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martes, 14 de junio de 2005

La izquierda se une en Irán

Los reformistas fuerzan los límites del sistema para atraer a un electorado desencantado con el Gobierno de Jatamí

Los reformistas iraníes han formado un Frente por la Democracia y los Derechos Humanos para apoyar a su candidato a la presidencia, Mostafa Moin. La inclusión del ilegalizado Movimiento por la Libertad en Irán (MLI) revela la búsqueda de un nuevo espacio político. Tras ocho años de Gobierno de Mohamed Jatamí, tienen que hacerse un hueco entre quienes, hartos de su marginación de los verdaderos centros de poder del régimen islámico, han decidido contestar la legitimidad del sistema boicoteando las elecciones, y los conservadores, que se han apropiado sus eslóganes democráticos.

"¿Quién podía pensar hace unos años que un día íbamos a poder estar aquí hablando libremente con la gente?", se preguntaba el secretario general del MLI, Ibrahim Yazdi, al anunciar su apoyo a Moin la semana pasada. Fundado en los años sesenta, ese grupo está prohibido porque cuestiona el liderazgo político de los religiosos, uno de los fundamentos de la república islámica.

En cuanto a Yazdi, el Consejo de Guardianes ha vetado una vez más su candidatura a la presidencia porque está acusado de intentar derribar el régimen. A diferencia de anteriores convocatorias, el MLI ha decidido no boicotear las elecciones y aliarse a los reformistas. "No hemos renunciado a nuestros principios, sino que nos unimos a la corriente democrática para frenar a los derechistas", explicó el veterano político, que ha aceptado trabajar dentro de los límites ideológicos del régimen.

Es la primera vez que fuerzas de la oposición de dentro y fuera del sistema van a trabajar juntas. Para Yazdi, que fue colaborador del ayatolá Jomeini durante su último año de exilio en Francia y ministro de Exteriores en el primer Gobierno provisional tras la revolución islámica, este paso supone el regreso a la política oficial tras años de semiclandestinidad.

Moin, un ex ministro de Educación Superior que inicialmente también fue vetado por el Consejo de Guardianes, espera sumar nuevos apoyos ante la apatía que se ha extendido entre su base electoral. Ese intento de ganar terreno por la izquierda (ya que los partidos centristas que respaldaron a Jatamí presentan a otros candidatos) está llevando a los reformistas a tocar líneas rojas impensables en elecciones anteriores. Su número dos, Reza Jatamí (hermano del presidente saliente), ha llegado a decir que Irán debe dejar de inmiscuirse en el proceso de paz de Oriente Próximo porque "Palestina es un Estado soberano".

"Es cierto que estamos haciendo una campaña con ideas más radicales para contrarrestar el ambiente adverso", admite Eisa Saharjis, jefe de propaganda de Moin. "El problema es encontrar el equilibrio entre trabajar dentro de los confines del régimen y satisfacer las peticiones de cambio", ha reconocido el ex vicepresidente Alí Abtahí, uno de los más próximos colaboradores de Jatamí, que el año pasado dejó el Gobierno frustrado por el continuo bloqueo del Parlamento conservador. "Esta paradoja es el eje de la actual crisis política", asegura.

"Nuestro rival no es Rafsanyaní ni Ghalibaf; nuestro rival es la abstención", confía Yalal Mohamedlu, responsable de las sedes electorales de Moin en uno de los cinco distritos en que han dividido Teherán. La imagen de impotencia de Jatamí ante los conservadores durante sus ocho años de mandato ha hecho mella en los iraníes. Su desencanto hacia las urnas se ha visto reforzado por la actitud de destacados intelectuales como la premio Nobel Shirín Ebadí, el profesor de Historia Hashem Aghayarí o el periodista Akbar Ganyí, que han anunciado su abstención para deslegitimar al régimen.

"Mientras los candidatos sean preseleccionados, no participaré en ninguna elección", ha anunciado Ebadí, en referencia al veto del Consejo de Guardianes, uno de los órganos no elegidos bajo control de los conservadores. Ganyí ha ido más lejos y, arriesgando un permiso penitenciario que tal vez se hubiera prolongado de haberse mostrado menos locuaz, ha pedido que se elija al líder supremo, que es quien concentra todo el poder.

Moin, que también ha cuestionado los poderes del líder, teme, sin embargo, que el boicoteo abra la puerta al totalitarismo. "Quienes no participen allanarán el camino para la emergencia de un sistema totalitario", advirtió durante uno de sus mítines. La abstención beneficiaría a los conservadores, que consideran el voto como un deber religioso.

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