando Zapatero la envió en 2007 a reflotar un departamento engullido por la burbuja inmobiliaria. Pero esta misión, además de secreta, era imponente.

DEFENSA ES UN ESTADO dentro del Estado. La casa de las Fuerzas Armadas, una organización complejísima con sus tribunales, sus escuelas, sus comunicaciones, sus casas, sus hospitales, sus cárceles y hasta sus curas propios. Una empresa descomunal que emplea a 125.500 militares y 32.000 civiles. Un terrateniente con millones de metros cuadrados en cartera. El marco de un oficio, el de militar, en el que se ingresa de adolescente y se llega a lo más alto -quien llega- al borde de la jubilación, pasando por todos los escalones. Donde conviven, jerarquizados por una disciplina férrea, obreros no cualificados y estrategas geopolíticos. Mecánicos y espías. Políglotas con tres carreras y sargentos que no ven más allá del cuartel. Burócratas y hombres y mujeres de acción que se juegan el pellejo en los puntos más peligrosos del planeta.

Un engranaje encargado de mantener listos para el combate docenas de barcos, aviones, tanques, submarinos, helicópteros, arsenales ligeros y pesados. Un negocio con una próspera industria paralela -España es la octava exportadora mundial de armas- que genera 67.000 empleos. Un Ministerio de Estado con un encargo expreso en la Constitución. "Las Fuerzas Armadas tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional", reza el artículo 8,1. Un ecosistema con códigos propios donde hasta hace 20 años no había pisado una mujer y las órdenes no se debaten, se obedecen.

-Dicen que es usted muy izquierdista. La disciplina y la jerarquía sin matices del Ejército pueden parecer valores conservadores.

-En absoluto. La disciplina, la autoexigencia, el afán de servir son valores que han regido mi vida. Sí, tengo convicciones profundas. He querido trabajar removiendo obstáculos para que todos tengamos las mismas oportunidades. Pero las cosas en Defensa no van de ser de izquierdas o derechas. Aquí lo que vale es ser demócrata. Éstos no son los tiempos del intervencionismo militar. Tenemos un Ejército sometido al poder civil, y ésa es la primera convicción de quien se pone al frente. Lo primero que leí fue el Manual del soldado. Dice que la patria es un sentimiento, y eso no es de izquierdas ni de derechas.

-Pero usted tiene garantizada la obediencia de sus funcionarios. Los militares no pueden criticarla ni montarle una huelga.

-Los miembros de las Fuerzas Armadas tienen un papel constitucional determinado, y la jurisprudencia ha marcado ciertas líneas rojas. Quiero aprobar la Ley de Derechos y Deberes de los militares con la unanimidad del Congreso. Es un asunto pendiente que voy a abordar.

Chacón habla bajo, pero claro. Sin saltarse una coma del mensaje que quiere transmitir. El halo de fragilidad que le confiere un esqueleto fino y una mirada miope se esfuma en cuanto habla. No es exactamente simpática. Más bien cordial y firme a la vez. Dura y sensible. Antes se ha emocionado al despedir a los Jemes. "He trabajado a gustísimo con ellos. Me llevo una inmejorable impresión profesional y personal. La dimensión humana es básica, también en esta casa. Y sí, tengo lágrima fácil, soy de las que lloraron con Titanic", admite.

"Tiene mano de hierro en guante de seda. Es cercana y deja trabajar, pero tiene carácter y autoridad. Va a mandar mucho, al tiempo", constata un general a sus órdenes. A ella no le disgusta el retrato. "Es bueno saber lo que uno quiere. Donde hay un fin hay un camino. Intento hacerlo a conciencia, tener la información precisa, pero el tomar decisiones es algo que me acompaña hace tiempo".

La ministra recibe en la terraza de su domicilio del ministerio. La Seguridad del Estado aconseja a los titulares residir en este piso, de unos 120 metros, en la última planta del edificio. Volúmenes variopintos -Quién es quién en el turismo español, 1973 o Allò que el vent s'endugué (Lo que el viento se llevó, en catalán)- delatan en la librería oficial las lecturas de algún ex inquilino. ¿Fraga? ¿Narcís Serra? La personal rebosa de literatura contemporánea. Chacón es una lectora omnívora y sin complejos. De ensayos de cinco dedos -Ideas. Historia intelectual de la humanidad, de Peter Watson reposa en su mesilla- a la última sensación editorial: "Henning Mankell" -autor sueco de una popular saga policiaca- "me ayudó a desconectar de la tramitación del Estatut".

