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martes, 6 de mayo de 2008
Reportaje:

La maldición de los negros blancos

Tanzania nombra a una diputada albina para frenar los ataques a este colectivo, víctima de asesinatos rituales

Ciudad del Cabo 6 MAY 2008

Nada más nacer, ya son rechazados. Generalmente por sus padres, que los abandonan, a ellos y a sus madres, a las que se culpa de la condición. Tienen dificultades en la escuela para ver la pizarra. Profesores y compañeros los discriminan e insultan. Encontrar trabajo es difícil, se les margina. Sufren problemas ópticos y el sol africano, inclemente, les provoca ulceraciones y quemaduras. Muchos mueren jóvenes, de cáncer en la piel. No es fácil ser albino en la gran mayoría de los países africanos, en muchos de los cuales, especialmente en las zonas rurales, se explica su falta de pigmentación por una maldición cernida sobre la familia.

En zonas pesqueras y mineras de Tanzania, donde la pobreza se conjuga con la superstición, ya no se trata de marginación, sino de asesinato. 20 personas con albinismo fueron asesinadas y mutiladas en el pasado año. Corre la creencia de que pócimas confeccionadas por brujos con extremidades de albinos propician el hacerse rico. El presidente de Tanzania, Jakaya Kikwete, está decidido a acabar con la superstición y aseguró en un discurso televisado el pasado mes que se mostrará inflexible para con los brujos. Por el momento se han detenido a más de cien personas involucradas en los asesinatos y se ha nombrado a la primera parlamentaria albina, Al Shaymaa Kwegyr, para luchar contra la discriminación que padecen las personas con esta condición genética.

Muchos africanos todavía relacionan el albinismo con la brujería

Samuel Mluge es el perfecto ejemplo de la marginación que sufren los albinos. Nació hace 49 años en la zona rural del Morogoro, en Tanzania. No conoció a su padre, que se marchó culpando a su madre por la maldición de parir a un niño blanco. En ocasiones, se acusa a las madres de haberse acostado con blancos, en otras, de haber mantenido relaciones con tokoloshes, espíritus malignos. "Me cuidó mi abuela, mientras mi madre trabajaba", dice Mluge. En la escuela, "hasta el maestro tenía miedo y, en vez de ayudar me recomendó quedarme en casa". Mluge se trasladó a Dar es Salaam, donde la situación de discriminación no es tan acusada. "En las áreas urbanas la gente sabe que el albinismo es una condición genética, el problema sigue arraigado en las áreas rurales". Aún así, el único salario que entra en su casa es el de su mujer, también albina, que trabaja en un servicio de comidas.

"Nunca he tenido trabajo, nunca me han contratado", se lamenta Mluge, que se ha responsabilizado de organizar la Sociedad de Albinos de Tanzania (TAS, en inglés). "Hace falta mucha educación, esto no lo habíamos visto nunca", explica en referencia a los asesinatos. De igual manera opina Theodory Mwalongo, director de Acción en Discapacitación y Desarrollo, que colabora con TAS. "Antes, había episodios de muertes de albinos acusados de brujería, pero esto es un fenómeno nuevo, muy preocupante". ADD y TAS trabajan para que se reconozca el albinismo como una minusvalía.

El trabajo de la parlamentaria Al-Shaymaa Kwegyr, de 48 años, será luchar contra la discriminación de los albinos, algo que ella ha conocido en sus carnes. "Cuando iba a la escuela los niños me perseguían llamándome fantasma", dijo a la BBC. El nombramiento de Kwegyr el pasado mes, que fue retransmitido por televisión, es una muestra de la seriedad con la que el gobierno de Kikwete se está tomando la discriminación contra los albinos y los ataques a los que son sometidos. El propio Kikwete, en uno de sus discursos televisados, se mostró horrorizado ante los asesinatos: "Es una crueldad sin sentido, debe pararse inmediatamente".

Entre las primeras tareas de Kwegyr se encuentra la de realizar un censo de personas con albinismo para posibilitar su educación y acceso a tratamientos sanitarios. "Muchos albinos son pobres y el gobierno debe ayudarles". Se calcula que hay más de 200.000 albinos en Tanzania.

Suráfrica es de los pocos países que sí reconoce la condición genética como una discapacidad. "Las cosas han mejorado mucho, podemos obtener cremas protectoras para el sol en las clínicas, tratamientos oftalmológicos y subsidios, tenemos buena relación con el Departamento de Salud y organizamos campañas de educación cada año", explica Nomasonto Mazibuko, que ocupa la dirección de la Asociación de Albinismo de Suráfrica.

Mazibuko reconoce que todavía queda mucho por hacer, especialmente en el terreno laboral, donde todavía se es reluctante a la contratación de personas con albinismo. "Las excusas son muy fáciles, como muchos no vemos bien, no podemos conducir y con eso ya se valen para no contratarnos".

Hay más albinos en África que en cualquier otra parte del mundo. De hecho, los primeros colonizadores portugueses los designaron como una raza aparte. Si en Europa la ratio de albinismo es de uno por cada 17.000 personas, en África asciende a uno entre 2.000 o 5.000 habitantes, dependiendo del país. Uno de cada 70 habitantes es portador del gen. Si su pareja también es portadora, sus descendientes tendrán muchas posibilidades de ser albinos.

Niños albinos en Senegal. / REUTERS

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