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GRANDES REPORTAJES

La corte de Alatriste

Más de 10.000 trajes y extras, 97 localizaciones, 24 millones de presupuesto. Y Viggo Mortensen. El personaje de Pérez-Reverte tomará los cines en septiembre. Es 'Alatriste', una de las películas españolas del año. Un fresco del Siglo de Oro pintado con pasión por el director Agustín Díaz Yanes

Me ha gustado mucho el guión, y si de verdad quieres que haga yo este personaje, y resulta que se puede, sería un honor para mí, me gustaría". Así de sencilla y contundente fue la respuesta que le dio el actor neoyorquino Viggo Mortensen al director Agustín Díaz Yanes cuando éste le propuso encarnar a Alatriste, el perverso soldado del convulso siglo XVII español, creado por Arturo Pérez-Reverte. Se conocieron en la habitación de un hotel de lujo en Berlín, en diciembre de 2003. Viggo Mortensen estaba allí promocionando la tercera parte de El señor de los anillos. Díaz Yanes viajó acompañado del escritor y cineasta Ray Loriga, amigo de ambos y el que está en el inicio de este encuentro mágico y provechoso para la gran aventura de Alatriste, el filme que se estrena el próximo 1 de septiembre. "La primera vez que le vi salía descalzo de una habitación en la que había puesto una toalla en la puerta para que no se cerrara. Entramos y vi la habitación hecha un desastre. Viggo abrió una botella de vino, empezamos a hablar, nos llevó al estreno de El señor de los anillos, salimos a cenar y volvimos de nuevo a la habitación. Así hasta las seis de la mañana. Nos trató como Dios, nos reimos como Dios, y a partir de ahí fueron todo facilidades", recuerda ahora el realizador Agustín Díaz Yanes en otra habitación de hotel, también de lujo, pero esta vez en Madrid.

El viaje partía ya con posibilidades. Parte del camino estaba allanado. El realizador de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto y Sin noticias de Dios llegó a Berlín sabiendo que Mortensen había leído el guión (enviado por Loriga), le había gustado y lo quería hacer, pero conociendo también las grandes presiones que iba a tener una estrella del cine mundial para aceptar un papel en una película española. "Un señor que acaba de terminar El señor de los anillos, que es probablemente la cara más conocida a nivel internacional, ¿se va a venir a España a trabajar con un director español sobre un espadachín del Siglo de Oro español…? Sus agentes, sus amigos le quitarían esa idea suicida de la cabeza. Regresé a Madrid con la confianza de que la iba a hacer, pero con el reparo de que nada más llegar a Estados Unidos le dijeran que estaba loco. A los dos meses me llamó y me dijo que sí. Sé que tuvo presiones para que no la aceptara; no lo querrá contar, pero así es", añade Díaz Yanes.

Mortensen sí lo cuenta, pero sin dar muchas pistas ni ahondar demasiado. Descalzo, tomando mate, fumando en el balconcillo del hotel cigarrillos que él mismo se lía y con un castellano suave y ronco, el actor neoyorquino, que vivió nueve años de niño en Argentina, aclara: "Alguna gente se extrañó en España que viniera a hacer este cuento. En Estados Unidos, algunos me preguntaron que cómo iba a hacer esto. Yo les contesté que el guión era buenísimo, que era lo mejor que había leído; que no sólo me gustaba el cuento de Alatriste, sino también la época. Es un proyecto valioso, un personaje interesante, un periodo histórico muy desconocido fuera del mundo académico. Me interesaron mucho los paralelismos que tiene con el presente del imperio mundial de Estados Unidos. La decadencia actual del imperio americano es muy parecida a la que se vivió en el imperio español en el siglo XVII. La deuda internacional que tenemos, el desgaste de vidas y recursos; tenemos tropas, y fortalezas, y gastos militares imposibles, estamos en tierras extrañas pobladas por gentes extrañas, donde nos temen y nos odian y jamás nos darán tregua, igual que dice Alatriste en la película en respuesta al conde-duque de Olivares. Fácilmente, si este cuento fuera contemporáneo, Alatriste sería un sargento norteamericano veterano que estuvo en Irak en 1991, que también estuvo en Panamá y en la guerra sucia de Centroamérica, y que, aunque sabe que es un poco inútil invadir la ciudad iraquí de Faluya, lo hace. No hay un propósito fijo, sino pérdida de vidas, y de oro, y de reputación".