La ministra reconoce que ha sido "una gran ayuda" vivir aquí durante la lactancia. "Si no, hubiera sido muy difícil". Pero en otoño, cuando destete al niño, ella y su marido, Miguel Barroso, planean volver a su casa de la plaza de Santa Ana. Mientras, el inmenso terrado del ministerio es el parque donde mamá pasea a Miquel al final del día. Una piscina de plástico y un tendedero con peleles al sol dan fe de que en Defensa hay bebé a bordo. Barroso, influyente ex secretario de Estado de Comunicación del Gobierno socialista, enseña un Gardfield legionario, uno de los cientos de peluches que llegaron al hospital Sant Joan de Deu de Esplugues de Llobregat, el mismo donde vino al mundo Chacón en 1971. El cambiador portátil, obsequio de la infanta Cristina, está en uso.

BARROSO, DIVORCIADO Y PADRE de otras dos hijas de un matrimonio anterior, disfruta unas semanas de baja paternal. Chacón parió a Miquel el 19 de mayo y presentó en el Congreso su programa como ministra el 30 de junio. La cuarentena pelada. Como el 18% de las directivas, la ministra se reincorporó al trabajo a las seis semanas de baja obligatoria. "Se te parte el corazón. Pero también es verdad que un bebé te absorbe las 24 horas y, junto a la necesidad física de estar con él, llegué a añorar mi despacho, un tiempo y un espacio propio. La suerte de las mujeres de mi generación es que hemos luchado y logrado un permiso de maternidad y paternidad digno. Este Gobierno ha aprobado la primera ley con ese mensaje: los hijos son de las madres y de los padres".

LA SEDE DE DEFENSA EN MADRID es el típico ministerio de los sesenta. Un gigantesco dinosaurio pretecnológico que se ha adaptado al siglo XXI a base de dejar los cables a la vista. Un ir y venir de civiles y militares que se cruzan por los pasillos con un relajado "almirante" o "mi general" como saludo. Máquinas de fichar. Cantina de personal. Ordenanzas aburridos en los controles. La cuarta planta bulle hoy con el ambiente de las grandes ocasiones. La ministra ha convocado a su nueva cúpula militar 24 horas después de nombrarla.

El Jemad y los Jemes cumplimentan a Chacón con un "a tus órdenes" y un apretón de manos. Se les ve contentos y nerviosos. Ella les conduce al gabinete anexo a su despacho, una pieza presidida por una mesa de 18 plazas vigilada por los retratos de los ministros de Defensa de la democracia hasta Eduardo Serra, y manda cerrar puertas. Enfrente, la sala de visitas es un enjambre de uniformes verdes, azules y blancos. Son los ayudantes de campo de los nuevos jefes de Tierra, Aire y la Armada, de cháchara mientras aguardan a sus mandos.

Entre todos los varones, una mujer. La capitán Elena Carrión, de 42 años, licenciada en Derecho, interventora de los Cuerpos Comunes de las Fuerzas Armadas, es la edecán -del francés aide de champ- de la ministra. Su sombra. La encargada de asistirla en los actos públicos. De custodiarle el bolso, el discurso, la blackberry. De estar pendiente de lo que pueda necesitar. Profesional y personalmente. "Lo de llevarle el maletín a la ministra es lo que se ve", puntualiza, "pero no lo que yo obtengo de este puesto: ser testigo de muchas cosas, recibir información, conocer gente. La posibilidad de tener una idea global del Ejército. Para mí es una oportunidad única". La capitán ingresó en la milicia a los 32 años, después de ejercer la abogacía en un despacho privado. Su respuesta a la pregunta de si existe sexismo en el Ejército es reveladora: "He sentido más machismo fuera. Los militares son exquisitos. En las Fuerzas Armadas la jerarquía está clara. Un compañero de rango inferior se cuadra y dice: 'A sus órdenes, mi capitán'. Eso, que puede parecer un corsé, es muy có­modo para trabajar".

