Los laboristas apelan al voto del miedo
El Partido Laborista ha apelado al voto del miedo para intentar frenar el avance del Partido Nacional Escocés. La negativa y agresiva campaña laborista, con frecuentes visitas de Tony Blair y Gordon Brown augurando las siete plagas si ganan los independentistas -empezando por el hundimiento de la economía- no parece haber impresionado a los electores: las últimas encuestas siguen pronosticando la victoria del SNP. La publicada ayer por The Herald -uno de los pocos que hace tres semanas vaticinaba una victoria laborista- también otorga la victoria al SNP con un 38% de los votos (cuatro puntos más que a principios de mes) por delante de los laboristas (34%, cuatro abajo), liberales-demócratas (13%, dos abajo) y conservadores (11%, un punto más que al principio de la campaña). La media de todos los sondeos otorga el 35% al SNP, 31% a los laboristas, 14% a los liberales-demócratas y 12% a los conservadores.
Según los cálculos del profesor James Mitchell, experto en política escocesa de la Universidad Strathclyde, el SNP podría obtener 49 escaños (22 más que en la actualidad), los laboristas 45 (-5), los liberales 19 (+2) y los tories 14 (-4). Si esos resultados se confirmaran, el SNP y los liberales-demócratas alcanzarían juntos los 65 escaños necesarios para obtener la mayoría absoluta. Aunque contrarios a la independencia de Escocia y actuales socios de Gobierno de los laboristas en el Parlamento de Holyrood, los liberales parecen claramente dispuestos a pactar con el SNP, con el que coinciden en las propuestas para reformar los impuestos municipales, uno de los temas más candentes en las elecciones del 3 de mayo al margen de la cuestión de la independencia.
Los laboristas confían en el altísimo índice de indecisos -más del 40%, según las encuestas, de los que casi dos terceras partes se declaran seguros de ir a votar- evite la catastrófica derrota que auguran los sondeos. Catastrófica no por su magnitud sino porque Escocia ha sido siempre el granero de votos del laborismo. Sin los 41 diputados que ganó en Escocia en las últimas generales, el laborismo no estaría hoy gobernando en Westminster.
La caída laborista es un reflejo de la escasa pasión que refleja el actual ministro principal escocés, Jack McConnell, pero es sobre todo un síntoma del desgaste del Gobierno de Londres. Las elecciones del 3 de mayo en Escocia, Gales y muchos ayuntamientos del Reino Unido son las últimas de Blair como primer ministro y se perfilan como una amarga despedida. Y una amarga bienvenida para Gordon Brown, su casi seguro sucesor, para el que la bofetada tiene especiales connotaciones por ser él mismo escocés.
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