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lunes, 10 de enero de 2005
Tribuna:AULA LIBRE

200 años de enseñanza para alumnos sordos en Madrid

En España, y en Madrid, se inicia la educación moderna de las personas sordas con un centro creado por la corona, financiado por el Estado y gestionado y dirigido por la Sociedad Matritense de Amigos del País. Y su apertura, se hace el 9 de enero de 1805, con la presencia del primer ministro Sr. Godoy. España sigue el camino de países como Francia o Inglaterra que tienen centros públicos hace ya algunas décadas.

El número de plazas, según anuncia la Gaceta de Madrid de 5 de febrero de 1805 es de 6 alumnos entre los 6 y los 12 años.

Jamás antes del Real Colegio de Sordomudos, creado por el Rey Carlos IV en Madrid, y salvo los precedentes del aula para niños sordos en el Colegio de San Fernando de Lavapiés de Madrid y las actividades del Ayuntamiento de Barcelona, nunca hubo educación específica pública, general o universal para niños o jóvenes sordos en España. Sí está documentado que algunos niños sordos acomodados tuvieron el privilegio de recibir una instrucción por los que tradicionalmente consideramos los maestros o iniciadores en España de la educación de las personas sordas en los siglos XVI y XVII: Ponce de León, Carrión y Bonet. De los dos primeros tenemos escasa documentación fehaciente de sus métodos educativos, mientras del último sí la hay gracias a su libro Reducción de las letras y Arte para enseñar a hablar a los mudos, 1620.

Tradicionalmente, la mayoría de los niños sordos iniciaba el descubrimiento de los demás sordos en los colegios-residencias, e iban aprendiendo la lengua de signos para su comunicación, a la vez que adquirían conciencia de grupo. Esta lengua de signos aprendida y practicada en el colegio, primero Real Colegio de Sordomudos(1805), después Real Colegio de Sordomudos y Ciegos(1842), más tarde Colegio Nacional de Sordomudos(1947), luego Instituto Nacional de Pedagogía de Sordos(1970) y por último Colegio de Educación Especial de Sordos (1986), les proporcionaba identidad. En la actualidad, en el nuevo centro (CEIP El Sol, 2001 ) también la encontraran, pero de otra forma y con otra dimensión.

Nunca en el "colegio de sordos" de Madrid nada fue fácil y siempre encarnando lo mejor y peor de su tiempo en cuanto a los métodos educativos, en cuanto a sus profesores, en cuanto a sus responsables... Y desde el principio sufrió los sucesivos cambios de los maestros directores, la guerra de la Independencia, con la penuria más completa y su primer cierre. La llegada del rey deseado, Fernando VII y sus aires patrios, que dejaran fuera del colegio la influencia y metodología educativa francesa. El trance oscuro de la disolución de la Sociedad Económica de Amigos del País tras el periodo liberal de 1820/23. La creación de un sistema nacional de educación con la adscripción al Ministerio de Fomento (1852) y la regulación de sus enseñanzas con la Ley de Instrucción Pública de 1857 -Ley Moyano-. Una segunda mitad del XIX con estabilidad del profesorado y profesionalidad de las direcciones; una etapa de cierto esplendor. El quita y pon de los patronatos nacionales del primer tercio del XX, la época republicana, la Guerra Civil con un nuevo y prolongado cierre hasta 1948. La España nacional y su atonía. La Ley Villar (Ley de 1970) y el Instituto Nacional de Pedagogía de Sordos. La LOGSE y el Colegio de Educación Especial de Sordos; la integración y por último la gestión de la Comunidad de Madrid con la trasformación del centro específico en uno ordinario de carácter singular. Y el centro tantas veces trasformado perduró...

Históricamente se ha considerado que uno de los factores más determinantes y significativos de los colegios de sordos, incluso por encima de las funciones más clásicas o convencionales de la escuela, ha sido la de proporcionar a sus alumnos una identidad como personas sordas. Actualmente, el cambio de esta concepción, axiomática durante muchas décadas, provoca, está provocando un sensible cambio en las personas sordas consecuencia de nuevos escenarios educativos, culturales y sociales.