TODOS LOS MINISTROS han tenido ayudante. Bono disponía de tres: uno por Ejército. Sin embargo, la primera foto de Carrión caminando un paso detrás de Chacón fue portada de los periódicos. La imagen era irresistible. Casi tan impactante como la escena de Chacón embarazada pasando revista a la tropa. O la de la ministra gestante comiendo con los soldados destacados en Herat (Afganistán) y Marjayún (Líbano) a los cinco días de su nombramiento. Chacón admite que se emocionó al verse en primera página de The Herald Tribune: "Era la segunda portada dedicada a España después del 23-F". Pero se defiende:

-Hay quien piensa que su designación y sus primeros gestos fueron una operación para rentabilizar su condición de mujer y embarazada. Son los que se preguntan, ¿y ahora, qué?

-Pues en eso estamos, trabajando. Esas opiniones definen a quien las emite. Embarazada o no, tenía claro que mi primera obligación era visitar a quienes son capaces de poner su vida en riesgo por valores superiores: la libertad de los otros. Una embarazada no es una enferma. Seguro que es más duro ser cajera y estar todo el día de pie. Quería expresar la gratitud de la sociedad a quienes se arriesgan para que haya paz en regiones de conflicto.

Los edecanes levantan el campamento. El Jemad y los Jemes salen del despacho después de más de tres horas de reunión. Días después se presentarán en las bases españolas de Herat y Marjayún cumpliendo las primeras órdenes de la ministra.

EL GENERAL JOSÉ JULIO RODRÍGUEZ, el hombre elegido por Chacón para pilotar "el proceso de modernización e identificación de las Fuerzas Armadas con la sociedad", es el primer alto mando militar español que promete y no jura por Dios su cargo. El nuevo Jemad, un piloto de caza de 60 años, es padre de la pequeña Paula, de 7 años, y de otros tres hijos veinteañeros de un primer matrimonio. Toda la familia, encabezada por el anciano coronel Rodríguez, de 90 años, a quien su hijo dedicó su ascenso, asistió a su toma de posesión. Parece que el laicismo y la revolución familiar han llegado a la milicia.

La obediencia a una cúpula militar diseñada a su medida es la primera orden de calado de la ministra a las tropas desde aquel célebre: "Capitán, mande firmes". Tampoco ese día Chacón dejó nada al azar. Pidió y estudió vídeos de sus antecesores. Ensayó el ritmo de sus pasos. Dónde y cómo mirar. La cadencia y el tono justo de la voz. Alfredo Rodríguez, teniente coronel en la reserva y jefe de protocolo de Defensa, tenía orden de estar al quite, por si acaso. No hizo falta. "La jefa lo clavó", estima su equipo. Sólo ese sempiterno gesto adusto delataba sus ¿nervios?, ¿intimidación ante el nuevo escenario?

"No", dice ella. "Es lo mismo: responsabilidad. No pensé si tenía que sonreír. Tenía claro lo que quería: emitir los primeros mensajes de lo que deseo sea este cuatrienio. Uno: que las mujeres ya no estamos detrás de los hombres, sino a su lado. Y dos: bienvenidos a las Fuerzas Armadas democráticas, al Ejército del siglo XXI".

Parece que Chacón no defraudó a su público. Es difícil pulsar la opinión de los militares. Más aún de los generales. "En el fondo, piensan que los políticos pasan y ellos permanecen. Necesitan que se les mande y valoran a quien tiene autoridad. Pero jamás criticarán a un ministro. Llevan la disciplina en el código genético", apunta un alto cargo civil. Algunas sensaciones expresadas en privado destilan, sin embargo, un interés y una expectación crecientes. La ministra, sostienen, apunta maneras.

"No somos una piña como creen los políticos, cada uno piensa una cosa. Claro que hay machismo, pero nadie lo admitiría", dice un general de la Guardia Civil. La presencia de Chacón embarazadísima en la toma de posesión del nuevo director, Francisco Velázquez, generó tal curiosidad, que todo un comandante se saltó la orden de no mirar por la ventana con un irrebatible: "Esto tengo que verlo, aunque me corrijan". "La elección de la nueva cúpula ha sido interesante", sigue el general, "se ha saltado el escalafón y hay agraviados. No olvide que el sistema es una antigualla basada en la antigüedad: un militar es alguien esperando que caiga uno para subir él. Ella no se ha achantado. Por eso y por su perfil político, creo que hará cosas. De¬¬fensa necesita un ministro, y puede que sea ésta".