La película, con guión del propio Agustín Díaz Yanes (Madrid, 1950) construido a partir de las cinco novelas de Arturo Pérez-Reverte, muestra a un Alatriste de bellos ojos azules que esconde un corazón oscuro, un perverso soldado y asesino a sueldo del Siglo de Oro español, un hombre de mirada desafiante y tierna a la vez. "La imagen rigurosa de un héroe cansado", como le ha descrito Pérez-Reverte. El filme se adentra en la historia de este valeroso soldado que, después de combatir en la España imperial del siglo XVII en una guerra en las frías tierras de Flandes, regresa a Madrid y se encuentra con un imperio moribundo. La misma España en la que Quevedo y Góngora escriben sus versos, Velázquez pinta sus cuadros y Lope de Vega estrena sus comedias, se desmorona ante la impasibilidad del rey Felipe IV, en una corte dominada por las intrigas y la corrupción, manejada a su antojo por el conde-duque de Olivares apoyado por la Santa Inquisición.

La gloria y la decadencia. La grandiosidad y la intimidad. Alatriste es una bella película llena de contrastes. Junto a las grandes batallas, miles de extras, escenas de espadas, desembarcos en el mar…, está la intimidad del amor, de la amistad, de las cosas más pequeñas, del sufrimiento de los más míseros. Alatriste, con una producción digna de los más grandes estudios de Hollywood, no se detiene sólo en la aventura, indaga también en la pobreza de la gente del XVII en España; entra en la vida de un soldado y, a través suyo, cuenta la gloria y la decadencia de España, la del poder, pero también la del pueblo. Producida por Antonio Cardenal (Origen) junto a Tele 5 y Universal Estudios, Alatriste es una de las mayores producciones cinematográficas españolas hasta la fecha -un presupuesto de 24 millones de euros de capital únicamente español-, en la que han trabajado 50 actores y más de 10.000 extras. Manadas de caballos, galeones en el mar, descargas de artillería, explosiones… Alatriste tiene un reparto espectacular, en el que se encuentra lo mejor de la cinematografía española. Excepto Mortensen y el italiano Enrico Lo Verso, que hace el papel de Gualterio Malatesta, todos los actores son españoles. Eduard Fernández (en el papel de Copons, el fiel amigo de Alatriste), Ariadna Gil (la bellísima María de Castro, el gran amor de Alatriste), Javier Cámara (conde-duque de Olivares), Eduardo Noriega (duque de Guadalmedina), Unax Ugalde (Íñigo Balboa), Elena Anaya (Angélica de Alquézar), Blanca Portillo (Bocanegra) o Juan Echanove (Francisco de Quevedo) son algunos rostros de lujo que acompañan al valiente Alatriste.

Si algo tenía claro desde un principio Díaz Yanes era que la película que le encargaron hace tres años debía rodarse en español y con una gran estrella de cine. En otro caso no hubiera aceptado el proyecto. Tardó un segundo en dar el sí al encargo. Por muchas cosas. Por su formación de historiador, Díaz Yanes se encontró ante la oportunidad de su vida. Cine e historia juntos, el director tenía, además, la posibilidad de enfrentarse al siglo que más le gusta, el XVII, y realizar una película histórica, por las que siente verdadera pasión. "Era una oportunidad que sólo puedes rechazar si las condiciones de trabajo no son las adecuadas, si no tienes el dinero suficiente o no consigues a los actores que quieres. Si no, es imposible decir que no", explica el realizador, que no niega el punto de inconsciencia que tiene hacer cine. "Es como si de repente te dicen que vas a ser el número 9 de la selección española para un mundial de fútbol o te anuncian que vas a torear en la Feria de San Isidro de Madrid. No puedes decir que no. Además, soy de la opinión de que en España parece que tenemos un mal rollo con nuestra historia. Los franceses han hecho magníficas películas históricas, también los ingleses. Espero que con Alatriste, al margen de que guste o no a la gente, abra un camino en este déficit que tenemos en España con filmes históricos".

