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lunes, 30 de octubre de 2000
EL PERFIL -

MIGUEL A. GÓMEZ MARTÍNEZ Una cabeza llena de música

Cuántas óperas caben en una cabeza? ¿Y cuántas sinfonías? Depende, pues hay cabezas y cabezas. La de Miguel Ángel Gómez Martínez, el director granadino que ha estrenado la temporada de ópera del teatro de la Maestranza con una versión de Il Puritani, no es voluminosa, sino mediana y de aspecto ahusado. Sin embargo, en su interior alberga un pozo sin fondo donde reposan 51 óperas y no se sabe cuántas sinfonías. La cabeza de Gómez Martínez es una especie de cámara frigorífica que, además de kilos y kilos de partituras ajenas, almacena las composiciones propias a la espera de que el músico tenga tiempo suficiente y las ponga por escrito. En 1992, cuando terminó La sinfonía del Descubrimiento, Gómez Martínez reveló que la había escrito en unas pocas semanas, en los tiempos muertos que pasó entre concierto y concierto a bordo de los aviones. "La tenía aquí", dijo señalando la meninge con el pulgar, "sólo tenía que buscar un rato para escribirla". Para Gómez Martínez las partituras son elementos auxiliares de los que prescinde en las ejecuciones públicas.

La cabeza de Gómez Martínez conoció el mundo el 17 de septiembre de 1949. Su padre era instrumentista de la banda de música de Granada y su madre pianista. A los cinco años ya fue capaz de rendir un examen en el Conservatorio Victoria Eugenia de Granada y a los siete se subió al podio y no sólo dirigió con pulso firme a los profesores de banda municipal sino que incluso corrigió varios errores que el transcriptor había deslizado en la partitura. El maestro de la banda, José Faus, impresionado, se llevó las manos a su cabeza.

Gómez Martínez nació director de orquesta, igual que otros nacen notarios o registradores de la propiedad. El ambiente doméstico le fue además propicio. Al margen de la música sólo se le conoce una afición, el fútbol. El niño Gómez Martínez goleaba, también sin partitura, las porterías imaginarias de la plaza de Mariana Pineda, cerca de la casa familiar.

En 1964 se trasladó a Madrid y obtuvo el diploma de primera clase en el curso final. Su debú como director está datado en Viena, en 1973, y a continuación actuó en Lucerna y Berlín, donde dirigió Fidelio, de Beethoven. En España se presentó por primera vez en 1975, en el Festival de Música y Danza de Granada. A partir de ahí comenzó una carrera que le llevó a dirigir a las filarmónicas de Viena, Baviera y la Radio de Berlín. Entre 1984 y 1987 fue director de la Orquesta de la RTVE. En la actualidad está al frente de las de Valencia y la ópera de Berna.

Desde hace decenas de años Gómez Martínez viaja siempre con dos sombras: la propia y la de su madre. El director granadino, soltero, tiene en su madre su principal colaboradora. Quien esto escribe puede jurar que nunca lo ha visto solo. Tras la separación de sus padres, la madre se convirtió en una ayuda polivalente. En los ensayos generales, por ejemplo, la madre recorre los graderíos y comprueba el sonido. Ocasionalmente fue su solista en algún concierto para piano, y lo acompaña en las ruedas informativas y comparecencias.

Su relación con Granada ha sido agridulce. Su última actuación en el Festival de Música y Danza se registró en 1996 y con la Orquesta Ciudad de Granada ha actuado una vez. En 1992 mantuvo una agria polémica con Juan de Udaeta, entonces director de la orquesta y del certamen musical granadino. De Udaeta se negó a incluir el estreno de La Sinfonía del Descubrimiento. Alegó que respetaba a Gómez Martínez como director pero como compositor era otra cosa.

Gabriel Díaz Berbel, poco después de lograr la alcaldía, lo presentó en una inesperada comparecencia como el asesor musical del nuevo Ayuntamiento del PP, pero de Gómez Martínez no se supo nada más. En aquella aparición el director comentó que tenía prisa pues tenía que tomar el avión al día siguiente ya que estaba citado en su casa de Morges, en Suiza, cerca del lago de Ginebra y a pocos kilómetros de Montreux, con un tapicero para elegir el color de las cortinas de su casa.

Aquella referencia al cortinaje le valió numerosas chuflas. ¿Un avión para escoger el tono las cortinas? Pues sí. Gómez Martínez ha decorado su casa de Suiza con múltiples referencias a Granada, y después de sus visitas a su ciudad natal, suele regresar cargado de elementos decorativos para sus amigos. Aunque en realidad en su casa suele pasar al año entre 15 y 20 días. El resto es un ir y venir continuo, siempre en avión.

Un ejemplo: el pasado mes de mayo tuvo que ensayar una ópera en el Teatro Real de Madrid y dirigir en Valencia. Alquiló un avión que lo trasladaba por la mañana a un podio y por la tarde a otro. Quizá durante el viaje anotaba alguna composición almacenada en su cabeza o, quién sabe, pensaba en renovar el color las cortinas de su casa.

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