"CARME CAE BIEN. Que sea mujer no es relevante", aporta un veterano almirante. "A un ministro no se le pide que sea un gran técnico, sino que tome decisiones ponderadas y marque una línea estratégica clara. Tenemos un Ejército territorial, con un cuartel en cada pueblo. Las guerras las gana Tierra, pero parece que no va a haber guerra, y, si la hay, no estamos solos. Hay un debate mundial sobre la función y la dinámica de los ejércitos. El éxito de Chacón será sentar el futuro de las Fuerzas Armadas de los próximos 20 años".

Beatriz Rodríguez Salmones, portavoz de Defensa del Partido Popular, es la encargada de presentar batalla a la ministra en el Parlamento. Salmones, nueva en la plaza, ha te¬¬nido que "subir las dioptrías" de sus gafas para asimilar los fundamentos del Ejército, la "institución más compleja del país". "Me doy un año de inmersión", admite. La diputada expresa su "respeto" a la competencia de Chacón, pero le observa "cierta tendencia a la escenografía". "Entiendo que es una tentación rentabilizar mediáticamente su mandato, pero su objetivo debiera ser que su condición de mujer deje de ser noticia". La portavoz popular quiere compartir la "gran impresión" que se ha formado de las Fuerzas Armadas. "A veces, para romper el hielo, aludo al hecho de que ahora somos dos políticas en Defensa y no mueven una ceja", relata. "Creo que ha habido un cambio fuera de foco y que los militares son de los colectivos más preparados y cosmopolitas del país".

EL FALCON 900 del Ejército del Aire con base en Torrejón espera a la ministra para despegar. El Audi A-8 blindado emerge precedido del coche de escolta. A bordo, con Chacón, el jefe de Seguridad y la capitán Carrión. El maletero ofrece una vista fugaz de la sillita de Miquel. La ministra sigue con su programa de visitas a las unidades del Ejército. Hoy le toca al dispositivo de la Unidad Militar de Emergencias en Figueirido (Pontevedra). Llegando a destino, la niebla y la lluvia bajan a 20 los 40 grados de Madrid. Ya se divisa la costa cuando la vista se funde a gris plomo. Visibilidad nula. Con el tren fuera, el comandante Delgado ordena "motor y al aire", aborta el aterrizaje y pone morro al cielo. El estómago se sube a la boca. La ministra parece tranquila. No será por pilotos. Además de los dos de cabina, van a bordo el mismísimo Jemad, aviador de caza, y el jefe de protocolo, instructor de helicóptero. Tras 10 minutos en el aire, el Falcon enfila de nuevo la pista y aterriza sin novedad en Vigo.

En Figueirido, Chacón se cala en la ofrenda en memoria de Idoia Rodríguez Buján, la primera española muerta en una misión en el exterior. Ocurrió en Afganistán en 2007. Diluvia y se suspende la visita a la torre de vigilancia antiincendios. En un par de semanas la ministra verá fuego real en los incendios de Zuera (Zaragoza) y Honrubia de la Cuesta (Segovia). Aquí y allá repite el mismo mensaje de reconocimiento al Ejército. "La visibilidad del trabajo de las Fuerzas Armadas es una de mis prioridades", arguye. "En 20 años de misiones internacionales, con 100.000 soldados españoles destacados en más de 50 puntos en cuatro continentes, no ha habido un solo caso en que nadie se tenga que avergonzar de la conducta de un soldado español. Seis de cada diez españoles están orgullosos de su Ejército, mi misión es que sean diez de diez".

-Paz es la palabra que más cita. ¿Cuál es el papel del Ejército en el siglo XXI, una especie de ONG con armas?

-Soy pacifista, y los ejércitos del siglo XXI también lo son. Sólo quien conoce el horror de la guerra conoce el valor de la paz. Trabajamos en los ámbitos multilaterales conscientes de que, hoy, hablar de seguridad y defensa es hablar de paz y estabilidad en el mundo. Es una prioridad de las Fuerzas Armadas. No somos una ONG, pero facilitamos que éstas puedan trabajar y que la ayuda llegue a los escenarios de conflicto. Las amenazas que ha de prevenir y combatir un Ejército de hoy son las mismas a las que ha de hacer frente un gobernante de hoy: el terrorismo internacional, el tráfico ilegal de personas, los riesgos del cambio climático, entre otras. Las Fuerzas Armadas están supeditadas a las necesidades y retos del poder civil.