Y esas dos circunstancias (el español y la gran estrella) se unían en un casi único nombre: Viggo Mortensen, intérprete de títulos como Crimen perfecto, Marea roja, Psicosis, Océanos de fuego o Una historia de violencia, además de El señor de los anillos. "Viggo reunía las condiciones perfectas. Siempre pensé que el personaje de Alatriste lo tenía que hacer una gran estrella. El cine es así. Adoro a los actores, pero no creo que se pueda hacer El padrino sin Marlon Brando o El cazador sin Robert de Niro. Son estrellas porque llevan detrás suyo proyectos gigantescos que sacan adelante. Sabía que necesitábamos un gran actor, pero que al mismo tiempo fuera una estrella. De ahí no me movía". Pero Viggo ha sido mucho más que una estrella que habla perfectamente castellano. Todo el equipo, y más los actores que le han acompañado en esta aventura, hablan maravillas. Ha sido el compañero perfecto. Fue el que más leyó acerca de la historia del Siglo de Oro. Envió libros y discos para que todos sus colegas de reparto saborearan la época -"no era para seducir ni controlar lo que hacían otros, era para compartir lo que había encontrado yo", advierte Mortensen-. Hacía regalos a diario. Llegaba al rodaje con bolsas de caramelos, chicles y demás para repartir entre el equipo. También flores, y mate, y alfajores argentinos. Se encargó de diseñar camisetas. El ejemplo de lo que ha sido la participación de Viggo Mortensen en este proyecto español lo explica Unax Ugalde: "Cuando conoció mi gran afición infantil por los caramelos sugus, me encontré un día en mi camerino la silueta con mi nombre en el suelo realizada toda con sugus".

Otro dato que habla no del actor, sino de la persona, es el recibimiento que Mortensen hizo un día a Cristina, una chica enferma cuyo deseo era conocer al actor neoyorquino. Fue la ONG Fundación Pequeño Deseo la encargada de que Cristina celebrara su 11º cumpleaños, el 31 de mayo de 2005, en Talamanca del Jarama (Madrid), junto a Mortensen. El actor se la llevó a su roulotte, estuvo con ella durante cerca de dos horas, y la llenó de regalos y sorpresas. La madre de Cristina asegura que su hija nunca olvidará ese día.

Poetas, pintores, escritores. Quevedo, Lope de Vega, las pinturas de Velázquez. El XVII es el gran siglo cultural español, la única vez en la que España fue la gran potencia mundial. Es el siglo del barroco. Un siglo de guerras y enfrentamientos. Un pueblo, el español, religioso y loco, con muchos contrastes de pensamiento, con genios que hacían cosas que no se hacían en ninguna parte del mundo, pero al mismo tiempo aislado. "Es un siglo conmovedor", dice Agustín Díaz Yanes. "Desde el punto de vista cinematográfico es fantástico; sólo tiene un defecto, que creo que hemos solventado, y es que es muy feo. No es el XVIII francés ni el XIX italiano. El XVII en España era oscuro y pobre", añade el director.