En el curso 1985/86, al iniciarse en todo el territorio nacional el nuevo programa de integración de alumnos, hay en España en todas las etapas según fuentes del Ministerio de Educación y Ciencia el doble de alumnos sordos en centros específicos que en centros ordinarios(se estima que unos 2000). A partir de ese año, y como consecuencia directa del proceso anterior, los centros específicos de sordos de la Comunidad de Madrid; la Purísima, Ponce de León, Hispano Americano de la Palabra, y el Instituto Nacional de Pedagogía de Sordos trasformado en Colegio de Educación Especial de Sordos, que han aprovechado y se han beneficiado del gran esfuerzo escolarizador de los años 60 y 70, empezaran a ver como disminuye su matrícula y si al principio de los 90 es un hecho que el número de alumnos en centros específicos de sordos ha descendido, a lo largo de la década se invertirá; habrá más niños y jóvenes sordos en centros ordinarios que en centros específicos.

En 2001, la Consejería de Educación establece el cese de actividades del colegio público de Educación Especial de Sordos, poniéndose fin en la Comunidad de Madrid a la enseñanza de los alumnos sordos a través de los colegios específicos de titularidad pública. Es algo más que un cambio de nombre de colegio. A partir del curso 2001-02, un centro de infantil y primaria para niños oyentes y sordos, denominado "El Sol" tomará el relevo y se le confiere una organización especial para aplicar, entre otras, metodologías de tipo bilingüe que tienen entre sus objetivos el que los niños sordos accedan y alcancen los fines del currículum ordinario tanto en la lengua oral -castellano- como en lengua de signos española y en consecuencia educar en las dos lenguas, bajo una forma de agrupación denominada combinada (grupos más equilibrados de niños oyentes y sordos en una clase, diferente a los dos alumnos sordos por grupo de la modalidad de integración).

Es importante que este bicentenario del establecimiento de la enseñanza específica de niños sordos en Madrid, en nada celebrado por quien corresponde, sea la excusa para reflexionar sobre todo lo hecho, y especialmente en los últimos años, que aunque disperso y sin un plan coherente y ordenador ha sido y es importante. Por ejemplo, lo relativo a la organización e intervención en los centros de infantil, primaria y secundaria; con la especial consideración a las incipientes metodologías de naturaleza bilingüe (castellano y lengua de signos) y a la respuesta educativa a la presencia considerable de niños sordos con implantes cocleares en las aulas o al nuevo modelo de agrupamiento de los alumnos oyentes y sordos -enseñanza combinada-. Y por supuesto, la incorporación de intérpretes de Lengua de Signos Española (LSE) en los institutos y de Asesores Sordos en las escuelas, el intento de formación de maestros y profesores en lengua de signos o la formación de los intérpretes de LSE a través de la Formación Profesional Específica.

Pero también (la reflexión) debe servirnos para poder modificar o cambiar aspectos de nuestra realidad que presentan indicadores no satisfactorios, especialmente relativos a la intervención en los centros o de formación, a la vez que se puede aprovechar, aunque no sea lo normal, para dar el mérito y reconocimiento que tiene la actividad reglamentaria de la administración para regular algunos de los aspectos anteriores, como también el esfuerzo de los maestros, profesores, profesionales y organizaciones de personas sordas, que entre todos y con distinta responsabilidad han encarnado una respuesta educativa que hoy es más amplia en cuanto a opciones y más extensa como oferta.

No es suficiente, aunque si necesario, autorizar centros privados para después concertarlos o subvencionarlos y que establezcan sus modelos educativos ya oralistas, de modelo bilingüe o con otras metodologías y tampoco es suficiente crear en la red pública centros de infantil y primaria como "El Sol" o como ese conjunto importante de institutos de educación secundaria distribuidos por las direcciones territoriales de Madrid que empiezan a tener recursos de intérpretes de lengua de signos y son una alternativa real y verdadera para los alumnos sordos signantes de alcanzar una secundaria obligatoria, una formación profesional e incluso un bachillerato. Todo es importante pero hoy no es suficiente, hay que requerir más, más a la Consejería de Educación, a sus profesionales, y especialmente a sus responsables políticos y administrativos para que lideren una política educativa cualitativa que se materialice en los medios económicos precisos, concite todos los apoyos, autoridad y auténtico asesoramiento, para que junto a la dedicación de todos los profesionales de los centros de enseñanza, hagan posible verdaderamente que los alumnos sordos; los que quieran tener su lengua -la lengua de signos- como instrumento de acceso al currículo como los no signantes, tengan una enseñanza de calidad además de poder contar y propagar que en Madrid hace 200 años se educa, para su beneficio y el de la sociedad a las personas sordas.

Alfredo Alcina Madueño es inspector de Educación.

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