DE NUEVO EN MADRID, Chacón llega del Consejo de Ministros. Solbes ha amagado con el borrador de los presupuestos de 2009. Vienen vacas flacas. "La austeridad es algo que va conmigo, pero ahora está en la cúspide de la pirámide. En cualquier caso, el Gobierno de Zapatero ha subido un 26% los presupuestos de Defensa la pasada legislatura, lo que ha permitido mejorar los medios materiales y las retribuciones de nuestros militares", dice la afectada. Para quien no lo sepa, un soldado cobra un sueldo bruto mensual de 1.173 euros; un sargento, 1.978; un teniente, 2.503; un coronel, 3.719, y un general de brigada, 4.529. Unos salarios que se doblan en caso de que el receptor esté destinado en una misión internacional.

El crédito de la ministra en el Ejecutivo está por las nubes. Los españoles le dan un 5,4, lo que la convierte en la ministra mejor valorada junto a su "admirada" María Teresa Fernández de la Vega. Zapatero la piropeó en la celebración de sus 100 días de Gobierno. Chacón es la mujer del momento.

-Dicen que es ambiciosa. Que tiene su carrera diseñada en la cabeza.

-[Sonríe]. En poco más de un año he sido vicepresidenta del Congreso, ministra de Vivienda, he hecho una campaña electoral embarazada, y ahora soy madre y ministra de Defensa. Hubiera preferido que no me pasara todo de golpe. He querido vivir en plenitud un trabajo por el que siento pasión, la política, y también mi vida personal. Intento compatibilizarlos sin que la culpa me acompañe.

-Le han pasado varios trenes por delante y los ha cogido todos.

-Bueno, también hay renuncias detrás. Y apuestas que pueden salir bien o mal. Creo que existe el factor suerte, pero la suerte se busca, eso lo tengo claro. Recomiendo ver Match Point al respecto.

LO DEBÍA DE TENER CLARO ya a los 28 años, en la primavera de 2000, cuando la entonces concejal de Esplugues de Llobregat recogió su acta de diputada en Madrid. Ese verano, Zapatero, flamante vencedor del congreso del PSOE, le confió el puesto de portavoz de Educación. Con el apoyo en la sombra del ex ministro del ramo, Alfredo Pérez Rubalcaba -que la sustituiría en Defensa durante su baja-, la diputada Chacón comienza a descollar. Cheicon, como la llamaban sus colegas, se incorpora a la nueva generación de socialistas cercanos al presidente. Leire Pajín, secretaria de organización del PSOE, compartió piso con ella y la recuerda como hoy: "Seria, trabajadora, comprometida".

En 2004, con el triunfo electoral, Zapatero la envía a la vicepresidencia del Congreso. Empieza a mandar. Y a surtirse de la colección de sastres pantalón y vestidos entallados que gusta usar para vestir el cargo. Las sandalias de taconazo -"las cuido y me duran años"- son una concesión a su evidente coquetería, aunque ahora tiene que hacer malabares con la agenda -y la seguridad- para escaparse a retocarse las mechas en la peluquería.

En septiembre de 1988, cuando la ley las dejó, 25 españolas dieron un paso al frente y se convirtieron en las primeras militares del país. Hoy son el 12%. Aunque hay 144 mujeres comandantes, quedan años para que se nombre a la primera general. Pero ya es una mujer quien manda en Defensa.

Cae la noche en Madrid. La ministra en persona abre la puerta de su casa con Miquel en brazos. Una bocanada del bebé le estropea el vestido verde. Le pasa el niño a la [sorprendida] visita y corre a cambiarse. En éstas llega Miguel Barroso. A Chacón se le ilumina la faz. Hoy es el cumpleaños de su marido. Se van a celebrarlo a Kabuki, el restaurante japonés de moda. La abuela se queda de canguro. Lo ha dicho ella misma. La ministra no quiere perderse nada.

Chacón pasea al atardecer a su hijo Miquel por la azotea del Ministerio de Defensa, donde ha estado viviendo todo el verano por cuestiones de seguridad. / GORKA LEJARCEGI

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