A todos ellos, a Quevedo, a Velázquez y a muchos más, se ha acercado Viggo Mortensen con devoción. Visitó el Museo del Prado una y otra vez. "Me quería asegurar no solamente de cómo era la ropa; como llevaban el pelo, los bigotes, las armas, las posturas. Son detalles que no vi sólo en Velázquez, también en otros pintores", explica el actor. También, y siguiendo su costumbre de prepararse a fondo los personajes que interpreta, Mortensen quiso saberlo todo del soldado Alatriste. "Después de leer el guión, siempre quiero saber lo que no está escrito, y empiezo con el lugar donde nació el personaje, dónde y cómo se crió, cómo era su familia, cómo era geográficamente la zona de su infancia, cómo era su vida". Y todo esto le llevó a Castilla, la zona donde Arturo Pérez-Reverte sitúa a Alatriste. "Le llamé y le dije que me iba a pasear por esa zona. Viajé por Valladolid y Salamanca, donde dicen que se habla el castellano más parecido al del Siglo de Oro. Llegué a León, alquilé un coche y empecé a moverme. En la montaña, en unos pueblos pegados a la frontera con Asturias, encontré algo. No sé el qué. Entré en un bar y parecía un saloon de un western. Cuando entré, toda la gente se calló porque yo era un extraño. Aunque yo me parecía a ellos -la mitad del pueblo eran rubios y de ojos claros-, nadie me dirigió la palabra. Me tomé un café y me quedé un ratito porque fuera estaba nevando y hacía frío. Me fui, pero seguí pensando en ese sitio, en ese pueblo, en esas personas. Volví una segunda vez y, sin preguntarme nada, me pusieron lo mismo que había tomado la vez anterior. En esa ocasión, ya me hablaron. En mi tercera visita, ya era un amigo, ya se fiaban de mí. Su forma de ser, de hablar, el tono que empleaban, ese tono seco, esa forma de ser tan escueta…, me pareció que había llegado al lugar donde se había criado Alatriste. Llamé a Pérez-Reverte y le dije que había sido en León donde había encontrado el lugar de nacimiento de Alatriste. '¿Puede ser?', le pregunté. 'Bien puede ser de ahí', me respondió. Volví muchas veces durante la preparación de la película a ese valle, a esa zona del norte de León, en las montañas, y cada vez que volvía, más me daba cuenta de que mi elección había sido la correcta".

Después de dos filmes íntimos, Díaz Yanes se ha enfrentado a la gran aventura de la superproducción, con 10.000 extras y grandes batallas. "Antes de empezar a rodar dije que esta película iba ser mi gran aventura, y así ha sido. Me acordé mucho mientras rodaba. El cine siempre es una aventura, independientemente del presupuesto y de que te salga bien o mal; pero en este caso ha sido una aventura muy agradable, en la que me lo he pasado francamente bien, en el sentido de que me he sentido director de cine, de que las cosas han salido como yo pensaba". No ha notado Díaz Yanes una enorme diferencia entre sus dos películas anteriores y ésta de Alatriste. "Por una razón", aclara, "que se dice poco en el cine. En este tipo de películas es muy importante el director, no lo dudo, pero es también fundamental el equipo. He tenido la suerte de que la preparación que hizo mi ayudante de dirección [Charlie Lázaro] fue extraordinaria porque está muy acostumbrado. Todos los jefes de equipo, menos Paco Femenía, director de fotografía, y yo, habían hecho este tipo de películas. Eso te quita todos los problemas. Los reduce a que el actor logre conseguir la emoción que tú quieres, que logres terminar los planos que hayas pensado. Cuando tienes un equipo tan sólido como el de Alatriste no encuentras grandes dificultades".

En el equipo técnico se ha contado con grandes profesionales. Bob Anderson, creador de todos los grandes filmes de espadas, desde los protagonizados por Errol Flynn hasta Barry Lindon o El señor de los anillos, fue el encargado de montar todas las escenas de combate. La figurinista de la película ha sido la italiana Francesca Sartori, que, al frente de un gran equipo, preparó la confección de unos 10.500 trajes. El maquillaje ha sido obra del español José Luis Pérez, el mismo de El señor de los anillos. La dirección artística ha estado en manos del español Benjamín Fernández, quien ha realizado no sólo grandes decorados, sino un galeón español del siglo XVII de 45 metros de largo y 8,5 de ancho. También han contado con un asesor militar que se encargó de encuadrar a toda la tropa, y con una segunda unidad de rodaje que hizo el trabajo más duro y quizá el menos vistoso, pero no menos importante. La grandiosidad de esta producción se ve también en el número de localizaciones donde se ha rodado: en total, 97. En las calles de Úbeda y Baeza se rodaron escenas callejeras del Madrid de la época; la planicie del monasterio de Uclés ha servido de escenario para la gran batalla de Rocroi; Sevilla, Cádiz y algunas playas gaditanas (Conil, Tarifa…) fueron el decorado real de los galeones y el del desembarco.

