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miércoles, 14 de marzo de 2001

Los bancos de Nicaragua, en estado crítico

VÍCTOR VALBUENA Managua 14 MAR 2001

Sólo uno de cada diez nicaragüenses prefiere depositar su dinero antes que guardarlo bajo el colchón. Y puede que en un futuro el porcentaje se reduzca. El pánico se está apoderando de ese 13% que, según una encuesta realizada por Cid Gallup a finales de 2000, alguna vez ha solicitado un crédito o ha abierto una cuenta: siete entidades bancarias han quebrado en menos de un lustro, cuatro de ellas en apenas seis meses. Los casos de esta epidemia presentan un historial similar y parecidos síntomas: los directivos y funcionarios de la entidad, amparándose en el sigilo (secreto) bancario, se conceden préstamos a sí mismos o a personas cercanas sin las debidas garantías y por cantidades superiores a las permitidas por la Superintendencia de Bancos (SIB), órgano rector y supervisor del sistema financiero. Los créditos nunca se pagan, el banco quiebra y todo termina con el rescate por parte del Banco Central o su fusión con otra entidad y sin que nadie sea condenado por los fraudes.

El último en caer enfermo fue el Banco Mercantil (Bamer), el primero de capital privado en operar en Nicaragua. Fue intervenido por la SIB el pasado 5 de marzo y posteriormente absorbido por el Banco Centroamericano tras un proceso de licitación pública de urgencia, resuelto en 48 horas. Aunque hasta el momento no se han encontrado indicios de anomalías, el superintendente Noel Sacasa afirmó que "quedan abiertas investigaciones para determinar posibles operaciones fraudulentas". La ya maltrecha situación del banco se agravó en los días previos a la intervención ante una fuga de depósitos que provocó un "grave problema de iliquidez", en palabras de Sacasa. Los rumores de quiebra llevaron a cientos de ahorrantes a cancelar sus cuentas ante el temor de quedarse sin su dinero, lo que precipitó una muerte ya esperada. El Bamer arrastraba pérdidas de 11,9 millones de córdobas (922.000 dólares estadounidenses), según un informe de la SIB para el período de enero a noviembre de 2000.

El Banco del Café (Bancafe) fue el penúltimo en desaparecer. El 17 de noviembre, la SIB decretó la liquidación forzosa de la entidad por el mal manejo de al menos 50 millones de dólares. Entre otras irregularidades, se dieron préstamos millonarios a inmobiliarias creadas por los directivos del banco, empresas con un capital social menor que el dinero solicitado y que nunca garantizaron el pago. Otras 16 empresas, relacionadas con los hermanos Saúl, Alvin y Alejandro Centeno, concentraron créditos por 10,5 millones de dólares, un valor tres veces superior a lo permitido para misma unidad de crédito. La cartera total de créditos del Bancafe equivalía al 113% de su capital social, cuando el máximo permitido es del 30%.

Varios socios minoritarios han entablado un juicio contra seis altos directivos por estafa, fraude y delito contra la buena fe en los negocios. Cuatro de ellos han logrado evadirse de la justicia, pero el ex presidente de la entidad, Francisco Mayorga -que fue presidente del Banco Central principios de los 90-, y Omar Ernesto González, miembro de la junta directiva, han sido detenidos por la Policía Nacional y permanecen en prisión preventiva. La entidad fue absorbida por el Banco de la Producción tras dos meses de incertidumbre durante los cuales el Estado sólo garantizó la mitad de los depósitos inferiores a 20.000 córdobas.

El apellido Centeno también aparece en la lista de morosos cuyo impago provocó la quiebra del Banco Intercontinental (Interbank), anunciada sólo 100 días antes que la del Banco del Café. Los tres hermanos recibieron entregas irregulares de prestamos por más del 40% capital del banco. Los Centeno fueron procesados por estafa, pero resultaron sobreseídos definitivamente por falta de pruebas, tras acordar directamente con el presidente Arnoldo Alemán la forma de devolución del dinero.

El Banco de Crédito Popular, el ultimo de propiedad estatal que existía en Nicaragua, fue declarado en quiebra en diciembre de 2000 y cerró sus ventanillas el pasado 2 de enero. Llevaba 24 meses operando con un capital inferior al exigido debido a que nunca se recuperaron 50 millones de dólares de préstamos presuntamente otorgados por criterios políticos a miembros del gubernamental Partido Liberal Constitucionalista. El estatal Banco Nacional de Desarrollo perdió su licencia de operación en 1997 tras un infructuoso proceso de saneamiento de su cartera valorado en mil millones dólares iniciado en 1992. Entre los morosos, altos cargos del Gobierno presidido por Violeta Barrios de Chamorro. Cierran la lista de víctimas el Banco del Sur, de capital mayoritariamente guatemalteco, desaparecido a principios de 1999, y el Banco Europeo Centroamericano, de capital italiano, que quebró en 1996.

¿Quién será el próximo en contagiarse? En las 24 horas posteriores al cierre del Bamer, los depositantes retiraron de las cajas del Banco Nicaragüense de Industria y Comercio (Banic) 4,8 millones de dólares y 10 millones de córdobas. Los incesantes rumores sobre el contenido de un informe confidencial del Banco Mundial sobre la filial nicaragüense de este banco espolearon el miedo de que sea el siguiente en caer, hasta el punto de que la junta directiva hizo desde Panamá un llamamiento a la calma.

Ahora, el Gobierno, presidido por Arnoldo Alemán, se apresta a recaudar los 150 millones que adeudan a cuatro bancos cerca de 30.000 productores de café. La fecha de vencimiento de los préstamos cafetaleros se acerca y el precio del gramo se ha desplomado en los mercados internacionales.

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