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LA OFENSIVA DE ETA

Asesinado el gobernador civil de Guipúzcoa del último Gobierno de Felipe González

Juan María Jáuregui, de 49 años, murió después de recibir dos balazos en un bar de Tolosa

San Sebastián
ETA mató ayer en Tolosa al militante socialista Juan María Jáuregui, de 49 años, gobernador civil de Guipúzcoa entre 1994 y 1996. Jáuregui había sido objetivo de ETA desde hacía varios años, y ya en 1995 el comando Donosti intentó asesinarle con un coche bomba. Actualmente residía en Chile y había regresado a su tierra para disfrutar de unas vacaciones. Ayer, a las 11.30, cuando se hallaba en una céntrica cafetería, dos terroristas le dispararon dos tiros en la nuca. El nuevo secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, expresó ayer su total apoyo al Gobierno y a las fuerzas de seguridad, y el Ejecutivo reafirmó su voluntad de mantener su política antiterrorista. La capilla ardiente ha sido instalada en la Casa del Pueblo en San Sebastián.

La banda terrorista ETA acabó ayer en Tolosa con la vida del militante socialista Juan María Jáuregui, ex gobernador civil de Guipúzcoa y figura clave en la investigación del caso Lasa-Zabala, que desembocó en el encarcelamiento de su antecesor en el cargo Julen Elgorriaga y del general Enrique Rodríguez Galido.El asesinato se produjo hacia las 11.30. Jáuregui, de 49 años, casado y con una hija, conversaba con su amigo personal y director de informativos de la televisión vasca (ETB), Jaime Otamendi, en una céntrica cafetería de la localidad. Dos terroristas se le acercaron por la espalda y le dispararon dos tiros en la nuca. El ex gobernador, que no llevaba escolta, quedó tendido en el suelo. Fue atendido por una ambulancia en el mismo lugar del atentado y posteriormente trasladado a la clínica de la Asunción, donde murió.

Los terroristas vieron ayer su buscada oportunidad y supieron aprovecharla. Jáuregui, un hombre fiel a sus costumbres, no se preocupó en exceso por velar por su seguridad y acudió a su cita con Otamendi en el Frontón, una cafetería-restaurante de la calle San Francisco que frecuentaba con regularidad. El establecimiento estaba muy concurrido, como cualquier sábado a esa hora, y los clientes no sospechaban que compartían el local con dos pistoleros de ETA que habían seguido los pasos del ex gobernador civil. "Entraron en el bar por la puerta principal sobre las 11.00", asegura un cliente, "y pidieron unas consumiciones en la barra". Mientras tanto, Jáuregui tuvo ocasión de hablar por teléfono con su mujer, Marixabel Lasa, para decidir quién compraba los periódicos del día y quedar poco después.

Los testigos presenciales aseguran que los terroristas tenían entre 30 y 35 años. "Uno era bajo y llevaba txapela y el otro alto, con perilla. Los dos hombres entraron a cara descubierta con gafas de sol". Entre sus señas de identidad destacaba también una asombrosa frialdad. Según los clientes del local, "charlaron con tranquilidad, terminaron sus consumiciones" y una vez saciada la sed perpetraron el atentado.

Los asesinos sabían que no iban a llamar la atención en el recorrido de la pequeña distancia que les separaba de la mesa en la que se encontraba sentado el ex gobernador porque el establecimiento tiene dos salidas, una principal y otra lateral, ésta se encontraba en su camino. ETA quiso que Jáuregui muriera precisamente cuando hablaba sobre la situación política del País Vasco. Los terroristas se acercaron a él por la espalda y le dispararon dos tiros en la nuca. Jáuregui, natural de Legorreta -localidad cercana a Tolosa- cayó tendido en el suelo y los etarras huyeron por la puerta principal, según algunos testigos. Aún luchaba por salvar su vida cuando llegó la ambulancia.

Los médicos confirmaron la muerte de Jáuregui pasadas las 13.00 horas. Cuando le llegó la noticia, su mujer apenas pudo contener su emoción. Sólo era capaz de decir a sus allegados: "Esta semana hemos celebrado las bodas de plata y teníamos que haber llegado a las de oro". Marixabel Lasa sabe lo que se sufre con la ausencia de un ser querido. Desde hace tres años veía poco a su marido. Juan María Jáuregui abandonó el País Vasco a petición propia tras dejar el cargo de gobernador civil de Guipúzcoa en 1996, aunque volvía con cierta regularidad a la casa familiar que ambos comparten en Legorreta. Hacía doce días que había hecho un alto en su trabajo como secretario general de Aldeasa para Latinoamérica para disfrutar de unas vacaciones.