El cine siempre mira al cine. Así lo cree Díaz Yanes, que nunca ha negado que a la hora de enfrentarse a una nueva producción, sea cual sea, ve muchas películas. Para Alatriste, el director realizó una selección en tres aspectos: el técnico ("Femenía y yo nos vimos todas las grandes batallas del cine más o menos modernas, desde Barry Lindon hasta Braveheart o El último samurái"), el personal ("he visto muchas veces El cazador, de Cimino, para empaparme de las emociones; mucho cine de época bueno, como La edad de la inocencia, de Scorsese; hice ver a todo el mundo El gatopardo, de Visconti, y como siempre volví a El padrino") y el más concreto de la pobreza para retratar la miseria del pueblo español ("regresé al neorrealismo italiano; volví a ver mucho Rossellini, Giulano, mucho blanco y negro de pobres").

Aunque el peso de la película recae sobre una estrella internacional, no es menos importante la presencia apabullante de algunos de los más grandes actores del panorama español. "Estoy harto de que mucha gente de fuera y de dentro del cine me cuente tonterías sobre los actores españoles. Tenemos a 20 o 25 actores de primerísima línea mundial, incluidos muchos que no están en mi película. Viggo, cuando llegó y los vio actuar se quedó acojonado. Me parecía que esta película necesitaba a lo más granado de la industria española. Me gusta que la gente vea que Juan Echanove hace de Quevedo igual de bien que cualquier papel de Charles Laugthon, que Javier Cámara es igual de bueno que Anthony Hopkins". Viggo Mortensen los ha conocido ahora, pero ya no se le olvidarán. "En mi vida he tenido que trabajar muchas veces sintiéndome un poco aislado. El caso de Alatriste ha sido bien diferente. Fue muy lindo el trabajo en grupo. Alquilé y vi películas en las que habían trabajado el resto de los actores y me di cuenta de que estaba ante un reparto increíble. Si hubiera querido trabajar con todos ellos tendría que haber hecho por lo menos 10 películas. Un actor tiene que sentir cierta confianza, sentirse cómodo, que te den la bienvenida. No sólo es trabajar y cobrar. Nunca sentí que nadie dijera que el papel de Alatriste lo tendría que haber hecho un español. Me dieron mucha confianza y me ayudaron mucho".

Ese héroe tendrá ya para siempre el rostro de Viggo Mortensen. Desafiante y tierno. Grandes ojos azules y mirada orgullosa. Como dice el propio Mortensen, la heroicidad está en las cosas pequeñas. "Un héroe no tiene por qué ser un líder político, o un deportista, o un famoso, tampoco un soldado. Una persona heroica es alguien que se porta bien, que trata bien a los demás cuando le van mal las cosas. Alatriste y sus compañeros son gente de mucho aguante. Éste no sólo es un cuento de aventuras, es un cuento complicado y difícil al que hay que prestar un poco de atención. Todos los personajes son complicados. Ése es el cine que a mí me interesa hacer y ver. El que espere sólo un cuento de aventuras como Los tres mosqueteros se va a sorprender. Es mucho más que una aventura, da mucho que pensar. Es una historia triste y difícil. Un cuento que tiene honra, que provoca mucho sentimiento y conmueve. Estoy muy orgulloso. Creo que los ciudadanos de todo lo que se llama España, sean de donde sean y sin ninguna vergüenza, se pueden sentir orgullosos de lo que es esto". Esto es Alatriste.

