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Tribuna:

Eutanasia y política FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY

Dice uno de los cronistas parlamentarios que el debate de estos días pasados en el Parlament de Catalunya sobre la despenalización de la eutanasia activa estuvo "trufado de referencias éticas y filosóficas". ¡Dios mío, qué país y qué tiempos! ¿Se puede acaso hablar en serio sobre la eutanasia sin referencias éticas y filosóficas? ¿No es ya el debate en sí sobre la mejor manera de morir una controversia sobre principios éticos que implica o supone diferentes filosofías de la vida, de la persona y de la dignidad del ser humano?Pues no. Lo que empezó en el Parlament como un debate de ideas acabó en acusaciones politicistas sobre alianzas y desestabilización de alianzas. Y ni siquiera el voto secreto permitió a los parlamentarios actuar en conciencia, reconocer que lo que se estaba discutiendo era un asunto "prepolítico", un asunto de esos que nos importan obligatoriamente a todos antes y después de que decidamos el color de nuestro partido o que no hay partido para nuestros colores. Las crónicas periodísticas apenas recogen nada de las ideas y de los argumententos éticos o filosóficos expresados por unos y por otros. Se limitan a decir que ahí hubo ideas y argumentos, pero no las reproducen. Esto se ha convertido en la tónica general del momento. Donde habría que dar cuenta de las ideas, de los argumentos y de las razones se recurre a la mera mención de las siglas de los partidos políticos. No importa qué se dice y cómo se argumenta, sino quién lo dice y a qué partido pertenece el que habla. He ahí el mensaje. Y luego nos quejamos, nos quejamos todos, de que no hay ideas y de que la política institucional parece estar convirtiéndose en una pugna entre clanes. ¿No es hora de preguntarse ya por las responsabilidades ante esta situación? ¿Quién tiene la culpa de esto? ¿El público en general que no quiere oír hablar de ideas? ¿Los medios de comunicación que ignoran las ideas, cuando las hay, y lo reducen todo a las siglas de los partidos y a las identificaciones elementales? ¿O los partidos mismos, que no quieren que se hable de ética y de filosofía ni siquiera cuando se debate sobre el nacer y el morir?

En este caso concreto del debate sobre la eutanasia no se puede decir aquello de que la responsabilidad por lo mal hecho sea compartida. Creo que estamos ante uno de esos casos en los que la dinámica general, o el sistema, que se decía en otros tiempos, se acaba comiendo hasta las buenas intenciones de las personas. La opinión pública se ha manifestado al respecto. Y hay que suponer que, al manifestarse, lo hacía atendiendo a las ideas que las personas que la componen tienen sobre la vida y la muerte. Según una encuesta de hace dos años, más del 76% de los catalanes estamos a favor de la despenalización de la eutanasia; casi el 80% pensamos que no hay que perseguir judicialmente a quien ayuda a bien morir a otro a petición de éste; y más del 95% declaramos que desearíamos, en última instancia, que alguien nos ayudara a suicidarnos en una situación de enfermedad extrema. Más o menos lo que pensaba Montaigne hace cinco siglos. Pero parece que tampoco es políticamente correcto citar a Montaigne o Thomas More en ese contexto.

Algún obispo ha dicho en estos días que pensar así es "reaccionario". Se supone que "reaccionario" equivale, en este contexto, a no-cristiano. Pero resulta que en la Asociación Derecho a Morir Dignamente, que está en la base de las iniciativas actuales en favor de la despenalización de la eutanasia pasiva, hay tantos cristianos como no-cristianos. Y es natural que así sea, porque la opinión sobre qué sea bien morir en una sociedad tecnocientífica y medicalizada no depende siquiera del carácter religioso o no de la persona. "Reaccionario" es uno de los esos conceptos deshonrados que llevan el camino de no poder ser empleados con propiedad en nuestros tiempos. Me pregunto, y, de paso, pregunto a los obispos si hay que considerar "reaccionario" también aquello (que se sigue enseñando en las escuelas a propuesta suya) de "aparta de mí este cáliz".

Menos politiquería, menos soberbia y más compasión. Eso es lo que hace falta en debates como el de la eutanasia. Y parece que en esto la izquierda, tan fustigada en los últimos tiempos, sí que tiene ideas. Hasta filosóficas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de mayo de 2000