Jáuregui se fue del País Vasco porque ETA insistía en mantenerle en el centro de su diana, al menos desde 1995. Ya entonces, cuando todavía era gobernador, se descubrió que el comando Donosti planeaba hacer estallar un coche bomba al paso de su coche oficial. El atentado que pensaba perpetrarse en la salida de la variante de San Sebastián, a la altura del barrio de Larratxo, se frustró por la detención de los componentes del comando.

Dos años después, la policía supo que la organización terrorista había realizado seguimientos detallados de sus movimientos, tras la detención del etarra Valentín Lasarte. Desde entonces, ETA no ha cesado en su empeño. El Ministerio de Interior le buscó hace tres años una salida laboral en Canarias, como directivo de la cadena de tiendas de aeropuertos Aldeasa. Meses después fue nombrado jefe de esta empresa para Latinoamérica y se instaló en Chile.

La organización terrorista consiguió ayer su objetivo. Los activistas de la violencia callejera lo anunciaron hace diez días cuando pintaron la fachada de su casa en Legorreta con frases amenazantes. Jáuregui no llevaba escolta en sus visitas a España. Sólo tuvo protección policial cuando testificó en el jucio por el caso Lasa-Zabala. Su testimonio avaló la versión del testigo protegido Pedro Migueliz, Txofo, en el sentido de que fue presionado por la Guardia Civil para que no declarara en el juicio y cambiase sus declaraciones. Hace diez días, cuando decoraron su casa con pintadas amenazantes, sus allegados solicitaron a la Ertzaintza que le dotara de un servicio de escolta, extremo que el departamento vasco de Interior desmiente. Ayer, cuando le mataron, no tenía más protección que su propia intuición. Jáuregui no tomó ninguna medida de seguridad. Personas cercanas aseguran que se desplazó solo en coche desde su casa hasta el bar de Tolosa, donde se había dejado caer en más de una ocasión durante sus vacaciones. Su mujer, natural de esta misma localidad y funcionaria del Gobierno vasco, estaba en casa cuando recibió la noticia del atentado; su hija, de 19 años, se encontraba en el monte.

La esperanza de que Jáuregui lograra sobrevivir congregó en el hospital, además de familiares, a numerosos políticos y otros representantes institucionales. Entre ellos, el lehendakari, Juan José Ibarretxe, el delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, el secretario institucional de la Ejecutiva del PSE- EE de Euskadi y presidente de la Ejecutiva provincial de Guipúzcoa, Jesús Eguiguren, el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz y cargos de otros partidos. De todos, salvo de Euskal Herritarrok (EH). Muchos de ellos, amenazados. Ayer, en la puerta del hospital, un concejal de una localidad del País Vasco se lamentaba del suceso. Recibía las palabras de apoyo de un amigo que le insistía en que se fuera de vacaciones con su familia. Su reacción fue más que esclarecedora: "Total", dijo con resignación, "luego tengo que volver".

Jáuregui, que tenía previsto viajar a Buenos Aires el próximo 4 de agosto por motivos laborales, iba a ser nombrado subdirector internacional de Aldeasa y tenía la intención de establecerse en Madrid.

ETA frustró todas estas expectativas y se encargó de no dejar rastro. Los terroristas explosionaron en Billabona -localidad cercana a Tolosa- el coche utilizado en su huída. El vehículo, robado el pasado 21 de julio en Elgoibar (Guipúzcoa) y contenía entre un kilo y kilo y medio de la dinamita robada en Bretaña en septiembre de 1999, según fuentes policiales. La deflagración se produjo gracias a un temporizador programado para hacer explosión a los diez minutos.

Gritos contra Ibarretxe

Los familiares, compañeros de partido y otras autoridades velaron ayer a Jáuregui en la sede socialista de San Sebastián, donde fue instalada la capilla ardiente. El lehendakari Juan José Ibarretxe visitó la capilla y fue recibido con gritos de "dimisión" por el público que hacía cola para despedir al ex gobernador.El cadáver será trasladado hoy a las 12.00 al Ayuntamiento de Legorreta, donde se celebrará un acto cívico de despedida.

Las manifestaciones de apoyo se sucedieron ayer en forma de concentraciones en las tres capitales vascas y en Tolosa y continuarán hoy. El PSE-EE ha convocado para las 20.00 horas una manifestación en repulsa del terrorismo, que partirá del Boulevard de San Sebastián con el lema ETA no, basta ya.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de julio de 2000