Una mirada propia

Por Juan Cruz

"El capitán Alatriste no soy yo. Lo que pasa es que Alatriste mira como yo". Cuando publicó en Alfaguara la primera entrega de Las aventuras del capitán Alatriste, hace ahora una década, Arturo Pérez-Reverte tenía escritos en una cuartilla los títulos de los siguientes capítulos de la saga; eran para él como una obligación, un reto que se había planteado, y que iba a cumplir a rajatabla. El regalo literario que le debía a su hija Carlota, a la gente de su tiempo. Luego llegó el fenómeno editorial. "Se han vendido cuatro millones y medio de volúmenes, se han hecho cómics, ¡ha habido una verdadera alatristemanía!, y ahora es cine. ¿Cómo iba a pensar que el personaje estaría tan vivo una década después?". La película llega tras la publicación de El pintor de batallas, su última novela, en la que la guerra es el lienzo en el que se reflejan miradas vencidas de personajes cansados.

Le puso tanta pasión Pérez-Reverte a la escritura de su saga, que había concebido como una lección sobre la España del siglo XVII, que la gente le preguntaba si Alatriste era él. Se estrena la película que se basa en sus novelas, y Pérez-Reverte respondió lo mismo a idéntica pregunta: "Alatriste es Alatriste, pero la mirada es mía. Es el que yo inventé. Y lo que ha hecho Agustín Díaz Yanes es recoger esa mirada, conmovida, a veces incómoda, que tiene Alatriste sobre la tragedia de ser español".

No es, dice, "una mirada patriotera o nacional", sino una forma de poner ante el retrato de los españoles una época fundamental de la historia de España, "manipulada por unos y contaminada por otros; unos quisieron borrarla, y otros, ya que no podían borrarla, o limpiarla, porque la consideraban sucia, decidieron olvidarla". Se enfrentó a esa historia tratando de darle a Alatriste el contenido de un héroe moderno, en el que la gente se pudiera poner en perspectiva los problemas de hoy; en España, cree, "aún nos acuchillamos de la manera cainita del siglo XVII". "No es un personaje arcaico, un personaje antiguo; la gente ve el mundo a través de él", decía el novelista, y era esa impronta de modernidad la que quería en el cine. Cuando Díaz Yanes le propuso el guión, el autor le dio el visto bueno. Fue muy poco al rodaje; ocho de sus novelas han sido o serán materia de cine, y ya sabe que "es mejor que el director vaya haciendo su trabajo, sin otras interferencias que las que él quiera". Así que se limitó a dar el visto bueno al guión y al casting, a cuyo frente está un Viggo Mortensen que le ha fascinado. "¡Es Alatriste, el que pensé, el que escribí! ¡Casi el de los dibujos!".

"La película me ha gustado muchísimo, y a la gente le va a fascinar. Es lo que un autor quiere cuando crea un personaje: que luego el cine lo respete y lo recree. Agustín Díaz Yanes le ha hecho un servicio importante a este país, ayudándole a entender y a ver una historia que a menudo ha estado olvidada, contaminada y sucia. Podía haber hecho sólo aventuras y estocadas. Y ha querido sobre todo respetar el lado oscuro de aquella época, la soledad, la pobreza, el abandono en el que vivían el español y el soldado. Ese clima lo ha convertido en elemento principal de la película. Y Viggo es ese Alatriste que vive en una soledad creciente, un héroe cansado frente a unos fanáticos y a unos imbéciles. La cara de ese Alatriste, soldado leal, con la decencia machacada por los poderosos, el buen vasallo que no tuvo buen señor, es la que transmite Viggo. ¡Como si hubiera sido siempre Alatriste! Y la verdad es que pienso que Alatriste ha hecho español a Viggo". En el primer pase de la película "era conmovedor ver cómo los actores respondían a la emoción que desprende su propio trabajo. Verles llorando de emoción debe de ser, seguramente, una satisfacción para Agustín; pero imagínate para mí, que fui quien creó esos caracteres a los que ellos dan vida de modo tan extraordinario. E imagínate para Antonio Cardenal, el productor, que fue quien verdaderamente se empeñó en que se hiciera la película".

'Alatriste' se estrena en cines de toda España el próximo 1 de septiembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de agosto de 2006