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Reportaje:La desigualdad en España

Necesidades básicas y poco más

Más de tres millones de mayores vivencon pensiones inferiores a los 540 euros al mes

¿Cómo se vive con menos de 500 euros al mes? "Pues se va saliendo como se puede", relata Rosaura Chimeno. Esta zamorana de 73 años lleva 42 en Madrid, donde han nacido sus dos hijos y tres nietos. Su marido murió hace cinco años y ella tiene desde entonces una pensión de viudedad de 466 euros que cada mes estira al máximo. Su situación económica no es infrecuente. Los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de 2005 del INE reflejan que casi la mitad (el 47%) de los hogares de personas mayores que viven solas subsisten con menos de 530 euros al mes, cifra en la que ha quedado fijado este año el umbral de pobreza en España. Luis Martín Pindado, presidente de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España (UDP), que representa a un millón de personas, es concluyente: "Las pensiones de hoy en día no alcanzan para vivir dignamente. Hay más de tres millones de pensionistas que reciben menos del salario mínimo interprofesional [540 euros], y entre el 60 y el 70% son viudas".

El piso de Rosaura en el barrio de Ascao, en Madrid, en el que lleva media vida, lo tiene pagado desde hace tiempo, así que no tiene que abonar alquiler ni hipoteca. Pero los gastos fijos son muchos: la comida, el teléfono, la luz -que incluye la calefacción-, el agua, la comunidad y un seguro para su entierro. Necesidades básicas que se llevan casi toda la pensión. Caprichos, casi ninguno. Y muchas pautas para ahorrar. "Yo vivo sola, así que no me como una barra de pan todos días", explica. "Cuando tienes dinero, tiras la media barra sobrante, pero yo la guardo para el día siguiente. Tampoco voy a la panadería de al lado de mi casa porque allí cuesta el pan 45 céntimos, así que voy a otra en la que cobran 35. La gente pensará 'si son sólo 10 céntimos, qué tontería'. Pero al cabo del mes, con un poquito de aquí y un poquito de allí te ahorras unos euros". La ropa se la compra cuando realmente la necesita. "Pero, claro, si luego tienes una boda o un bautizo, te las ves y te las deseas para poder comprar un trajecillo y un regalo".

Son muchos los gastos que no se puede permitir. "La terraza de mi casa está fatal", dice. "Pero pintarla puede costar 2.000 euros que no tengo de dónde sacar. El otro día me quería comprar un juego de toallas, pero, claro, cualquier cosa vale ya 30 euros. También te tienes que replantear las comidas. A mí, por suerte, no me gusta la carne, que es lo más caro, pero hay que comerse un filete de vez en cuando. Así que, cuando lo compro, al día siguiente me tomo un huevo. Hay que planificar todo para no despilfarrar".

Los sueños y caprichos los deja a un lado. "Hay tantas cosas que me gustaría hacer y no puedo", asegura con resignación. Es una mujer menuda, arreglada y alegre a la que le brillan los ojos incluso cuando se queja. Es una persona de clase media a la que le ha tocado vivir la tercera edad con esta pensión mínima. Su gran ilusión es ir a Roma. "Para ver el Vaticano", explica sonriente. "Pero a ver cómo pagas un viaje que por lo menos son 400 euros, mi pensión de todo el mes". Hace poco tuvo un gran disgusto. Le robaron uno de los objetos a los que tenía más cariño. Una cadena de oro con una medalla que le había regalado su marido. "Quería otra, porque aquello llevaba toda la vida haciéndome compañía. Pero era un gasto que no entraba en mis cálculos. Al final me compré una cadenita, pero la medalla todavía no he podido". Los regalos que puede hacer son mínimos. "Me gusta dar algo por lo menos a mis nietos, aunque sea una insignificancia, para que vean que me acuerdo de ellos".

A pesar de estas privaciones, ella está muy orgullosa de ajustarse a su presupuesto y de no necesitar ayuda. "Mis hijos me hacen muchos regalos y se portan muy bien, pero yo no quiero pedirles dinero. Me gusta vivir con lo mío". "Pero nos pagan muy poco", concluye. "Yo obligaría a los gobernantes a vivir con este dinero aunque sea sólo un mes, para que vieran lo que supone".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de diciembre de 2006