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miércoles, 2 de agosto de 2006
Guerra en Oriente Próximo

Israel intensifica la ofensiva terrestre

El Gobierno de Tel Aviv se plantea por primera vez la posibilidad de un alto el fuego

Las carreteras cercanas a la frontera entre Israel y Líbano son un continuo ir y venir de enormes camiones con tanques a cuestas, de vehículos con pertrechos, de autobuses cargados de soldados. Es lo propio de la operación militar de envergadura, aprobada la madrugada de ayer por el Gobierno israelí, para eliminar la presencia de Hezbolá en el sur del país árabe. Miles de soldados israelíes combaten a lo largo de toda la frontera para crear una zona de seguridad de seis kilómetros, en una jornada en la que se desplomaron sobre el Estado hebreo muy pocos cohetes de Hezbolá, circunstancia que levanta sospechas. El primer ministro, Ehud Olmert, se dirigió por la tarde a su opinión pública para afirmar que Israel "está ganando la guerra".

Los expertos destacan que la presión diplomática es creciente tras la masacre de Qana

"Es el principio", afirmó Olmert, "de un proceso político que conducirá a un alto el fuego bajo condiciones totalmente diferentes a las previas" al conflicto. No es tan evidente que las circunstancias sobre el terreno vayan a cambiar radicalmente.

Si los uniformados hebreos se asientan en esa franja de seguridad, tal vez podrán expulsar a los guerrilleros hacia el norte y evitar que capturen a más militares. Pero es casi imposible que puedan atajar totalmente el lanzamiento de Katiusha. Hezbolá conserva todavía miles de cohetes -ha lanzado 1.900 de los 12.000 con que contaba- de un alcance que ronda los 40 kilómetros y decenas de que pueden golpear en el centro de Israel.

Cumplir al cien por cien las metas que se plantearon el Gobierno y el Ejército hebreo es casi imposible. Si Hezbolá mantiene aunque sea sólo una parte de su arsenal, no se podrá hablar de que se ha implementado la resolución 1599 de Naciones Unidas, que exige su desarme. Y más complicado todavía es que sean liberados los dos soldados cautivos desde el 12 de julio, fecha en que se desataron unas hostilidades que han provocado más de 800 muertos en Líbano, la inmensa mayoría inocentes ajenos a la guerra, además de unos 300 milicianos de Hezbolá, según portavoces militares hebreos. También han perecido 51 israelíes, 19 de ellos civiles.

En Metula se oía el constante martilleo de la artillería sobre los pueblos del sur de Líbano mientras el ministro de Justicia, Haim Ramon, aseguraba que por la noche entraría de nuevo en acción la aviación y que las Fuerzas Armadas han pedido cuatro semanas más para seguir destrozando la milicia chií, además de infraestructuras y edificios en todo Líbano. Ya están listas tres divisiones de reservistas. Aunque aún no se han desplegado en territorio libanés, se denota premura en el Ejército israelí.

Los ataques se aceleraron a lo largo de gran parte del centenar de kilómetros de frontera para formar el tampón de seguridad en el sur de Líbano y forzar después la retirada de los milicianos de Hezbolá al norte del río Litani, a unos 25 kilómetros de Israel. Pero el riesgo de afrontar una guerra de guerrillas es notorio y el peligro de sufrir numerosas bajas, también. Una eventualidad que acarrea un coste político que el Gobierno Olmert no puede permitirse.

La mayoría de los expertos destacan que la presión diplomática es creciente, máxime después de la matanza de Qana, en la que falleció medio de centenar de personas, la mitad de ellos niños. Según reconoció el Ejército, no se disparaban cohetes desde el edificio hundido por los cazabombarderos, y la ministra de Exteriores, Tzipi Livni, admitió que la masacre ha reducido la capacidad de maniobra de Israel y el apoyo del que gozaba entre los países europeos para su campaña militar contra Hezbolá.

Oriente Próximo está en ebullición. El presidente sirio, Bachar el Asad, apeló a su Ejército a estar listo para encarar "un desafío regional". Ya se encontraban las Fuerzas Armadas de Damasco en estado de alerta, pero sus dirigentes elevan el tono y amenazan con sumarse a la guerra si Israel lleva a cabo una invasión masiva de Líbano. En la franja de Gaza, un chaval palestino de 16 años y una mujer de 24 perecieron en un ataque de la aviación israelí, mientras el Gobierno decretaba la clausura total de Cisjordania, en cuya capital, Ramala, 1.500 se manifestaron para pedir a Hasan Nasralá, líder de Hezbolá, que bombardee Tel Aviv.

Una mujer llora ante las viviendas arrasadas por los bombardeos israelíes contra los barrios del sur de Beirut. / REUTERS

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