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La poeta malagueña Isabel Bono se adentra en las distintas fases del amor en 'Los días felices'

Andrés Neuman, escritor argentino y granadino de adopción, publica la novela finalista del Premio Herralde, un libro de poemas y una traducción de Wilhelm Müller. Entrevista al poeta Antonio Cabrera, que trabaja fuera de su Andalucía natal. El Museo de Bellas Artes de Sevilla acoge una exposición dedicada a 7.000 años de arte persa.

Isabel Bono (Málaga, 1964) lamenta que sus lectores le reprochen el título de su último libro, Los días felices, cargado, según dicen, de poemas tristes. Ella se defiende: "El título no pretende ser irónico. Es normal que cuando recuerdas una época feliz de tu vida hables en esos términos, aunque luego los poemas no se correspondan con ese estado de ánimo", afirma.

Autora de libros de versos y narrativa como Señales de vida (1999), Ni héroe ni insecto (2001) o Ciego Montero, ¿dónde te metes? (2002), entre una decena de títulos, Bono obtuvo el premio internacional de poesía León Felipe, en su primera convocatoria, con Los días felices. La poeta trata de restar importancia a este logro. "Escribí este poemario hace cuatro años, y como no daban un duro, creo que no se presentó casi nadie y lo gané. La dotación es una preciosa cuchara de palo, que guardo con mucho cariño", dice.

Los días felices se estructura en tres partes: una acerca de los asaltos de tanteo que preludian el amor, otra sobre el alejamiento, compuesta por una suerte de notas de viaje, y una tercera, acaso la más triste, sobre el reencuentro de los amantes. "Antes de conocerte / escribía / dolor / en una libreta / como otros escriben / dólar / en su talonario / de cheques...", dice Bono en su poema Cambio de divisas (all my cash).

Los poemas se mueven entre ciudades como Florencia, Roma, Venecia, Nueva York y Hong Kong, pero Isabel Bono reconoce en ellos pistas de su condición andaluza, o al menos mediterránea: "La luz de Málaga está en todo lo que escribo. En mis poemas hay mar y cielo azul y otros elementos que son definitivamente propios del lugar donde nací y donde vivo. Cuando un poeta vive en La Mancha, sus poemas tienden a ser poemas de tierra. Los míos, creo, tienden a ser más ligeros, más impresionistas", explica.

La gran pasión de esta autora es viajar, físicamente o con la imaginación. "Viajar es lo mejor del mundo. Si no puedes hacerlo, tienes el cine, y si te falta el cine, tienes los libros", comenta la poeta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de noviembre de 2003