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Editorial:

El alivio de la muerte

El caso de la francesa Chantal Sébire obliga a reabrir el debate sobre la eutanasia

La muerte de Chantal Sébire ha puesto fin a su sufrimiento, pero ha reabierto con más fuerza el debate sobre la eutanasia en Francia y, por extensión, en otros países que, como España, siguen retrasando un pronunciamiento legal sobre esta materia. Sébire padecía desde ocho años atrás un raro e incurable tumor nasal que le producía atroces dolores y que le había deformado el rostro hasta hacerlo irreconocible. La justicia francesa denegó la posibilidad de que los médicos la ayudaran a morir, alegando que la ley de 2005 no ampara la eutanasia activa, y dos días después Chantal apareció muerta en su domicilio cerca de Dijon.

El caso de Sébire presentaba de manera estricta y descarnada el problema al que se enfrentan los pacientes de algunas enfermedades incurables, dolorosas y que deterioran hasta un límite insoportable la calidad de vida. Su padecimiento no le impedía haber adoptado y ejecutado por sí misma una decisión como el suicidio, algo imposible para los enfermos que no pueden valerse por sus medios. Pero el hecho de recurrir a la justicia convirtió una decisión individual en expresión de un problema social que necesita una respuesta sin más demora.

El propio Gobierno francés se ha mostrado dividido ante el caso, si bien ha ganado terreno la idea de que demandas como las de Sébire no pueden despacharse sin reflexionar, y ha abierto la puerta a cambios en la ley, de acuerdo con el anuncio realizado por el portavoz del Ejecutivo, Luc Chatel. Entre otras razones porque, según ha señalado el abogado de la enferma, este caso permitía haber burlado hipócritamente los límites legales, induciendo un coma a la enferma, primero, y dejándola morir, después. Sébire rechazó esta alternativa.

En España, la beligerancia de la Iglesia católica ha impedido que se aborde cualquier discusión institucional acerca de la regulación de la eutanasia. En el caso del PP, debido a la proximidad con sus posiciones, y en el del PSOE, por su zigzagueante actitud ante la jerarquía eclesiástica durante la pasada legislatura. Por otro lado, el ignominioso oportunismo del Gobierno regional de Esperanza Aguirre al inventar el caso Leganés, tajantemente desmentido por la justicia, ha contribuido a enrarecer aún más el ambiente político y social que requiere un debate de tanta trascendencia y sensibilidad.

Pero la discusión se tendrá que iniciar más pronto que tarde. Experiencias como las de Chantal Sébire demuestran que no se puede mantener confinados a algunos enfermos incurables y terminales en un dramático terreno de nadie, en el que se les condena a saldar con su propio sufrimiento el coste de los reparos morales de algunas personas o instituciones. Chantal Sébire había llegado a la conclusión de que una vida como la suya no era vida, y buscó el alivio de la muerte. Ninguna prohibición legal pudo convencerla de lo contrario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 21 de marzo de 2008